RAÍCES DE BEJEKE
GUERRA Y TORTURA
Félix M. Arencibia
Los dragones negros de la primavera atrapan la vieja tristeza de Oramas. A pesar de los años del viejo profesor, las callosidades no consiguen anidar en su joven sensibilidad. Las noticias, que se difunden sobre la guerra y la tortura, le siguen arañando el horror que penetra hasta el pozo de su angustia ética. El ser humano sigue siendo para él un misterio lleno de contradicciones. Por un lado están los que se convierten en el brazo torturador, al servicio de una minoría para defender sus intereses económicos, colonialistas, imperialistas… Al otro lado de la balanza están los torturados, que están dispuestos a sacrificar sus comodidades, familia, prestigio personal y económico, en aras de la libertad y la justicia. Unos y otros son esas dos caras contrapuestas del ser humano.
"Guerra, mariposas negras / rompen el horizonte, / palomas visten de luto / por la muerte de inocentes". Al hilo de los versos del poeta, Oramas piensa que lo peor que le puede pasar a un ser humano es ser víctima de una guerra. En ella se pisotean los valores más sagrados, entre ellos la dignidad y la vida. Desde los más remotos tiempos la guerra ha supuesto: botín y violencia en forma de violaciones, torturas y muerte. En la actualidad, por desgracia, poco se ha avanzado al respecto. En concreto, en Irak se han soltado la mayor parte de los demonios que se dominan las guerras. Del botín forman parte los pozos de petróleo y los contratos de reconstrucción. La violencia se ejercita por medio de la violación, tortura, muerte… Igualmente que en Las Cruzadas, irónicamente tan religiosas y sacras.
Oramas sigue meditando, ahora sobre la tortura que piensa que es uno de los mayores ataques a la dignidad e integridad de la persona. También es tan vieja como el ser humano. El viejo profesor no es tan iluso para creer que alguien declare en su contra o en el de los suyos, sino es bajo los efectos de la tortura física, psicológica o ambas a la vez. Está convencido que ésta es una práctica sistemática y generalizada en nuestro "mundo civilizado y libre". Que no nos vengan ahora, los señores Bush y Rumsfeld, rasgándose hipócritamente las vestiduras. Ellos saben que en todas las guerras se utiliza, entre otros atropellos, estas atrocidades para obtener información y vejar al enemigo. Si hubiesen querido la habrían previsto y evitado. También, en los interrogatorios en tiempos de paz se practica, auque se mantenga en secreto, pues no permiten testigos imparciales. "En fin, pediré perdón por haberme alimentado de mentira. Y adelante". Con la denuncia de este texto poético, del poeta Arthur Rimbaud, Oramas continúa meditando. Se asoma al balcón, mientras el alisio sigue asentando suavemente sus ideas.