LA CUESTIÓN MARROQUÍ

Teodoro Santana

Ni que decir tiene que el principal enemigo de la independencia de Canarias es el colonialismo español. Invertir los términos, poniendo a Marruecos como el principal adversario de los canarios, no es más que la manifestación de la ideología colonial y de los prejuicios del viejo imperialismo español, que aún subsisten. Y propagar, sibilinamente, que debemos seguir siendo ocupados por los españoles para que no nos ocupen los "moros".

Es absurdo pretender, por ejemplo, que Marruecos no ejerza sus derechos como nación independiente sobre aguas territoriales en las que Canarias, como colonia de un país europeo, no tiene derecho alguno, hoy por hoy. No existen "aguas territoriales canarias" que defender, sino aguas españolas (o, para ser más precisos, bajo soberanía española). Los yacimientos de petróleo a medio camino entre Canarias y Marruecos tienen mucho que ver, también, con todo esto.

Una Canarias independiente debe mantener relaciones de buena vecindad con Marruecos, basadas en la cooperación, el beneficio mutuo y la no injerencia en asuntos internos. Esta ha de ser, digamos, la posición "de Estado".

Pero todo esto no implica que debemos ser ingenuos. Ni que en el camino a la independencia de Canarias haya un solo enemigo. Por ejemplo, EE.UU. tiene poderosos intereses en la zona. Intereses petroleros, en primer lugar, en un momento de acaparamiento de las menguantes reservas mundiales. Pero también intereses en el control geoestratégico para frenar los crecientes movimientos antioccidentales en el mundo islámico (estrategia en la que el régimen marroquí hace de gendarme cipayo en el norte de África) y para disputar la hegemonía regional a Francia y la Unión Europea.

En una situación internacional compleja, es absurdo partir del supuesto de que, como es africano, los intereses del régimen marroquí coinciden plenamente con los intereses nacionales de Canarias. Ningún nacionalista responsable debe cerrar los ojos ante la realidad. Ni actuar como un agente a sueldo de un país extranjero en nuestra patria.

El régimen marroquí sueña con el Gran Marruecos, en una política expansionista y hegemonista en el norte de África, dentro de la cual Canarias es una "perita en dulce". Desde luego, esto no lo convierte en mejor que el colonialismo español, pero ha de servir de referencia cierta. El régimen marroquí no apuesta por la independencia de Canarias, como no apostó nunca por la independencia de Saguía el Hamra y Río de Oro. A los saharahuis sí que les vino "el lobo", y aún no ha soltado la presa. Aún más: por su política represiva interna, al régimen marroquí no conviene en absoluto una república amazigh a pocos kilómetros de sus costas.

En su tradicional estrategia de "tira y afloja" con España, que tan buenos resultados les ha ido dando, los servicios secretos de la monarquía marroquí colaboran estrechamente con los servicios secretos españoles. Pero también lo hacen con la CIA norteamericana, con el Mossad israelí y con los servicios secretos franceses. Poner el proceso de descolonización de Canarias en manos de Marruecos sería, por lo tanto, un suicidio.

Sin embargo, asistimos resignados a que agentes a sueldo de Marruecos, y algún que otro tonto útil, sigan dividiendo el independentismo canario. Que una vez sí y otra también aparezcan en la prensa de las Islas anuncios pagados (no con las cuotas de los afiliados, desde luego) felicitando por su cumpleaños al tirano marroquí y otras lindezas. Que con argumentaciones que sólo cuelan en sectores de bajísimo nivel cultural, se pretenda hacer ver que el problema de Canarias es el Fpolisario. Y las resoluciones de la ONU al respecto, desde luego. Y que la solución es la alianza estratégica de la burguesía colonial canaria con la oligarquía marroquí para colonizar lo que llaman eufemisticamente "Marruecos Sur", apuesta de Coalición Canaria y de los sectores más reaccionarios del empresariado de las Islas.

Como país soberano, Marruecos tiene derecho a desarrollar su propia estrategia. A introducir sus agentes en Canarias. A apostar fuerte. A quedarse con el Sahara Occidental. A levantarle a España la financiación del puerto de Agadir. A expandir sus aguas territoriales y quedarse con el banco pesquero canario-saharahui. A conseguir que España retirara las industrias conserveras de Canarias. A facilidades para vender sus productos agrícolas en la Unión Europea. A establecerse como aliado preferente de la OTAN, y a cambio lograr un acuerdo de exportación con EE.UU. A convertirse en el testaferro de los intereses occidentales en el Magreb. Es el pueblo de Marruecos el que tiene que decidir si todo eso le parece bien o mal.

Pero nosotros, antes y después de la independencia, tenemos la obligación de defender los intereses nacionales de Canarias. A apartar de nuestras filas a los agentes de potencias extranjeras, sean estas España, Marruecos, EE.UU u otras. Sinceramente, es penoso tener que explicar estas cosas. Pero dado el bajo nivel en que nos encontramos, es imprescindible.