DE LA HISTORIA SILENCIADA



NICOLÁS ESTÉVANEZ Y MURPHY, SECUNDINO DELGADO RODRÍGUEZ Y EL GENERAL WYLER

José Almeida


Si los hombres no supieron –o no pudieron- poner en su sitio a los personajes dañinos, siniestros, que alcanzaron alguna clase de poder o dominación sobre los demás en una determinada época, la Historia -ese juez implacable-, tarde o temprano siempre termina por desvelar su mezquina condición y colocarlos en el lugar del que nunca debieron salir: las cloacas del olvido.


La Historia Universal es abundante en ejemplos de las huellas que dejaron estos personajes, pero no nos vamos a ir muy lejos para encontrar a uno de los más siniestros que sufrió Canarias y Cuba y que aún así fue premiado con una de las plazas más conocidas de Tenerife: la plaza Wyler. Así es, me refiero al general Wyler y Nicoláu de nombre Valeriano, marqués de Tenerife y duque de Rubí, militar y político español nacido en las islas Baleares en 1838 y muerto en Madrid en 1930. Fue Capitán general de Canarias y de Filipinas. Fue elegido por sus conocidos sistemas de dureza e inflexibilidad para someter la insurrección de la isla de Cuba en 1896. Aquí se sabe que dictó el célebre bando de reconcentración por el que más de trescientos mil campesinos fueron concentrados en pueblos del interior, prohibió la zafra, mandó destruir por el fuego caseríos y sembrados. Llegó a decir a ¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues precisamente para eso hice la reconcentración". La prensa de la época lo presentaba como el "carnicero Wyler" o el "tigre de manigua" entre otros tantos calificativos que definían su despiadada, cruel y despótica personalidad.

Coetáneos suyos que sufrieron sus desmanes y tropelías fueron los compatriotas canarios Secundino Delgado Rodríguez y Nicolás Estévanez y Murphy.

Delgado y Estévanez –reconoce el investigador Manuel Suárez Rosales- tenían muchos puntos en común. Además de ser canarios ambos conocían y amaban a Cuba, país donde Secundino había participado en la revolución independentista y Estévanez, siendo capitán del ejército español, había protestado enérgicamente contra el fusilamiento en 1871 de ocho estudiantes cubanos de medicina y solicita su inmediato traslado de la isla por las frecuentes tropelías y abusos del ejército español a los cubanos.

Aparte de su intenso amor a Canarias, los dos coincidían en su común desprecio a la persona del general Wyler. Secundino Delgado y Nicolás Estévanez, eran, asimismo, acérrimos enemigos de la institución monárquica, ateos y revolucionarios.

Una de las muestras más evidentes del desprecio que Estévanez sentía por Wyler es un soneto que le dedicó hacia 1900 y que dice: "Mirada de reptil, cuerpo de enano,/ instinto de chacal, alma de cieno,/ hipócrita, cobarde, vil y obsceno/ como el más asqueroso cuadro humano./ Azote un tiempo del país cubano,/ a todo noble sentimiento ajeno,/ hasta el mismo Satán convierte en bueno/ esa excrecencia del linaje humano./ Ruinas, desolación, hambre y miseria/ las obras son que a ejecutar se atreve/ ese horrible montón de vilmateria./ ¡Y a un monstruo tal, con intención aleve,/ el Gobierno de Cuba encarga Iberia/ al acabar el siglo diez y nueve!.".

Pero sus desmanes no acabarían en Cuba. En 1902 desde Madrid suscribe una orden de detención y prisión contra Secundino Delgado que ya se había trasladado a vivir con su mujer y sus dos hijos Darwin y Lyla al pueblo de Arafo en Tenerife. Un año se alargaría la privación de libertad de Secundino en la cárcel Modelo de Madrid sin cargo alguno y por lo tanto sin posibilidad de defenderse. Allí no sólo se hundiría moral y vitalmente sino que fue contagiado de tuberculosis. De los pocos que se atrevieron a visitarle en prisión destacamos a Nicolás Estévanez y Murphy y Fermín Salvochea. Los males de Secundino de acabaron con su puesta en libertad un año después sin ningún tipo de explicación. Cuando se reunió de nuevo con su familia en Arafo contagiaría de tuberculosis a sus hijos que poco tiempo después morirán de ésta enfermedad en plena juventud. Algunos meses después, en 1912 moriría Secundino Delgado. Alguien que resumía su pensamiento, su ideario, su postura ante la vida diciendo: "Seré un revolucionario; pero nunca un sectario. Las palabras también esclavizan, aunque sean: república, socialismo, anarquía… No; soy un revolucionario, un rebelde, nada más". Y nada menos…

Esto es un solo un breve acercamiento a tres de las figuras más relevantes para Canarias a lo largo de su azarosa y desventurada historia, azarosa y desventurada pero simpre con un punto de socarronería, imprescindible para aún mantenerse orgullosa y digna.

AHUL. ¡¡¡VIVAN LAS CANARIAS LIBRES!!!