La otra peregrinación a Candelaria

Juan Jesús González Afonso *

Ni tan vistosa, ni tan divertida, ni tan multitudinaria pero, sin duda, la peregrinación más larga, cansada y deprimente es la que están llevando a cabo al menos seis operarios del Cabildo de Tenerife a lo largo de la carretera vieja a fin de retirar los residuos que por la vía han arrojado indiscriminadamente los peregrinos que se dirigieron a Candelaria con motivo de la fiesta de la patrona.

No es, sin duda, ninguna noticia de alcance, ni se trata de algo a lo que no estemos lastimosamente acostumbrados, pero sin duda se trata de un síntoma de la realidad a la que debemos enfrentarnos en esta tierra cuando de tomar conciencia se trata en relación con los problemas ambientales más elementales. No podemos, sin embargo, pasarnos toda nuestra existencia lamentándonos de lo guarros y desaprensivos que son, generalmente, los demás –nunca nosotros- y es hora ya de que se comiencen a tomar medidas razonables en este sentido.

No se puede perseguir a la gente por la calle con una papelera por si en el momento más impredecible se le ocurre tirar un chicle, deshacerse de la colilla o por si se termina de beber el refresco. Las cosas no funcionan así, el lugar donde un producto se convierte en residuo para una persona es imprevisible en muchos casos y no se puede poner una papelera cada diez metros porque eso, en realidad, no soluciona nada, en ocasiones es hasta contraproducente. La lucha es larga pero si no la empezamos nunca, tampoco nunca podremos pasar de la lamentación o la denuncia a una situación más esperanzadora. No es cierto que en los territorios donde estas cosas no ocurren, o pasan de forma más puntual, la gente sea más conciente o más amante del medio ambiente que nosotros, lo que sucede es que en esos países o regiones las autoridades y colectivos sociales se han empeñado desde hace décadas en cambiar las cosas.

En nuestros colegios se da, en la mayoría de los casos, el mismo problema; en la media hora que dura el recreo los patios quedan totalmente llenos de envases y restos de todo tipo desperdigados por el suelo. La "solución" que se pretende en la mayoría de los sitios incide en el mismo error que es llenar los patios de papeleras, de tal forma que al partir del mismo error se cosecha el mismo fracaso. El problema no es si hay que caminar 5 metros, diez o quince, la cuestión es que la basura hay que depositarla en un sitio específico, tan específico que éste debe ser distinto según el tipo de residuos. Por ahí habría que empezar, colocando dos o tres contenedores únicamente en los patios de los colegios, en un mismo sitio, donde se separen los residuos. Con los restos de alimentos se debe elaborar compost para los jardines o el huerto escolar, y los envases se deben separar ya según sus tipos.

No sólo se debe incidir en esto sino que además desde los colegios se debe comenzar las políticas de reducción, fomentando el uso de envases reutilizables para jugos, agua, etc. Existen lugares en Europa donde a los niños se les regala un envase reutilizable a principio de curso, prohibiéndose llevar al colegio envases para líquidos desechables o de un solo uso. Nos parecerá más o menos duro pero en este asunto no hay otra alternativa.

Están muy bien las pequeñas campañas que, de vez en cuando, lleva a cabo el Ayuntamiento, el Cabildo o Gobierno en los colegios, una charlita de una hora y ya está. Pero lo que se necesita en este asunto son políticas perfectamente programadas, con objetivos concretos y, por supuesto, a largo plazo. No basta con que un maestro con más buena voluntad que otra cosa se esmere en la recogida selectiva de papel, se trata de políticas globales que afectan a toda la sociedad y que deben mantenerse en el tiempo. Estas políticas que deben partir de la formación y la información no pueden, de ningún modo, olvidar el aspecto coercitivo presente en tantos ámbitos de nuestra vida como el tráfico, los impuestos, etc. la gente también debe tener claro que las conductas incívicas pueden traerle consecuencias desde el punto de vista económico o de otro tipo, porque la democracia no consiste, exactamente, en que cada uno haga lo que le dé la gana por mucho que nos empeñemos en intentar demostrarlo. Es frecuente, hasta en los colegios, que cuando se le llama la atención a un alumno por tirar basura o manchar una mesa responda que "para eso están las señoras de la limpieza" y, partiendo de esa base, el asunto es de difícil solución y hay que erradicar de raíz esos vergonzosos planteamientos que, lamentablemente, en algunas ocasiones vienen "mamados" desde la propia familia.

Estos nuevos enfoques no tienen éxito desde la visión del político populista porque en cierto modo pueden suponer, en un primer momento, un cierto incomodo por parte de la sociedad y, además, no proporcionan un rédito electoral inmediato. Es por ello que tenemos que soportar episodios tan vergonzosos como los vividos en la pasada campaña electoral donde el bombardeo de publicidad institucional sobre reciclaje, recogida selectiva, etc. se hizo casi insoportable pero dichas campañas desaparecieron al día siguiente de las elecciones. No se puede hacer uso partidista de asuntos tan graves y de tanta trascendencia para nuestro futuro y gobierno y oposición deberían ser capaces de llegar a compromisos de futuro serios en materia de residuos. Eso a falta de políticos valientes que estén dispuestos a poner en riesgo la rentabilidad electoral inmediata para enfrentar el futuro con decisión.

La otra política consiste en colocar papeleras en los bordes de la autopista cada cincuenta metros pegadas a las vallas o a las señales -como hizo el Cabildo irresponsablemente en la pasada peregrinación a Candelaria- cuando se suponía, además, que la gente no debía utilizar la autopista entre otras cosas porque está prohibido. Esa política populista que pretende ganarse el favor ciudadano aún enviándole mensajes completamente confusos y erróneos desde el momento en que no se le explica, con total claridad y contundencia, que en las excursiones la basura no se va dejando por el camino, sino que hay que llevarla hasta donde sea necesario con nosotros porque no existen papeleras en todas partes, ni ninguna "señora de la limpieza" que nos persiga por donde quiera que vamos. Eso no puede ni debe ser así y, aunque ciertamente pueda parecer la solución más fácil, está suponiendo un grave obstáculo para un cambio de mentalidad necesario y urgente.

* Portavoz del Foro Ciudadano contra la Incineración

Tlf. 617.948.054

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