Las ayudas: jugoso negocio para los países industrializados, gobiernos, ongs y gobernantes del Sur pobre

Enrique Caminero *

Las llamadas ayudas que los países del mundo industrializado «otorgan » a los países del Sur pobre, (para distinguirlos de Australia y Nueva Zelanda, que también están en ese hemisferio) como en el cuerno del Africa, por ejemplo Etiopía, se manejan bajo criterios que en vez de solucionar el problema del hambre lo que hace es que lo mantiene, creándose en esos países del Sur una dependencia en alimentos, que si bien sirven para paliar la hambruna, en el momento, su resultado solo beneficia a los primeros y a los otros sectores que intervienen en dichas ayudas.

Primeramente, a los gobiernos de los países industrializados, al provenir las ayudas de lo que sobra, excedentes de cereales, etc., que resultan de las abusivas subvenciones a los agricultores de estos países para producir y deshacerse de estas sobras, se está perjudicando a la agricultura tradicional de los mismos países industrializados, y más a la milenaria agricultura, la dadora de costumbres alimenticias que han beneficiado por miles de años el desarrollo de la cultura de estas poblaciones del Sur, con la que se sustentan estos países.

El porcentaje de excedentes que producen los países industrializados, es proporcional en detrimento y pauperización de la agricultura y del campesinado de los países del Sur. Estas ayudas son utilizadas por los gobiernos de los países industrializados para justificar sumas de dinero en sus presupuestos, que sacan de los impuestos que pagan sus ciudadanos, sirviéndole a la vez para mantener la escalada en la subida de los impuestos; cuando dicen que van a bajarlos, lo hacen pensando en beneficiar a los que tienen mayores entradas, y el que recibe menos termina en su conjunto "contribuyendo" pagando por los más ricos, aparte de los impuestos que les corresponden .

Los ciudadanos de lo países industrializados, que sabe que él contribuye para las ayudas de los países pobres, al no ver resultado tangible en el mejoramiento de la situación, se preguntan si vale la pena que los gobiernos continúen otorgando estas ayudas, cuando se conoce de casos en que los gobernantes de esos países pobres no destinan las ayudas para los fines que se han enviado. Es cierto, esto ocurre, pero lo que a veces está detrás de esto son sumas de dinero que a través de instituciones de los países industrializado se destinan con fines políticos, para protección de multinacionales instaladas en estos países, que a sus vez sostienen a los gobernantes, para que éstos mantengan reprimida a la población, a los sectores que trabajan en estas multinacionales, por si acaso se les ocurre pedir aumentos de salarios, o protestar por que se mejore su condición de vida o porque se están llevando una riqueza natural del país, sin que la población resulte beneficiada en lo más mínimo de sus patrimonios, Bolivia es un ejemplo a fuego vivo.

La Europa de los quince y los Estados Unidos de angloamérica, son los mayores responsables de esta situación, con estas ayudas que no crean, ni ayudan para un desarrollo sostenible, sino que vuelven a los pueblos indigentes dependientes, al eliminar sus mercados con productos que ellos no pueden producir por los costos y la tecnología que implica, como en los casos de alimentos transgénicos que el campesino de Sur ve llegar, eliminando los productos que a él le permiten vivir y desarrollarse.

Cuando se trata de las ayudas en dinero, la corrupción va implícita, para que se beneficien de ambos lados, creándose un círculo vicioso, donde gobiernos del Sur dan concesiones a empresas donde se escudan partidos políticos que terminan siendo subvencionados por los gobernantes de los países pobres; en Africa este caso es frecuente, y en Francia, ciertos partidos de la derecha han disfrutado de este jueguito de amigos de los presidentes. Sin mencionar los guardias mercenarios franceses que han trabajado y trabajan para gobiernos y dictadores.

En Estados Unidos, la relación gobierno ayudas empresas se hace con más descaro, pues comenzando por el presidente Bush, seguido de su vice presidente, quien coge su bicoca de los negocios más reñidos financieramente, continuando con el empresariado que no se queda atrás en prácticas delictuosas, hasta llegar a la delincuencia organizada y el ladrón de la calle, este país funciona de esa manera.

Casi siempre los gobernantes de este país, han estado directamente implicados en los negocios de las ayudas de alimentos, como o en el pillaje de los países de Sur; en Africa, América Latina y del resto del planeta, pues pillajes y ayudas caminan juntas. Afganistán e Iraq son los ejemplos más recientes, y más ahora con su voracidad e insaciable ambición por controlar el petróleo y todo lo que signifique energía, para imponer el sistema que mantiene el estado de cosas que desde siglos viene beneficiándolos. Por eso hacen uso de la ayuda para chantajear gobiernos que se resisten a ser muchachos de mandados. Existen otros gobernantes que, sin que lo manden, se brindan en perjuicio de su pueblo y su soberanía: El Salvador y República Dominicana son muestras de esta actitud contraria a la democracia. En Europa el gobierno del Estado español, que preside José María Aznar, hace alarde de su lacayismo como si fuera una virtud, alimentando su bovarismo, al organizar el mamotreto foro de donantes.

Entre los componentes que intervienen en las ayudas a los países del Sur, además de los industrializados están los gobiernos del los países que van a recibir la ayuda, quienes en más de la veces utilizan las ayudas para presionar a sus poblaciones e imponer les regímenes autoritarios que buscan beneficiarse con las ayudas, al tiempo que conceden a las multinacionales ventajas en las explotación de las riquezas, como sucede en Angola , Nigeria y en otros países del Africa. Ligado a la población, en principio, se encuentran las Ong, muchas de ellas actúan con principios humanitarios, tanto así que a veces sus críticas no son del agrado de los gobiernos, tampoco de las multinacionales. En la mayoría de los casos, las Ong son los receptores de las ayudas que vienen a ser la razón para que en sus respectivos países los incluyan en los presupuestos de la nación. De estos fondos que se le asignan a las Ong, los gobiernos de los países industrializados los engloban dentro de la partida que corresponde a las ayudas, de manera que solo manteniendo la situación de muerte paulatina de la agricultura de los países de Sur, es que las Ong se ven beneficiadas por estas partidas de dinero. Si la llamadas ayudas se hicieran tomando en cuenta las poblaciones, sin pretender cambiarles sus costumbres alimentarias, se daría un paso de reconocimiento a la agricultura tradicional, se intensificaría el mercado interno, pues las poblaciones seguirían consumiendo lo que por miles años les ha ayudado a reproducirse, generación tras generación, de forma que la sociedad vaya progresando, el nivel de vida en aumento, desarrollándose poblaciones con conocimientos necesarios para desarrollar en función de su realidad, respetando el medio ambiente para legarle a las generaciones por venir, naciones sin peligros, dignas para que sus gentes puedan vivir. Pero no, las ayudas vienen con otro propósito, para convertir poblaciones en consumidores de productos que ellos no producen ni necesitan, que provocan problemas en la forma de vida y las costumbres; están para hacer más ignorantes a los pueblos, apareciendo enfermedades que antes no estaban. Y en adelante, para combatirla se debe exportar de los países que trajeron esas ayudas y malos hábitos alimentarios "medicinas" costosas, que acabará siendo consumida por toda la población, desarrollándose así un negocio de la salud, proveniente de las llamadas ayudas, empobreciéndose más y más a la población, mientras quienes no tienen para comprarlas esperan la muerte llegar.

A todo esto, los que trabajan en las Ong, sin que se enteren, son utilizados para estos fines, y cuando toman conciencia del asunto, se les da de baja. Aparte de ser receptores, las Ong se convierten en transmisoras del negocio de las ayudas, donde se manejan cientos de millones de dólares, creándose una complicidad en las ayudas, donde siempre los que salen perjudicados son los pueblos de los países pobres, volviendo esas millonarias sumas a los os países industrializados, a través de ventas de armas, y compras que permiten a los países industrializados seguir alimentado el mal que mata al Sur y los beneficia a ellos.

27/10/03

* Enrique Caminero Brea es activista social dominicano residente en Francia