INTERNACIONALISMO BOLIVARIANO

Por Jerónimo Carrera

Un 8 de octubre, el del año 1967, resultó realmente un día aciago para la causa emancipadora de los pueblos americanos, y por ende, de todos y cada uno de los tantos pueblos que conforman la humanidad. Puesto que tal era lo que podríamos llamar el credo básico d Ernesto Guevara, el humanista y activo combatiente revolucionario, asesinado aquel día por agentes al servicio del imperialismo yanqui.

Ahora, en este 36 aniversario de la muerte física del legendario e inolvidable Che, en modesto homenaje a su memoria me permito aquí reflexionar brevemente sobre el significado del rasgo de su siempre presente personalidad -tan atractiva en especial para la juventud a escala mundial- que considero como el más trascendente, es decir, el internacionalismo, en teoría y práctica.

Lo primero que quiero señalar, es en cuanto a sus orígenes. El concepto y desarrollo de las ideas internacionalistas están ligados a la aparición del proletariado moderno en ciertos países europeos. La clase obrera generada por la revolución industrial rápidamente se expande y cobra conciencia de sus intereses específicos dentro de las sociedades burguesas, según quedó científicamente establecido en ese inmortal Manifiesto Comunita lanzado en 1848, por Marx y Engels, con su consigna incomparable: ¡Proletarios de todos los países unios!

La ideología burguesa, dejando atrás el pensamiento progresista de la revolución francesa, al ver amenazados los intereses capitalistas por la naciente clase obrera se atrincheró en el nacionalismo y puso en juego los sentimientos patrioteros y racistas, auspiciando incluso el chauvinismo y la xenofobia en los países supuestamente más cultos.

En esa gran batalla, esencialmente clasista, el proletario supo buscar y encontrar un aliado de extraordinaria importancia –siguiendo las indicaciones de Lenin confirmadas con la Revolución rusa de 1917- en los movimientos de liberación de los pueblos coloniales oprimidos por las potencias imperialistas.

Justamente, y esto es lo que deseo poner de relieve, acá en nuestros países americanos las luchas emancipadoras de principios del siglo XIX ya habían estado impregnadas de internacionalismo. Es un enorme error calificar de nacionalistas a revolucionarios como Bolívar, San Martín, Sucre, etc., que condujeron ejércitos integrados por soldados de las más diversas nacionalidades.

La estrategia bolivariana de liberación estuvo basada en la idea de la SOLIDARIDAD INTERNACIONAL, al igual que tomó en cuenta y aprovechó las contradicciones existentes entre las grandes potencias de aquella época. Más aún, la visión del mundo sustentada por Bolívar fue siempre universalista, pensando en términos del género humano, y como producto de su formación ideológica derivada de los teóricos de la ilustración. Lo cual, hay que decirlo, fue exactamente lo mismo que le ocurrió a Marx.

Estos dos grandes hombres fueron parcialmente contemporáneos, pues cuando Bolívar muere en 1830 ya Marx era un muchacho de doce años de edad. Y no olvidemos que el genial Simón Rodríguez, maestro y guía ideológico de Bolívar, ha sido correctamente catalogado entre los más notables precursores del socialismo.

Por todo esto, afirmo yo, no se puede ser genuinamente bolivariano sin practicar el internacionalismo amplio y consecuente, sin lagunas de ninguna naturaleza. No puedo, en conclusión, dejar de protestar de un modo categórico contra la increíble política de sucesivas entregas, por parte de la policía venezolana y nada menos que al fascista Aznar, de PATRIOTAS vascos que habían recibido asilo en Venezuela: Juan B. Galarza Mendiola, Sebastián Etxaniz y, en días más recientes, José Ramón Foruria Zubialdea.

Seguramente Ernesto Guevara Habría condenado, también, estos viles actos de traición al internacionalismo bolivariano.