La lección catalana
JUAN JESUS AYALA
Las recientes elecciones catalanas del día 16 han significado un acontecimiento inesperado por los resultados que han obtenido, no tanto lo que supone el bajón de los partidos institucionalistas, por llamarlos de alguna manera, sino la suma de votos de ERC. Esta formación política ha pasado de 12 diputados que fueron respaldados por el 8,7 por ciento de los votos en 1999, por los 23 actuales y con el apoyo del 16 por ciento de los votantes.
Sin embargo, lo más relevante y que puede servir de ejemplo y acicate a formaciones nacionalistas que están en precario en lo que se refiere al número de votos, es que la evolución de los resultados electorales de ERC han sido ciertamente curiosos y esperanzadores. Así en el año 1980 obtuvo el 8 por ciento teniendo más tarde, en 1988, un importante declive con solo el respaldo del 4,1 por ciento; y desde ahí han dado el magnífico salto a la cifra actual.
Con ello se deduce, y hay que tenerlo en cuenta desde cualquier vertiente del análisis político que se haga, la importancia que tiene estar en política y presto a concurrir a cualquier convocatoria electoral aunque las perspectivas que se tengan a priori sean inciertas y poco propiciatorias. Y es que el desencanto de la gente por ciertas opciones políticas es ostensible y muchas veces, como en este caso, aparece lo imprevisto, la eclosión de un voto nacionalista consecuente y darle un vuelco tremendamente esperanzador, pasando a ser, como el caso de ERC, el árbitro en la formación del gobierno de la Generalitat.
El discurso político del líder de ECR, Josep Lluis Carod, ha sido claro pero también diferente. Y desde una proclama independentista y republicana le ha dado a esta una nueva lectura limitándose a decir que se es independiente para tomar la libre decisión de hacer lo que la mayoría decida. Y, sobre todo, para que esta mayoría manifieste lo que hay que poner en práctica sin tutelajes ni mandatos desde lo que llega del centro de un estado al que algunos siguen creyendo que es omnímodo y que España sigue siendo Una y Grande.
Y desde la propuesta de un nuevo Estatuto para Cataluña, se va a intentar poner en juego unas normas y reglas diferentes a las actuales, con la idea que los pueblos converjan en una concepción de Europa distinta como así lo va a definir la futura Constitución que se apruebe en el 2004. Además, para no estar con la rémora de textos constitucionales y estatutarios que impiden el desarrollo y vitalidad de los pueblos.
Ha sido la confrontación electoral catalana una lección y no solo en lo que se refiere al alza del voto nacionalista sino a la formulación del líder de ERC de un axioma claro y determinante sobre lo que define y lo que debe entenderse por una nación. Ya no es la etnia, la lengua o la historia sino la decisión que sobre un territorio concreto adopten aquellos que allí habitan.
Además, y es para que lo tengan en cuenta los poderes públicos de Canarias que desde una democracia mal entendida defienden una ley electoral caciquil ya que en las elecciones catalanas con un porcentaje del 7,8 por ciento que obtuvo IC-Verdes consiguieron 7 diputados y en las pasadas de 1999 con el 2,7 por ciento de los votos lograron 3 diputados. !Qué bien aquí que hay que rebasar la barrera del 6 por ciento para tener representación parlamentaria!
Lección pues que hay que aprender, sobre todo, los que apoyan la democracia y los que están en el tajo y creen que los nacionalismos son una incógnita y que desde un protonacionalismo latente pueden eclosionar y establecer un poder claro y determinante. Y esto quiere decir que la historia a veces no se escribe por los de siempre sino que hay ideas que permanecen secuestradas por un silencio calculado y que un día, arropadas por un montón de gente, pueden desequilibrar las perspectivas de algunos que se creen inmortales, alcanzando un futuro más esperanzador por el empeño de otros.