Inmigración, Ejército e historia

 

Miguel Leal Cruz

Resulta sumamente llamativo, e incluso polémico, que desde hace algún tiempo las autoridades de defensa españolas pretendan captar inmigrantes procedentes de Hispanoamérica para completar cuadros básicos del Ejército deficitarios, consecuencia, en estos momentos de baja demanda de mozos españoles, de los necesarios servicios mínimos que la defensa precisa y que se han de cubrir.

Sin embargo, es de todos conocido, que la relación poblacional, y de todo tipo, entre América y España, singularmente con Canarias, es algo constatado fehacientemente, y de ello nos da puntual información la propia historia.

Es sabido que una vez finalizada la conquista de estas Islas Canarias e iniciada la nueva estructura social, sus habitantes y pobladores comenzaron a mantener una relación constante con los nuevos territorios colonizados por España en el denominado Nuevo Mundo.

Entre aquellos quedan comprendidos muchos de los aborígenes canarios que superaron el trance del encuentro cultural, cuya contribución se entiende como la prolongación de la pauta seguida por los castellanos en el proceso conquistador en las mismas islas, por la que los aborígenes cristianizados y adaptados al nuevo status colaboraban en las campañas bélicas, como soldados, intérpretes o informadores, en las demás. Son destacadas las intervenciones de Augerón en el Hierro, Antón El Guanche desde Adeje, Fernando Guanarteme oriundo de Canaria para Tenerife o Añaterve de Güimar, durante las últimas escaramuzas en esta última isla así como la princesa Gazmira, educada en Gran Canaria y llevada a La Palma, valiosísimos colaboradores en la conquista y para el convencimiento de sus hermanos de raza, así constatado y probado.

Más tarde se hace extensiva en América, con carácter general, siendo destacable la participación de aborígenes palmeros en la conquista de los territorios del río Magdalena en la actual Colombia, movilizados y al mando de Pedro Fernández de Lugo, hermano del Adelantado de Canarias, o la de Diego de Hortal por el Orinoco, amén de otros casos aislados citados por los propios colonizadores en sus escritos, algunos referidos a gomeros protagonizando hechos constatados en el Golfo de Paria como hábiles pescadores de perlas, según recoge el historiador americanista Morales Padrón.

Es conocido que la fórmula utilizada por los colonizadores españoles, desde los prolegómenos de la conquista de Canarias, luego extensible a América, fue el apadrinamiento o patrocinio laboral con nombres y apellidos para aquellos que en adelante serían sus protegidos - que dio lugar a las encomiendas en el Nuevo Continente -, imponiéndoles disciplina, cultura hispana haciéndoles renunciar a la propia, a la par que por imperativos de la misma religión católica o por estrategia política o administrativa se impondría aquella normativa, las más de las veces, obligatoriamente.

La etnia aborigen subsistió en gran manera y contribuyó al poblamiento americano, y así se confirma en estudios realizados por Wölfer, Fischer o Fusté, cuando aseguran que la población superviviente netamente aborígen se acerca al 70-80 % del total a fines del mismo siglo XVI, durante el cual fue necesario repoblar las nuevas colonias de América. Para ello hemos de considerar igualmente otro gran valor añadido: el gran número de mujeres aborígenes en fructífera unión con los conquistadores primero y colonizadores después, escasos de ellas.

La Monarquía Hispana, ya desde estos prolegómenos, carecía de suficiente volumen poblacional para hacer viable la efectiva posesión de aquellas extensas tierras americanas, pronto acosadas por sus enemigos naturales en la misma Europa, ingleses, franceses, holandeses y otros, en competencia por aquellos ricos territorios.

Tal como nos apunta el profesor Manuel Hernández, "aquella fue una época de profundas tranformaciones", nuestro Archipiélago poblado por un pueblo, en principio considerado próximo al neolítico en cuanto a algunas de sus consideraciones culturales, pero nunca en el neolítico como tal, puesto que el pueblo aborigen estuvo siempre próximo a otras culturas superiores que pudieron haber influido notablemente en sus comportamientos, no solamente de las relativamente próximas culturas mediterráneas sino también de las más próximas, aún, del entorno africano, donde proliferaron notables imperios antes y después del Islam, todo lo contrario de los auténticos neolíticos situados cronológicamente en 3-6 mil años antes de Cristo, con la problemática del entorno, antropológica y medioambiental, totalmente diferente, como diferentes eran las épocas, espacio-temporalmente distanciadas.

La colonización de numerosas islas del Caribe dio a Canarias un protagonismo privilegiado como plataforma obligada ya desde este momento, y a lo largo de los siguiente dos siglos, necesario para la planificación y control administrativo de la América Hispana en todos los órdenes y para lo que sería un vasto imperio de ultramar, como nos apunta el profesor grancanario Julio Hernández.

Venezuela o Cuba, cuya vinculación es la que especialmente nos interesa, mantuvo aquella relación más que ninguna otra región en el mundo hispano, debido a ser la otra plataforma del otro lado del Atlántico, y por las constantes migraciones entre ambas cuya influencia se aprecia en numerosas facetas que alcanzan, desde la social y económica hasta la del arte o la literatura sin descartar la faceta antropológica y etnográfica.

Las manifestaciones artísticas localizadas en varias poblaciones de América, especialmente en las grandes ciudades, llegaron a través del arte regional canario. Son destacables los complicados artesanados mudéjares de influencia isleña, así como las casas típicas cubanas en torno a un patio central con enormes balconadas de madera que recuerdan perfectamente las de la isla de La Palma o las de la ciudad de La Laguna, Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria, Garachico, entre otras, por clara influencia cultura durante la colonización española.

Por todo ello no nos ha de extrañar que en estos problemáticos momentos para completar la infraestructura personal militar, consecuencia de de la normativa sobre exención del servicio militar obligatorio, inmigrantes hispanoamericanos puedan formar parte del Ejército.