HÉROES
Teodoro Santana
U
no de los científicos más grandes que jamás han existido fue Galileo Galilei. Matemático, físico y astrónomo, introdujo el telescopio para la observación de los astros. Pero sobre todo, encarna la lucha del espíritu científico contra las fuerzas oscurantistas. Su defensa de la teoría de que la Tierra se mueve (y no es, por lo tanto, el centro del universo) le costó un largo y penoso juicio por el tribunal del Santo Oficio (la terrible Inquisición).En 1633, un año después de publicar su Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo, fue procesado en Roma. Para evitar males mayores, tuvo que retractarse de sus ideas. Cuentan que, después de jurar ante los inquisidores que la Tierra estaba quieta, murmuró: "Y sin embargo se mueve". En la obra Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, un personaje reprocha a Galileo haber sido cobarde. "Pobre del país que no tiene héroes", le dice. "¡Pobre del país que necesita héroes!", responde Galileo.
Viene esto a cuento por la hermosa batalla cívica en contra de la ofensiva placa que nos ha humillado como ciudadanos durante décadas en la fachada (nunca mejor dicho) del Gobierno Militar de Las Palmas. Gracias a la decidida acción de unos jóvenes demócratas, parece que por fin nos vamos a ver libres del insulto en hierro.
Sorprende, no obstante, que los responsables de que esa placa haya estado allí tanto tiempo (políticos y militares) no hayan sido procesados por apología del golpismo. O que los fiscales y jueces que lo han permitido por inacción sigan ejerciendo. Sorprende más todavía que a los muchachos que defendieron la democracia con huevos no se les haya dado una medalla como reconocimiento a su valor cívico.
Pero lo que ya es alucinante es que se los procese por delincuentes. Como en la dictadura franquista, vamos, en la que todos los demócratas éramos delincuentes y los genocidas gentes de bien. Triste es que, aún hoy, sean necesarios héroes para defender la democracia. En forma ovárica o testicular, echarle huevos, o sea.