Catalanes, vascos y canarios, ¿iguales ante la ley?

Afonso DE ASCANIO

Los pueblos vasco y canario tienen orígenes muy lejanos, ajenos al resto de la Península Ibérica. Así, mientras el catalán nace en los siglos IV y V sobre los restos de la lengua latina, el vasco y el guanche surgen de la noche de los

tiempos, y ello aunque los conquistadores a fines del siglo XV obligaran a nuestros aborígenes a adoptar nombres y apellidos castellanos y a hablar la nueva lengua. Hace apenas tres años los estudios complutenses de Arnaiz y Alonso García marcaban las sensibles diferencias lingüísticas de egipcios, bereberes, guanches y vascos con el resto de las lenguas habladas en Europa y África.

En 1975 muere Franco y con él acaba el largo período de dictadura que cerró la Guerra Civil. Su muerte no Acarrea convulsiones. Simplemente los españoles pasan página mientras aprueban la Constitución de 1978. Atrás queda también una Guerra Mundial que llegó hasta nuestras fronteras –Pirineos, Gibraltar y Marruecos- sin que afectara a los españoles, pese a ser la más mortal que vieron los siglos...Pero hoy cabe preguntarse: ¿Esta Constitución, con un cuarto de siglo a las espaldas, se diseñó con vocación de eternidad o simplemente era buena para la época en que nació?... Nadie duda que durante un cuarto de siglo ha brindado estabilidad y bienestar, pero demasiados españoles desconocen -eran jóvenes o no habían nacido- el hondo suspiro que lanzó el país cuando se aprobó en aquél histórico 8 de diciembre, ya que venía a ratificar la regularización del país tras una grave historia que duró 47 años y por ello incidía quizás en exceso en la unidad y la autoridad centrales.

La Constitución buscaba crear una democracia entre todos los españoles y ciertamente lo logró, si bien cabe decir que bastantes nacionalidades y regiones renunciaron generosamente a parte de su historia. Por encima y más allá de sus raíces e intereses las comunidades se unieron en un histórico esfuerzo de cohesión que trajo paz y prosperidad. Pero hoy vemos que están arrinconadas en un centralismo sin fisuras, insaciables a la hora de manejar los ingresos del Fisco y las ayudas comunitarias. No es de extrañar que vascos y catalanes -apoyados en diferencias evidentes de raza y lengua- reivindiquen sus legítimos derechos a una mayor libertad de decisión. Y que también los canarios, por razones de origen, lejanía, aislamiento en el océano, y vecindad al poderoso reino alauita, se planteen hoy problemas graves, como son sus aguas jurisdiccionales, la zona económica exclusiva, la pérdida de sus viejos fueros y leyes de franquicias, la alta presión fiscal que soportan, y la no propiedad del petróleo existente en sus aguas.

Lo cierto es que los canarios pagan hoy seis veces más impuestos (a valor real) que los que abonaban al Fisco en 1972, y que la presión fiscal es intolerable y excesiva para unas Islas que siempre vivieron de las diferencias fiscales entre los países del mundo y de las ventajas que sacaban en la contratación de fletes y transportes. Si a ello añadimos que además pagan aduanas y aranceles sobre las mercancías que deben compraren el ancho mundo -que son casi todas- podemos comprender el peso que hoy soportan en aras a la unidad fiscal con el resto de España. Es un hecho que los precios medios en Canarias son un 30% más altos que los españoles y los salarios un 20% más bajos, según estadísticas. Es decir: la vida en las Islas resulta un 50% más cara que en la España peninsular.

Todo ello nos lleva a preguntar cómo el Gobierno canario se mantiene tan callado. Y también ello explica que en los últimos años crezcan aquí nacionalismos e independentismos.

Hace treinta años a los peninsulares y extranjeros que venían a las Islas les asombraba la baratura de nuestros precios y los excelentes productos que vendíamos. Compensábamos nuestra lejanía y pluriinsularidad gracias a nuestros cortos impuestos y a la ausencia de aduanas: ello nos permitía comprar lo más barato y mejor del planeta y vender a bajo precio con beneficios. El canario era un comerciante capaz de hacer compraventas rentables en cualquier país de cualquier lugar. Y ese fue siempre nuestro mejor negocio desde que mis bisabuelos -los míos- recordaron sus fueros y consiguieron la Ley de Puertos Francos del ministro Bravo Murillo en 11 de julio de 1.852, fecha que curiosamente nunca ha sido festiva en nuestras Islas.

Pero en 1978 todo ello murió. ¡Teníamos que ser europeos aunque estuviéramos en África!... Nuestra españolidad exigía que pagáramos los mismos impuestos -en realidad más y recibiéramos un trato igual a cualquier otra provincia-. Y algunas empresas canarias, incapaces de crear riqueza en la libertad económica, fueron los principales cómplices. Tenemos pruebas.

Tienen razón catalanes y vascos al querer cambiar algunas cosas. Y no tanto por la Constitución vigente como por la conducta y formas de actuar del Gobierno nacional, que una u otra cosa depende de la interpretación jurídica que se quiera dar al texto constitucional, ya veterano pero que admite diversas interpretaciones jurídicas. Hoy podemos afirmar que Canarias es la autonomía más maltratada. La que ha recibido un trato más perjudicial de constituyentes y herederos y, en consecuencia, la más necesitada de cambios legales en su favor.

¿Cómo conseguirlo?

Días atrás afirmaba en una conferencia a la que asistí -de nefasta memoria por lo que allí se dijo- que en mi colegio madrileño -hace ya medio siglo largo- me enseñaron que Canarias tenía 7.541 Kilómetros cuadrados (menos que Cádiz) y que mucho después, cuando medí en un mapa la superficie que ocupa, encontré que los límites canarios miden más de 200.000 kilómetros cuadrados, casi la mitad de la España peninsular. ¿Cómo es posible que se siga enseñando lo primero cuando la realidad es la segunda?... Ir de Hierro a Lanzarote equivale a viajar de Madrid a Vigo o a Barcelona. Viajar de Canarias a Madrid es lo mismo que viajar de Madrid a Jutlandia o de Madrid a Atenas... ¿A qué jugamos?... Los canarios debemos ser demasiado buenos... O quizás tontos, ya que ni siquiera nuestras gentes dominan estos datos.

¿Será necesario que en nuestras escuelas se impartan clases mostrando lo que tienen firmado en sus tratados las Naciones Unidas sobre los Archipiélagos de Estado y los Estados Archipielágicos, ahora que a nuestro propio costado se avizora una riqueza petrolífera quizás incalculable?... ¿O quizás bastaría con interpretar nuestra Constitución y revitalizar nuestra interesante historia económica en la modernidad de Canarias, recordando que en ningún caso podemos seguir recibiendo trato de provincias peninsulares?

No son preguntas sin importancia: En ellas nos jugamos un futuro en prosperidad y una vida mejor para nuestros hijos.

Publicado en LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas el 6 de febrero de 2004