La Gaceta, 18-10-03

Incompetencia en la gestión sanitaria

PACO PEREZ

Podrán decir lo que quieran, cuando quieran y como quieran, pero los últimos gobiernos de esta región han fracasado estrepitosamente en su política sanitaria. Sólo hay que remitirse a los hechos y a un fracaso continuado de la gestión, empezando por el actual presidente, Adán Martín, sin olvidar al anterior jefe del Ejecutivo, Román Rodríguez, y a los consejeros de Sanidad que los últimos gabinetes han tenido.

No quiero personalizar en determinados políticos, aunque está claro que, en su gestión, no fueron ni son lo suficientemente previsores. Lo cierto es que en este Archipiélago ha primado la concertación con centros sanitarios privados y, con la excepción de nuevos hospitales, como el del doctor Negrín, en Las Palmas de Gran Canaria, en otras islas se ha practicado una política de parcheo y se ha ido dilatando en el tiempo la construcción de hospitales comarcales, en beneficio de determinadas empresas que han absorbido la demanda asistencial en la medida de sus posibilidades. Que conste que no critico que la iniciativa privada busque en la sanidad unos beneficios, lo que es perfectamente lícito, pero las dos islas mayores necesitan urgentemente centros de urgencia y quirúrgicos en determinadas zonas.

Clama al cielo que en Maspalomas, o en las comarcas del norte y sur de Tenerife, se carezca de hospitales públicos para atender la demanda de unas poblaciones que han crecido de manera imparable en los últimos años. Y no es de recibo que el Hospital de La Candelaria esté colapsado en urgencias y que los enfermos oncológicos tengan que ser trasladados a Gran Canaria; o que el Universitario de Canarias tenga aparatos obsoletos. Son denuncias hechas públicas no por periodistas, sino por los médicos responsables de los servicios correspondientes, mientras el SATSE afirma que las urgencias de La Candelaria están colapsadas, con medio centenar de pacientes en los pasillos.

No será quien esto escribe el que niegue que el Auditorio de Tenerife es una obra emblemática, producto de un capricho político, que ha costado a los isleños más de 12.000 millones de pesetas. Pero es evidente que había otras necesidades prioritarias. Reconstruir La Candelaria fue un error de bulto, cuando se pudo haber construido en su momento un nuevo hospital en Hoya Fría. Y retrasar los proyectos de los hospitales comarcales, para beneficiar de paso a la iniciativa privada, ha sido un error imperdonable. Pero aquí nadie dimite, a pesar de una manifiesta incompetencia en la gestión pública.