Estamos, no puede ser menos, sorprendidos de ver y leer la impunidad de tanto falsario, la ausencia de rigor en tantos plumíferos que combinan nombres asumidos como ilustres y donde resplandece el cinismo y la mentira.
Yo quisiera que alguien autorizado por una trayectoria "honesta" nos dijera la relación en este esquilmado territorio de nuestra Nación canaria, de como se distribuye la riqueza y en manos de quién está, con nombres, nacionalidad y carácter de la misma.
En ese paraíso que muchos admiran, los EE.UU., la desigualdad no tiene límites; el 70% de la riqueza está en manos del 1% y este se refleja "imperialmente" en el resto del aún planeta tierra.
Estos datos someros, pero muy exponenciales, nos definen lo que destaco en todos mis escritos: la ausencia de conceptos morales y éticos, y su reflejo en todos los campos de nuestras actividades como ser social. En cultura el empobrecimiento, excepto en la ciencia, es lamentable, es complicidad con el "status" vigente; la música, con afortunadas excepciones (una de ellas, nuestro gran Luis Morera), es un perpetuar de muecas y alaridos; el teatro, expresión prima del todo, se repliega ante el consumo generalizado, y lo que debiera ser defensa de los valores populares es la imagen de una "elite" decadente; la enseñanza, claudicante y miserable, sólo busca crear mentes dispuestas al servilismo y al desarrollo de los mezquinos valores establecidos por el poder del sistema socioeconómico actual.
Cuando hablo de ciencia hay que decir que hay mentes progresistas que se niegan al sometimiento. Pero hay que decir también que muchos aspectos de la misma están al servicio de intereses creados; en farmacología y en medicina, y muy especialmente en el ámbito que nos lleva a matar mayor número de otros seres humanos y a destruir, en beneficio de unos pocos, el medioambiente de nuestro "paraíso". Pese a todo, es el aspecto más positivo en el desarrollo del ser humano.
El mapa es tan escandalosamente miserable que ningún medio de comunicación, particularmente en esto que pomposamente llamamos prensa escrita y "televisada", se atreven a ir al fondo de la problemática; los periodistas están sujetos a la servidumbre de su pan de cada día, y los medios a los intereses de quienes los crearon, y éstos a su incapacidad de escapar al colonialismo y toman decisiones que sin duda serían más positivas para su Patria canaria y para la rentabilidad de sus propios intereses.
En esta tierra nunca hubieron tantos pobres tan requetepobres, "miserables" sin otros horizontes que más miseria y más explotación; y tan pocos ricos tan ricos y tan puñeteramente simplones y poco amantes de la cultura para ellos y tan carentes de valores reales para nuestro pueblo. Las consecuencias de todo ello se traduce en una mayor debilidad en la toma de conciencia de nuestra gente, y sólo podemos evitarlo barriendo una clase "política" en la cual, y por su incongruencia, sólo hay escasos momentos de lucidez, y algún portavoz que pretende hacer un "mea culpa" sin llegar nunca a una autocrítica seria y al nivel de quienes rigen hasta hoy los destinos de nuestra Nación canaria.
La angustia de nuestra gente es cada vez más aguda, y la razón es la dependencia que hace posible una carencia de autodefensa frente a la "ola" de inmigrantes españoles y europeos en general, quienes expolian nuestras riquezas y someten "legalmente" al más vil desamparo a quienes por derecho y ley natural somos los únicos que debemos tener el real disfrute de lo nuestro y rechazar cualquier injerencia foránea perjudicial a nuestros intereses.
El paro, esa lacra que azota de siempre nuestro territorio, podría ser paliado si nuestra clase empresarial (la canaria), recibiera el mismo trato que los españoles aplican a la suya y a sus instrumentos de acumulación: Hacienda, Banca, Compañías de seguros, Transportes aéreos, marítimos y terrestres. En energía hay un ejemplo vergonzoso: Unelco y otras empresas españolas y europeas, pedestales del cínico sistema despersonalizado y cruel.
Cuando hablamos de "libertad" surgen los interrogantes ¿libertad para quiénes?, puesto que lo que crece al socaire de este concepto son las más atroces desigualdades. No hay otra libertad que la de acumular riquezas, amparados en leyes profundamente injustas, elaboradas por y para los beneficiarios del sistema capitalista y sus variantes neoliberales globalizantes.
Es necesario matizar ese concepto de libertades que benefician a unos pocos en detrimento de la mayoría, y crear el marco adecuado donde las riquezas se repartan en justicia por aquellos que las crean, quienes, a su vez, suministran con la plusvalía creada los elementos de su propia explotación. Impongamos leyes restrictivas que limiten esa desigual acumulación de capital y, a partir de ahí, ese exceso de riqueza sea devuelto al pueblo, en servicios y otras variantes para el bienestar colectivo.
Enseñanza, Sanidad, Vivienda, Medios de comunicación y el largo etc. que hoy acompañan el desarrollo de una sociedad moderna y científicamente a los niveles requeridos. Todo esto sometido a un riguroso control de los fondos necesarios para su ejecución.
Los políticos son los responsables de la justa distribución de las riquezas, creando igualdad. Si así no lo hacen hay que borrarlos del mapa del poder político-económico. Nuestro pueblo debe tener la suficiente madurez para exigir lo que hacen cuatro incapaces con nuestras riquezas. El mapa actual ofrece pocas esperanzas para las proximas elecciones. Si no surge una ética regeneradora, quizás deba nuestro pueblo abstenerse y que la propia incapacidad de los interfectos caven su tumba bien profunda.
Es pues necesario recuperar el control de la democracia real para poder hablar de suprimir las desigualdades y alcanzar libertades. En el momento, el sistema y sus democráticas leyes son la máscara postmoderna del fascismo imperialista y sus vergonzosas variantes de la Social-Democracia.
Elio Rodríguez-Figueroa