La Provincia, 4-12-03

La sangre de Cubillo

En enero de 1978, Hassan II hizo una advertencia calculada: "El Sahara es para Marruecos tan importante como Canarias para España". Semanas después Madrid suscribía un primer acuerdo pesquero con Marruecos lesivo para los intereses andaluces y canarios, que abarcaba también las aguas del Sáhara. Argelia se puso en pie de guerra.

Antonio G. González

Por inverosímil que hoy parezca, las Islas se encontraban en un extraño y grave aprieto. Como venía sucediendo desde la descolonización del Sahara, el Archipiélago corría el riesgo de convertirse en peón involuntario del peligroso polvorín magrebí y africano, donde la Guerra Fría se había tensado en la era Breznev. Era un destino ajeno por completo a la sociedad canaria, que asistía entre incrédula y temerosa a la presencia del factor canario en la disputa entre estados africanos.

La respuesta de Argelia al acuerdo pesquero fue inmediata y por partida doble: el Polisario anunció que, a partir de entonces, atacaría a quien pescara en las aguas de la ex colonia. A su vez, el Dossier Canarias fue nuevamente recuperado en el seno de la Organización para la Unidad Africana (OUA) por presiones de Argel. Se trataba, como se ha visto en entregas anteriores, de una propuesta de descolonización de las islas, asentada sobre un antiguo e inconcreto texto de esa organización, dominada por el bloque soviético. Argelia, gran perjudicada por la cesión española del Sahara a Rabat, se propuso entonces seriamente desestabilizar a las Islas para crearle a España un conflicto territorial grave. Y, al efecto, orquestó esta operación contra la soberanía hispana del Archipiélago. Aun sabiendo que tal iniciativa era contraria a la voluntad de la sociedad canaria, Argel se dispuso a utilizar a fondo al líder del Mpaiac, Antonio Cubillo, exiliado en su capital.

Meses antes, tras el accidente de Los Rodeos, España había conseguido frenar esta iniciativa sobre las Islas, ya aventada por los argelinos, en una reunión que los ministros de Exteriores de la OUA celebraron en Libreville para preparar las cumbres de Trípoli y Jartum del año siguiente. Pero la firma del primer acuerdo pesquero hispano-marroquí lo cambiaría todo. Incluso Don Juan de Borbón, el padre del Rey Juan Carlos, viajó a la capital libia para intentar que Gadaffi frenara la "insensatez" de Argelia. No lo consiguió. A finales de enero, la OUA finalmente aprobó en Trípoli -con el rechazo de Marruecos y Mauritania- la remisión a Naciones Unidas del famoso dossier Canarias antes de la reunión de esa organización meses después en Jartum. Y adjuntó una grave amenaza: el coronel M'Bita, presidente del Comité de Descolonización de esa organización panafricana, dio a conocer que el Mpaiac tendría "apoyo militar".

Las luces rojas se encendieron en Madrid. Y sólo entonces Adolfo Suárez entrevió que se imponía un acercamiento a Argel. Buscó la ayuda del líder del PSOE, Felipe González, amigo del presidente argelino, Bumedian, a través de la Internacional Socialista.

TODO SE ACELERA.

González y su número dos, Alfonso Guerra, se entrevistaron en febrero con Buari Bumedian en Argel y lograron al menos un gesto: Antonio Cubillo perdió su emisora, La voz de Canarias Libre. En paralelo, el Congreso de los Diputados aprobó una reordenación del sistema defensivo del flanco sur, con la creación del Eje Baleares-Estrecho-Canarias. Y, a su vez, una delegación de parlamentarios españoles, entre los que se encontraba el tinerfeño Alberto de Armas, inició una gira por los principales países de la OUA.

E1 ministro de Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado, viajó nuevamente a las Islas y fue recibido en Tenerife con una potente explosión en la refinería Cepsa, reivindicada por el Mpaiac. Y del mismo modo, los medios informativos nacionales se hicieron eco también en febrero de algo que quizás fuera una filtración interesada del Ministerio de Gobernación para criminalizar al Mpaiac: que activistas del GRAPO habían colocado una serie de bombas en Madrid reivindicadas por los independentistas isleños.

Ante la señal favorable emitida por el Gobierno de Suárez hacia Argelia, incluso Moscú movió ficha en marzo en orden a ganarse posiciones en Canarias. La URSS temía seriamente que la OTAN finalmente lograra hacer de las Islas una posición en el Atlántico Medio Oriental. Y destinó dinero al asunto. El ministro soviético de Pesca en persona se trasladó a Las Palmas de Gran Canaria para firmar un convenio con Astican, por el cual este astillero público haría las reparaciones de toda la flota rusa desplegada en el Atlántico Sur, incluida naturalmente la que tenía por base el propio Puerto de La Luz. La URSS, que se gastaría en ello 5.000 millones de las antiguas pesetas (de 1978), otorgó así el primer alivio serio a un importante sector portuario grancanario, perjudicado como nunca antes a causa de la "marroquinización" del banco canario-sahariano. El acuerdo de Astican creó inquietud en la embajada norteamericana en Madrid, hasta el punto de que varios senadores estadounidenses, miembros del Comité de Relaciones Exteriores, que estaban en gira por España y varios países europeos, añadieron una estancia en Gran Canaria. Tuvieron una reunión con el entonces presidente del astillero, Antonio Márquez. "Estaban obsesivos con el convenio", ha recordado Márquez, "me sorprendió tanto interés, vinieron casi a interrogar".

El 18 de marzo entró en vigor el régimen autonómico provisional de las Islas. Pero este acontecimiento político, de indudable trascendencia, quedó totalmente eclipsado por el conflicto interno de la UCD canaria. Partida en tres (Gran Canaria, Tenerife y las islas menores) y enfrascada en un pleito insularista a cuenta de la elección del liberal tinerfeño Alfonso Soriano como presidente de la junta, estaban en los tribunales.

A CUCHILLADAS

El 5 de abril Antonio Cubillo regresaba a su domicilio en Argel. Había reservado billete para un vuelo Argel-Roma, donde debía encontrarse con el secretario general de la OUA para viajar juntos a Nueva York, a donde el líder del Mpaiac había sido invitado a la presentación del Dossier Canarias. Pero nunca fue. Un mercenario vinculado al FRAP (grupo terrorista de extrema izquierda español) lo esperó en el rellano de la escalera y le asestó dos puñaladas en la puerta del ascensor. Salvó la vida de milagro pero quedó paralítico y seriamente afectado en varios órganos vitales. El atacante había sido inducido por Juan Antonio Alfonso, un topo del comisario Conesa en el GRAPO, con contactos en el Mpaiac. Fue un acto de terrorismo de Estado por el que, muchos años después, fue condenado el Gobierno español. Una investigación posterior del Parlamento Federal de Baja Sajonia (Alemania) probaría, asimismo, que varios individuos vinculados a los servicios secretos alemanes, Wemer Mauss y el yugoslavo Jelko Susak, encargados de velar por los intereses de algún turoperador en las Islas, habían participado en la logística del atentado.

Ese mismo mes los periódicos isleños anunciaban que Adolfo Suárez retrasaba su segundo viaje a las Islas. También daban cuenta del inicio de una gira de su ministro de Exteriores, Marcelino Oreja, por varios países africanos, que en mayo le llevaría a Jartum para reunirse con el presidente sudanés, Al Numeiri, anfitrión de la nueva cita de la OUA. Cubillo había sido desactivado.