Occidente en el inicio de la caída

Juan Jesús Ayala

Hace años, al menos setenta, se publicaron dos libros que despertaron interés en su momento pero que luego quedaron aparcados sin que sus predicamentos fueran tenidos en cuenta. Hoy después del 11 de septiembre neoyorquino y más aún con el reciente 11-M cobran actualidad y deben ser meditados por lo que de vaticinadores, hasta cierto punto, son. Nos estamos refiriendo a La decadencia de Occidente de Oswald Spengler y a La caída de las civilizaciones del historiador británico Arnold Toynbee. Estos dos autores lo único que hacen es poner en el plano de la realidad el problema que más le obsesiona a occidente que es "su decadencia" y, paradójicamente, es que le asusta tanto su poder que este no es más que el anuncio de su propia decadencia.

Y si asumimos la realidad del pensamiento de la Ilustración y la filosofía hegeliana que fue el basamento de la cultura occidental tendremos que concluir que este hoy se encuentra aparcado y que la razón que fue la matriz para que las ciencias y el conocimiento en todos sus ámbitos avanzaran y se desligaran de la mística y de la religión, se ha quedado oscurecido por los avances, otra paradoja, de lo mágico y de lo religioso pero ahora fuera de su control.

Enfrente de occidente se encuentra oriente. Enfrente de las armas sofisticadas salidas de la teoría cuántica y de la relatividad de Einstein está la fuerza de la religión oriental. Las piedras y un armamento rudimentario impulsados por la fuerza del islam están poniendo en jaque a una civilización que no se ha preparado para sobrevivir.

Occidente ha pensado que con su poderío, su opresión colonizadora su pensamiento exquisito que ahora se llama "débil" encarrilaría el mundo, y más cuando desde la atalaya de el pensamiento neoliberal y por los fukuyamas americanos se decía que la historia había llegado a su final, que había concluido y que tras la caída del comunismo sólo quedaba en pie el coloso americano sostenido por los pilares de la tecnología de guerra y por los del capital librado por lobys judíos. Pero ignoraban el poder de revancha del islam y de los que tienen otra medida para dimensionar los tiempos y ritmos históricos, de los que no tienen prisa para la revancha porque la espera forma parte imprescindible y es un valor en alza de su cultura.

Por encima del pensamiento liberal conservador y de lo que llamamos socialismo, que ya no es "real" sino imaginario y de todo laicismo, prevalece y tiene potencia en la cultura islámica los clichés religiosos, los pensamientos coránicos, las guerras santas y las revanchas de Dios o de Alá, según se mire.

Occidente se decae, se tambalea, el pensamiento se adormece, se encuentra de rodillas, no aparece la originalidad y menos aun la idea generosa que nos diga como salir del atolladero; se recurre a lo de siempre, a la guerra, a la flagelación, a la ocupación territorial y a dejar sentir su poderío. Sin embargo, esto no sirve ya que aumenta la incertidumbre y alumbra la desmoralización.

Y cuando sucede que el país mas poderoso del planeta no sabe como luchar en contra de las sombras, e ignora como poder atrapar al malvado, al generador del mal que agita la bandera del islam empieza psicológicamente la destrucción individual y luego la zozobra que nadie sabrá como escapar de la vorágine fabricada por occidente que puso en otras manos la espoleta de la devastación y que ahora se queda atenazado y cuando no, corre como le sucedió a Bush en busca del escondite antinuclear cuando se enteró de la demolición terrorista de las Torres Gemelas.

Hegel, Marx y Weber fueron los herederos directos de la Ilustración y sucedieron a Loocke, Rousseau y Voltaire sacando a la cultura europea del yugo de los dogmas de la iglesia contribuyendo a poner en pie a Occidente pero, a la vez, cometieron un grave error cual fue pretender extraer de la historia sus leyes. Y la historia no tiene leyes, ni siquiera lo que Popper llamo "historicismo". Por lo que habría que preguntarse y recordar que es lo que ha propiciado la regresión de otras civilizaciones tales como la China de los mandarines o el Japón de los samurais; o el imperio otomano hecho trizas tras siglos de esplendor; y de la India que supo unir lo mejor de la civilización islámica y de la cultura védica que se dejó conquistar por una compañía comercial inglesa, por los comerciantes de una pequeña Isla situada a 15.000 kilómetros; o que decir de la pequeña Holanda que sometió al inmenso archipiélago indonesio; o del pequeño Portugal que logró construir un imperio en África y pellizcar pedazos de Asia. O el imperio español hoy solo con enclaves conflictivos en el norte de África, o del soviético que se desmoronó de la noche a la mañana sólo con una plegaria del Papa Woytila. ¿Y eso por qué?

No hay leyes para la historia. Lo único que parece cierto es que desde el Renacimiento Occidente ha sembrado el fuego en sus instituciones y lo ha propagado a todos los rincones del planeta y también es el único bombero que puede apagar los fuegos que propicia. Pero el drama aparece cuando lo que se apaga se hace con la misma violencia que cuando se propaga. Y mientras esto sucede Oriente no logra deshacerse de sus fantasmas religiosos y tribales implantados en sus genes. Y ahí la lucha, ahí el interrogante, y no es que se vuelva a las Cruzadas, no es que se instigue a la Media Luna. Pero la historia que no tiene leyes, si que tiene memoria. Y si en Occidente se ha dado por finalizada en Oriente ni tan siquiera van por la mitad. Choques de culturas? Tal vez. Pero si se quiere occidentalizar el mundo los que piensan dicen que no habrá otra alternativa y ya como el arma mas eficaz que transformar lo "moderno" de lo cual presumimos en algo mas humano y que no se llegue a pensar que los millones de muertos por las guerras de religión y la conquista de las Américas apenas han servido para nada.

Nota de la Redacción: No se cita, además de los enclaves de España en el norte de África, al Archipiélago Canario...