Idolatrando al dios falso de la riqueza
Padre Luis Barrios
¿Existe alguna relación entre la teología y la economía? Esta fue la pregunta que me lanzó un compañero durante un encuentro que tuvimos esta semana pasada para discutir las implicaciones del Acuerdo de Libre Comercio de Centro América (CAFTA) en el cual cinco países centroamericanos (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) y uno caribeño (República Dominicana) establecen unos acuerdos económicos con Estados Unidos.
La República Dominicana, el último país que se amarra a este disparate económico que nada tiene de acuerdo ni mucho menos de libre, firmará ésta burrada este próximo 22 de junio en Washington, D.C. Esta creo yo será una de las últimas regalías del patrimonio nacional llevada a cabo por el lerdo presidente Hipólito Mejía. Aunque el silencio ante esta deshonra nacional del presidente electo Leonel Fernández demuestra que él le dará seguimiento a estos infiernos atolondrados que sirven para fastidiar más al pueblo y a la misma vez enriquecer a unos grupos privilegiados con cuantías económicas.
Por cuanto nuestra misión es la de crear un mundo diferente que demuestre la presencia de Dios aquí en la tierra a través de la paz con justicia -le decía yo a mi escucha- entonces se hace necesario que esa teología este siempre ligada a los procesos económicos con el propósito de salvaguardar los procesos democráticos que garantizan un nuevo orden económico.
¿En que se distingue este nuevo orden económico? Primero en condenar y rechazar el orden que tenemos que se distingue por ser un desorden. En este desorden económico, llamado capitalismo, se establece una economía orientada a la generación máxima de riqueza, normalmente concentrada en manos de unos/as pocos/as. Actualmente la doctrina que se utiliza para implementar este tipo de injustita lo es a través de lo que conocemos como neoliberalismo. En esta doctrina política se persigue reducir al mínimo el papel del Estado en la vida social y económica de sus habitantes. Como el fin -dicen esta gente- es el promover el que nos hagamos ricos/as se hace entonces necesario el convertir el mercado y el consumerismo en el fin de todo proceso humano. Es por esto que soy fiel creyente que en nuestra sociedad el capitalismo se ha convertido en un dios falso y la adoración de ese dios falso se hace a través de la liturgia del neoliberalismo.
Este nuevo orden económico por otro lado debe promover un modelo -o unos modelos económicos- dirigidos a la superación de la pobreza y la exclusión. Bajo este modelo se debe trabajar para vivir, no vivir para trabajar. Este modelo en el lenguaje bíblico pasa a ser el anuncio de las Buenas Nuevas del cual nuestro hermano y compañero Jesús predicó.
Ahora bien, ¿Qué han demostrado históricamente estos tratados de libre comercio como el ALCA, NAFTA y el FTAA por solo mencionar tres de estos demonios? No reducen la pobreza sino más bien la aumentan. Por otro lado los tratados de libre comercio han aumentado las desigualdades de ingresos económicos. Asimismo el ha aumentado el desempleo. Solo en América Central se han perdido permanentemente más de 600,000 trabajos en la industria del café forzando a casi 5 millones de personas el abandonar el trabajo rural. En el sector de las maquiladoras se han perdido más de 400,000 trabajos. Súmele a todo esto la realidad del hambre.
El informe del World Food Program- 2002 establecido que unos 8.6 millones de personas en América Central (1 de cada 4 personas) sufre de hambruna o inseguridad de comida. Entre otras cosas estos acuerdos también han dejado claro otras dos realidades: falta de transparencia y de participación civil. Los seis gobiernos involucrados en CAFTA han llegado a un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos de no permitir que se hagan públicos los documentos del acuerdo. Y no menos importante es la realidad en donde se ha demostrado que las leyes laborales de los tratado de libre comercio -incluyendo el CAFTA- no cumplen con los requisitos de protección a los/as empleados /as establecidos tanto por la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas y el Departamento del Trabajo de Estados Unidos.
Por lo tanto, existe una gran relación entre una teología misericordiosa y una economía llena de justicia. Sigamos trabajando por un mundo diferente, pero mejor, y a la misma teniendo claro que nadie va al cielo -o tal viene- sin pasar por la tierra. Paz con justicia.
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Padre Luis Barrios20 de junio de 2004