Guerra anticolonialista en Irak

AUGUSTO ZAMORA *

A medida que la resistencia se generaliza, la situación en Irak recuerda cada vez más las guerras colonialistas del siglo XIX. Si adecuamos la parafernalia propagandística del ocupante al lenguaje decimonónico, la similitud es evidente. La misión civilizadora de hace 150 años es hoy lucha por la libertad; los beneficios de la protección anglosajona, un combate por la democracia. Bajo esas banderas, los soldados imperiales bombardean, matan, saquean y sostienen a un procónsul nombrado por el jefe del imperio invasor.

Como hiciera Inglaterra en la India y otras colonias, EEUU construye 14 enormes bases militares para albergar a 114.000 soldados, como parte de un plan dirigido a controlar militarmente Oriente Medio. Aunque Bush afirma que no es imperialista y que el 30 de junio traspasará el poder a un consejo iraquí, éste no es más que la versión actualizada de los gobiernos indígenas que los imperios europeos imponían en países de dificil control. En Irak no hay príncipes, pero sí servidores nativos, escogidos por su hoja de servicios a la CIA y según religiones y etnias, con el fin de edulcorar la brutalidad de la ocupación.

Fiel al modelo británico, el gobierno indígena que emerja el 30 de junio no tendrá potestades en economía, ejército, seguridad, relaciones exteriores ni policía, todo lo cual permanecerá bajo control directo de EEUU. Un almirante jubilado quedará encargado de administrar los 18.900 millones de dólares que proporcionará EEUU. Aunque se trabaja en crear un ejército iraquí, éste se hallará bajo mando de un comandante norteamericano, siguiendo la fórmula inglesa de ejércitos cipayos, de tropa nativa y oficialidad británica, que sostuvo al imperio 250 años.

Pocas novedades aporta EEUU al modelo imperial europeo. La única noticia es su anacronismo, pues Irak no es la India del XVIII. El dislate norteamericano es tal que ha tenido que recurrir al denostado Irán para que Irak no estalle, y ha resucitado la rancia estrategia del sitio de ciudades para ahorrarse bajas. EEUU quema en meses lo que los europeos tardaron siglos en aprender: que es extremadamente costoso sojuzgar a un pueblo rebelde. Pueden exterminarlo, pero vencerlo no. Aunque se envíen 20.000 soldados más, la ocupación de Irak es un fracaso total. La incertidumbre es el precio que deben pagar los iraquíes por reconquistar su soberanía. A esa pregunta deben responder la ONU y la UE, únicos con fuerza para hacer ver a EEUU que Irak debe ser desocupado y su independencia restablecida, en un proceso guiado por la ONU. Cualquier planteamiento que apuntale una situación colonial prolongará esta guerra inmoral e ilegal, donde el mundo tiene mucho que perder y nada que ganar.

* Augusto Zamora es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid.

** Publicado en el periódico El Mundo, 16-4-04