LA MADRE TIERRA CANARIA
Guaire Adarguma Anez’ Ram n Yghasen*
Desde
hace mucho tiempo venimos trabajando por la recuperación de nuestros valores de
identidad, cultura y religiosidad guanche. Nuestra labor no ha estado exenta de
múltiples contratiempos, impuestos por el sistema colonial mediante sus
comisarios culturales, muchos de los cuales, al ostentar patentes de corso en
la cultura canaria, es decir, con títulos universitarios expedidos por esa
gigantesca máquina de lavar cerebros que es la Universidad española en
Canarias, se han convertido en fieles seguidores de la historiografía oficial,
impuesta desde la óptica de los vencedores, y contribuyendo con su condición de
canarios de servicio a mantener un cúmulo de falacias históricas en las que han
venido sustentando una historia falsificada, tergiversada y prostituida, con un
total desprecio hacia nuestros ancestros, a cambio de unos pocos Euros y prebendas; pobres migajas con que el
colonialismo premia sus servicios. Tampoco han faltado los ataques de algunos
españoles metidos a historiadores de Canarias, quienes, por lo visto, tienen
asumido que una colonia, por el hecho de serlo, es tierra en la que cualquier
advenedizo se cree con derecho a marcar pautas históricas y culturales.
Es cuando menos lamentable y
denigrante para un pueblo que cualquier extranjero, amparado en su autocreado status
de colonizador y haciendo gala de una supuesta superioridad intelectual, trate
de continuar avasallando al pueblo sometido
Tras la violenta invasión
europea a nuestras Islas Canarias, se sucedieron una serie de cambios impuestos
por la fuerza sobre nuestro pueblo, en base a una imposición cultural,
política, religioso, económico, medioambiental, militar, jurídica, etc. Estos
cambios se dieron de diferentes maneras y procesos, desde las más sutiles hasta
las más abruptas y turbulentas.
Sin duda, que una de ellas se dio en el plano religioso, cuyos
representantes, mediante la “Santa” Inquisición, justificaron sus crímenes de
lesa religiosidad, produciendo la colonización espiritual de nuestros
antepasados y manteniéndola en los actuales canarios.
La expansión de la religiosidad occidental tomó la forma de
sectas, a medida que los conflictos internos en la iglesia católica y el caos
de los cristianos oficiales se iban agudizando irremediablemente. En este
proceso es en el que se inscriben, por ejemplo, la suplantación descarada de
nuestras festividades, rituales y ceremonias religiosas, con otros nombres
relacionados con la religión dominante, con otros elementos ceremoniales, con
otros conceptos y visiones del mundo, y tratando de adecuar y hacer coincidir
de modo sutil las fechas más importantes de las festividades Canarias, en
nombre de un supuesto sincretismo religioso.
Y de esta híbrida mezcla emergieron nuevos rituales, nueva simbología, nuevas
creencias, etc. que, a decir verdad, no son más que grotescas caricaturas de
nuestras verdaderas tradiciones espirituales y religiosas, las mismas que en su
mayoría son practicadas por la iglesia católica sobre la población guanche,
principalmente en los incipientes centros urbanos en donde más influencia tuvo
la invasión.
Sin embargo, de todo esto, conforme pasaba el tiempo y de acuerdo a la
tradición y transmisión oral de la tamusni, constatamos que en infinidad de
nuestras comunidades originarias aun conservamos intacta la semilla pura de
nuestra religiosidad, presta a echar nuevamente las raíces, a germinar y brotar
como el trigo de la tierra. Este es el propósito de mostrar lo que
esencialmente representa para nuestro ser canario el porqué de nuestra fe, de
nuestra esperanza y de nuestro júbilo.
En nuestros sagrados templos al aire libre existen cuatro momentos importantes
en el ciclo vital de la tierra como referencia esencial, los que
científicamente establecidos constituyen determinados puntos en el tiempo
llamados equinoccios y solsticios, durante el lapso de un año, tiempo en el que
nuestro planeta gira dando una vuelta entera alrededor del sol.
Entre estos solsticios se distinguen nuestras celebraciones del año nuevo
guanche y del Beñesmer, festividades que nuestros antepasados solían celebrar
el 21 de Junio y el 21 de Diciembre de cada año, fechas en las cuales el sol
alcanza su máxima distancia en su alejamiento del centro equinoccial de la
tierra, llamado también el Fuego Sagrado, lo que significa la ceremonia de
protección de la Madre Sol, Magek o Mayek (la Madre de todo o de todos), a fin
de evitar que esta deidad suprema se aleje extremadamente de nuestro planeta y,
contrariamente, permita la germinación y maduración de los frutos que nacen de
nuestra Madre Tierra, Achaman o Acorán (Dios paredro, dador de la lluvia) otra
de nuestras divinidades supremas.
Nuestros Amesnaus y Guadameñes de los primitivos canarios nos enseñaron a
venerar la Madre Tierra, porque ella constituye fuente inagotable de vida, que
nos provee de alimentos, nos provee de medios para protegernos de los desastres
naturales, nos provee del placer de convivir con nuestros congéneres, con la
madre naturaleza y con los otros seres vivientes que habitan nuestro planeta.
Conforme a la naturaleza de nuestra cosmovisión, el equinoccio de septiembre
simboliza la época de la siembra, tiempo en el que la tierra muestra su máxima
pureza y fertilidad, tiempo en el que ella se muestra desnuda, virgen, con su
color y aroma inconfundible, lista para recibir la semilla. Es la festividad de
la romería del Socorro, entre otras, dedicadas al agradecimiento a la tierra y
al mismo tiempo a la veneración de la feminidad (mujer), porque es ella quien
entrega la vida al universo. Esta celebración ha sido superpuesta con la
llamada fiesta de la Virgen María por parte de los invasores europeos.
Con el transcurrir de los días, las semanas y los meses, la semilla sembrada es
alimentada y protegida constantemente por su madre, la tierra, y en sus
entrañas, esta semillita sufre una transformación grandiosa, el de la
transición de la muerte a la vida, la semilla se transforma y pasa a ser una
planta viva, es el momento en que celebramos el renacer de la muerte a la vida,
hoy comúnmente celebrado como el día de los difuntos.
Entonces, ya cuando la tierra en su desplazamiento sitúa al sol en su extremo
derecho, o geográficamente hablando hacia el polo sur, se produce otro
solsticio, el 21 de diciembre. Para este tiempo, la semilla ha brotado del
vientre de su madre, ahora ya es una planta, pequeñita y llena de vida. Los
ojos de nuestros abuelos y abuelas expresan nítidamente el júbilo que sienten
por su hermosura, su bondad, su fortaleza.
A este momento y visión los Amesnaus lo
llamaron del Verde, pues la influencia del sol, sumado a la de todo el cosmos,
renueva la vida a través de las semillas plantadas en el vientre virgen de la
Tierra. Estas tiernas plantitas se comparan a la llegada del niño esperado y
que luego es arrullado en los brazos de sus padres. Como nuestros niños,
juguetones, sonrientes y alegres, las pequeñas plantas llegan a poblar la
Tierra, y ellas darán fruto, seguridad y bienestar a la siguiente generación.
*Guadameñe. Iglesia del Pueblo Guanche.
Chinet,
24 n Magek n 2004 n tallit taynayt tagwancet.
¡¡CANARIAS PARA LOS CANARIOS!!