Islamismo y terrorismo
Ramón Moreno Castilla
Es evidente que esta zozobra que vivimos ahora mismo, ante la posibilidad de nuevos atentados terroristas, parte del nefasto 11-S, con los terribles atentados a las Torres Gemelas de Nueva York. Y ahí están las declaraciones de Condoleeza Rice, Consejera de Seguridad Nacional del Presidente, ante la Comisión creada al efecto; y las propias actuaciones de George W. Bush, ignorando los informes de la CIA, que advertían del peligro de Al Qaeda.
El fatídico 11-S fue el detonante: primero se declara la guerra al régimen talibán de Afganistán (lo que significó el primer conflicto del siglo XXI) para capturar a Osaman Ben Laden -que sigue missing-, y luego, previa foto en las Azores, se invade Irak con el pretexto de encontrar las famosas "armas de destrucción masiva" y acabar con el régimen sanguinario de Sadam Hussein. Después vendría, desgraciadamente, la masacre del 11-M... y el caos.
Porque no sólo es un inmenso error identificar islamismo con terrorismo; sino que no es verdad que, como se nos dijo, el mundo sea más seguro después de la guerra de Irak, ni que se haya solucionado el problema israelo-palestino.
Una guerra querida por la reducida camarilla de halcones de extrema derecha que rodea al presidente Bush (los Richard Cheney, Donald Rumsfeld, John R. Bolton, Paul Wolfowitz, Richard Perle, Douglas Feith, Jack D. Crouch) y que cree, como todos los embriagados de poder, que a todo problema político, económico o social siempre se puede aportar una solución militar...
Ya la Comisión internacional de juristas, organismo consultivo de la ONU con sede en Ginebra, había alertado desde el 18 de marzo de 2003 contra un inminente ataque a Irak sin mandato de las Naciones Unidas, que al final se llevó a cabo con la oposición de la Comunidad Internacional.
Y a un año del derrocamiento y captura del dictador Sadam Hussein, el caos más absoluto reina en Irak, donde proliferan los secuestros y las acciones armadas de la resistencia, enquistando aún más el conflicto. Recordemos que ya desde el siglo XVII el jurista Grotius, fundador del derecho de gentes, en su célebre libro De jure belli ac pacis, afirmaba que "querer gobernar a los otros contra su voluntad bajo el pretexto de que es un bien para ellos", constituía el argumento más frecuente de las "guerras injustas".
O sea, que la administración republicana de los EEUU, aparte de vulnerar sistemáticamente la legalidad internacional (hizo caso omiso a la resolución 1441 votada por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la ONU el 8 de noviembre de 2002), sigue sin encontrar las temibles "armas de destrucción masiva" e Irak va camino de otro Vietnam comprometiendo seriamente la paz mundial. Y a propósito de la interminable búsqueda de armas que no aparecen por ningún lado, muchos nos inclinamos a pensar, como Confucio, que "no se puede atrapar un gato negro en una habitación a oscuras sobre todo si el gato no está".
Por otra parte, no está demostrada la relación del anterior régimen iraquí con Al Qaeda, aunque es cierto que la amenaza terrorista se ha multiplicado desde el 11-5 y todo parece indicar que los autores de los atentados del 11-M tenían (¿se inmolaron o se suicidaron?) connivencias con esta organización que ya es considerada una amenaza global por los gobiernos occidentales.
Pero, ¿debemos por ello confundir islamismo con terrorismo? Una aproximación a este interrogante, a la luz de las relaciones entre el Islam y Occidente, es un lúcido artículo del escritor libanés, Selim Nassib quien sostiene que "Las nebulosas neoconservadoras e islamistas controlan el poder ideológico".
Toda una serie de acontecimientos de diferente naturaleza, el asesinato del jeque Yassin por el ejército israelí, los atentados en Madrid, la ley sobre el pañuelo en Francia, la persecución de Ben Ladem en Afganistán, el caos que siembra de muertos Irak... modelan el imaginario actual, según el citado escritor. Así vemos, como atentado tras atentado, el mundo desarrollado se ha visto inmerso en un clima en el que todo lo musulmán -no sólo es islamismo- tiende a ser sospechoso.
La amenaza favorece un racismo latente y justifica los retrocesos de la democracia así como un vertiginoso fortalecimiento de los poderes policiales. Después del 11-5, el mismo presidente Bush habló de cruzada aunque luego se corrigió. Cruzada frente a Yihad: ése es el sistema de representación global que ha sustituido al que desapareció con el comunismo.
Estados Unidos, privado del socialismo como modelo competitivo, vuelva a instaurar la bipolaridad poniendo en escena un nuevo episodio de la lucha entre el bien y el mal. Pero ese país ha ayudado al nacimiento de ese mal. Para expulsar al ejército soviético de Afganistán, EEUU financió, formó y armó una guerrilla en la que se encontraron los futuros Ben Ladem del mundo musulmán. Es como si fuera la historia de Frankenstein.
De vuelta a sus países de origen (Argelia, Líbano, Yemen, Egipto o Indonesia) esos gloriosos combatientes anticomunistas se convirtieron en terroristas. Para combatirlos, Estados Unidos destruyó el régimen talibán de Afganistán que albergaba su base principal y el mundo aplaudió. Pero cuando el mismo argumento se utilizó para justificar la guerra unilateral contra Irak (Sadam Hussein nunca fue islamista), el efecto fue devastador.
La intervención dividió a los aliados occidentales, favoreció la amalgama y fortaleció el islamismo. Un año después, Irak se ve amenazado por una guerra civil comunitaria y por una república islámica -chií- surgida de las urnas. La ocupación ha propiciado un terreno abonado para las acciones de Al Qaeda, permitiéndole poner los pies en un país cuyo acceso le estaba prácticamente prohibido. Y de Indonesia a Marruecos, pasando por Turquía y España, se han multiplicado las metástasis.
Rmorenocastilla@hotmail.com