Desmovilización, desmotivación y desconcienciación de los trabajadores

Idmim

Buscando alguna noticia sobre el mundillo sindical español, me encuentro con un escrito* que nos dice lo que cualquier persona con medio dedo de frente tiene muy claro. Al tal Ferrán, le ha bastado apenas dos hojas de papel para reflejar la cruda realidad de la política sindical y su negativo efecto reflejo sobre el mundo laboral.

Aunque la opinión del Sr. Ferrán sólo apunta a las menos minoritarias organizaciones sindicales, CCOO y UGT, no creo que las otras queden muy lejos de esa desmovilización, desmotivación y desconcienciación de los trabajadores. En esta colonia africana tenemos un ejemplo con el caso ICFEM, donde la desaparición de miles de millones de pesetas, que eran para formación de los trabajadores, no ha encontrado reclamación alguna por una parte de los responsables en esa gestión, como eran las organizaciones sindicales y que, supuestamente, deberían haber encabezado las denuncias pertinentes para desenmascarar a los ladrones.

Lamentablemente, si a corto plazo no se pone remedio, veremos engrosar la lista de estas camarillas de gestoría, subvenciones y chanchullos con las siglas de la Intersindical Canaria, que está pasando de ser la esperanzadora unificación de las organizaciones sindicales nacionalistas, a ser una subcontrata de las españolistas.

Desde aquí, pediría a los compañeros del SOC, que entren en conversaciones con la C.C.T. y configuren una sola organización sindical auténticamente canaria.

25-01-2954

* Escrito de referencia:

¿Independencia o Subvenciones?

La investigación de los sindicatos CCOO y UGT a pocos días de la Huelga General, por irregularidades en la gestión de los fondos de los cursos de formación, viene a poner el dedo en una de las llagas más sensibles del movimiento obrero: el sistema de financiación de las centrales sindicales; recordándonos la sabiduría de ese viejo refrán «Quien paga manda».

Estamos ante uno de los ejemplos más claros de cómo la dependencia económica conlleva la dependencia política, ideológica o sindical. Si hay quien puede utilizar la financiación irregular de los sindicatos, a través de los fondos de los cursillos de formación, para intentar doblegar su voluntad, o ponerles en apuros económicos retirándoles esos fondos, o desprestigiarlos ante la opinión pública, es porque esa financiación, más o menos consentida, existe. Lo que no es casualidad es que sea ahora cuando se pretenda capitalizar la dependencia de los sindicatos de esa financiación irregular.

La soga al cuello

Lo que los sindicatos mayoritarios han presentado como conquistas sindicales en la democracia, a saber: dejar de depender de sí mismos para pasar a estar financiados directamente por los presupuestos del Estado y por las empresas, no ha sido sino la soga que el propio sistema ha colocado al cuello de las centrales sindicales. El abandono de la independencia económica sentó las bases para la pérdida de la independencia ideológica y sindical y la burocratización de los aparatos sindicales. Los sindicatos han pasado a ser parte del sistema de poder dominante.

Se da la paradoja de que las centrales sindicales dependen económicamente no de quienes deberían representar, los trabajadores, sino de quienes, al menos teóricamente, se tienen que enfrentar, de la Administración y los grandes empresarios. Las cuotas sindicales y aportaciones de los trabajadores apenas cuentan en los presupuestos de los sindicatos. Es la Administración quien los financia directamente de los presupuestos, proporcionalmente al número de delegados obtenidos en las elecciones sindicales.

Pero además con toda una serie de subvenciones encubiertas, entre las que destacan por su importancia los fondos destinados a los cursos de formación que manejan un presupuesto de 800 millones de euros (133.000 millones de pts.). El papel de estos fondos en la financiación de las organizaciones sindicales no sólo era conocido por todas las partes, incluida la administración, sino consentido.

El otro pilar de la financiación actual de los sindicatos es la empresa, las grandes empresas sobre todo que mantienen una gran parte del aparato burocrático de los sindicatos «liberado» por las llamadas «horas sindicales» que se consumen fuera de la propia empresa ante la tolerancia interesada de la patronal.

Esta forma de financiación tiene una relación directa con la burocratización y corrupción en los aparatos sindicales. Pero sobre todo es un arma en poder «de los que pagan» que, en los momentos decisivos, a la hora de defender sus intereses de clase, hacen valer sus «derechos» exigiendo que se acepten sus peticiones, amenazando con retirar o recortar la financiación o, simplemente utilizándola como moneda de cambio en las negociaciones. ¿Cuántas veces se habrán firmado Pactos a cambio de patrimonio sindical? ¿Cuántas rebajas salariales se han aceptado a cambio de fondos para los cursillos de formación? ¿O cuántos convenios cerrados a cambio de más horas sindicales?.

Sin independencia económica no hay sindicalismo de clase

En la lucha por levantar un nuevo movimiento sindical, la independencia económica es la base material de la independencia ideológica y sindical y de soberanía a la hora de tomar decisiones. Es también la base de un sindicalismo democrático que pueda recuperar las tradiciones de lucha, combatividad y clasismo. Ésta es la posición de la Corriente de Clase y Unitaria –CCU– que, frente a los sindicatos subvencionados y, por tanto, cautivos, propone dos principios fundamentales: partir de las propias fuerzas y apoyarse en los trabajadores. Si la dependencia de los presupuestos y las subvenciones trae la multiplicación de la burocracia, partir de unas bases económicas independientes tiene una relación directa con la vuelta a unas organizaciones horizontales, más democráticas y más simples y, por lo tanto, con menos necesidades de financiación de un complicado aparato.

Partir de las propias fuerzas es tomar como base, en primar lugar, las cuotas, aportaciones y todo tipo de recursos generados por iniciativa de los propios afiliados o agrupados; es educar en la autofinanciación de cada actividad comenzando por las propias publicaciones del sindicato o la CCU; es crear el propio patrimonio a partir de locales que se autofinancien; y es organizar cajas de resistencia para hacer frente a momentos críticos de lucha. Partir de las propias fuerzas significa también rechazar el sistema de delegados y comités de empresa subvencionados por la propia empresa.

Frente a las horas sindicales «disfrutadas» por los delegados, exigir el derecho de horas de asambleas para todos los trabajadores dentro de la empresa. Apoyarse en los trabajadores y en las clases populares en general ha de ser el otro pilar de la independencia de medios de un sindicalismo de nuevo tipo. Como han demostrado luchas como la de Sintel, la solidaridad y el apoyo de todos los sectores populares es una fuente inagotable de recursos para las luchas obreras.

El sindicalismo cautivo lleva consigo el oscurantismo en las cuentas de los sindicatos; la independencia económica se ha de basar en «las cuentas claras», rindiendo cuentas periódicamente ante la propia organización, ante las asambleas de base y agrupaciones locales. Romper con las cadenas financieras de un sindicalismo cautivo de la Administración, de las subvenciones y de las horas sindicales es uno de los retos fundamentales del nuevo movimiento obrero, de la Corriente de Clase y Unitaria. Sólo desde aquí podremos tener un sindicalismo libre, democrático e independiente en sus decisiones.

Ferrán Huertas

JULIO 2002 - Unificación Comunista de España -MOVIMIENTO OBRERO