LAS VACAS LOCAS Y LA CABAÑA CANARIA.

"En estos días no se habla de otra cosa que de las Vacas Locas y de la peligrosa enfermedad que puede acarrear el consumo de carne de res debido a que se les ha estado alimentando con harinas de animales enfermos, regalo de la Comunidad Europea. Se ha denunciado incluso que tres clínicas y hospitales canarios han recibido de Inglaterra productos contaminados con la citada enfermedad y que ya ha habido varios casos de muertes en Canarias de personas afectadas con la citada enfermedad aunque no se dice nada. Esto nos debe recordar lo sucedido en marzo de 1.962 con las lecheras en la isla de Tenerife, donde tuve que actuar como Abogado en defensa de este colectivo tinerfeño y por lo cual fui encarcelado durante 45 días junto con varias lecheras y distribuidores de leche en la prisión de Tenerife.

La causa de aquellos sucesos de marzo del 62 fue con motivo de la creación en Tenerife de la Empresa monopolista "Iltesa, S.A.", con apoyos del gobierno de Madrid, que tenía el proyecto de monopolizar la distribución de la leche en la isla. Primero se lanzó una campaña de desprestigio contra las Lecheras, las cuales desde siglos venían a las ciudades con sus cacharros de leche desde los pueblos de la Esperanza, Tegueste, Las Mercedes o El Escobonal y vendían su producto casa por casa a sus clientes de muchos años. Los jóvenes de aquella época crecimos sanos y fuertes sobre todo por estar alimentados con la leche de vaca canaria que diariamente traín aquellas buenas trabajadoras, ordeñada en la madrugada de cada día, con aquella nata que servía a nuestras madres para hacer la mantequilla de la semana.

Precisamente a finales del año 61 se empezó una campaña de desprestigio en la prensa y radio locales contra las lecheras diciendo que si echaban agua en la leche y otros disparates más, cuando todos veíamos que en cuanto hervía aquella sabrosa leche salía despues una nata amarilla como no se ve hoy en día en ninguna de las actuales leches de importación. El monopolio de Iltesa tenía la intención de vender leche en botellas diciendo que era más limpio y más higíenico, pero en realidad estaban engañanado al pueblo pues la hacían con leche en polvo importada de Dinamarca y Holanda. A las lecheras le dijeron que les comprarían toda la leche a un precio que ellos iban a imponer y que lo aceptaban o si no, habría guerra.

Lo que pasó es que en marzo del 62 concentramos en protesta unas 500 lecheras con sus cacharros ante el Gobierno Civil del gobernador aquel llamado Ballesteros Gaibrois, el cual dio órdenes a los grises de atacar con sus porras y detener a unas cinco de ellas así como a mí que me fueron a detener a mi despacho de abogado, cosa que hizo el siniestro comisario español Matute, de triste recuerdo y después de tres días de interrogatorio en los sótanos del gobierno civil nos mandaron a prisión, por reivindicar los justos y legítimos derechos de las lecheras y el derecho a seguir vendiendo leche canaria del ganado isleño y no de importación como pretendía la empresa Iltesa,S.A..

Posteriormente "Iltesa" se negó a comprar la leche de las lecheras a quienes el gobernador franquista les prohibió la venta ambulante. Resultado, tuvieron que ir vendiendo las vacas poco a poco hasta su desaparición cumpliéndose así el proyecto de la metrópoli española de acabar con la cabaña vacuna canaria, pues esto afectó después a todas las islas, aunque especialmente en las occidentales done había casi unas setenta mil vacas en aquellos años.

Desaparecidas las lecheras, desparecían las vacas canarias, desaparecía el estiercol que era el abono de los cultivos, se empobrecían los pastos y la agricultura y la tierra moría poco a poco al tener que emplear abonos químicos de importación que controlaban las empresas españolas. Los montes se llenaron de pinocha al no venir las pinilleras a recoger el pinocho para las camas de las vacas; el bosque canario perecía y el ciclo vital se agotaba paulatinameente, poniendo en peligro nuestro frágil ecosistema. El ganado vacuno canario que después de cinco siglos tenía unas características genéticas propias y no tenía enfermedas extrañas, fue desapareciendo irremediablemente, quedando algunos ejemplares de la llamada Vaca Basta Canaria para llevarlas a las fiestas y romerías a tirar de las carretas. Todo ello fue preparado siguiendo directivas de la metrópoli en una estrategia bien calculada que lo que buscaba era convertir la tierra cultivable canaria en solares para edificar urbanizaciones para los extranjeros o salones comerciales para las internacionales que vendrían a establecerse en las islas o chalets para los turistas. Esta polítca se extendió después a todas las islas y todo el pueblo tuvo que entrar por el aro.

Cuarente años después parece como si ahora pagamos las maldiciones de las lecheras a las que se les arruinó e impidió trabajar y modernizarse un día para que ahora no se tome sino leche insípida en cartones, que viene de lejanos países, sin gusto, sin nata y sin sabor. Y que como consecuencia de aquella política colonial ahora se ha perdido la cabaña vacuna y estamos en la actualidad bajo la amenaza de la enfermedad de las vacas locas, la falta de carne del país y la destrucción y el abandono de nuestra agricultura. Todo esto ha sido explotado no obstante por los aprovechados de siempre que se han dedicado a importar ganado vacuno de Europa, a sabiendas de que está contaminado por la enfermedad de las vacas locas, pero como este ganado está subvencionado y encima se reciben primas a la importación, pues venga a traer carne de vaca congelada o ganado vivo de los países donde se ha detectado la enfermedad peligrosa de las vacas locas. Sabemos incluso que algunos importadores canarios de carne se dedican a traer containers de huesos, que después declaran como si fuera carne congelada, cobran sus primas y después venden los huesos de ganado vacuno a las fábricas de harinas en Canarias, para así seguir envenenando a todo el ciclo ganadero y humano.

¿Qué hacer ante tan terrible problema?. La única medida posible sería acabar con todo el ganado europeo que se ha importado y con todo el ganado contaminado que de positivo de la enfermedad de las vacas locas, establecer un control en los puertos canarios, destruir toda la harina animal para ganado que se halle en las islas, impedir su importación y después importar ganado vacuno de Argentina y Uruguay donde hay más de sesenta millones de vacas alimentadas por pastos de la Pampa o de los llanos uruguayos, y al mismo tiempo importar pastos para dicho ganado y poner en explotación en Canarias zonas de pastos que las hay y muy buenas, así como desarrollar el ganado canario caprino y ovejero, poniendo en práctica una política de protección del sector ganadero isleño. No hay otra solución, pero dudamos mucho que los políticos canarios y los importadores de carne lleven a cabo esta solución porque para ellos no significa ganancias y subvenciones que se pueden manipular como sucede con las importaciones de carne de la Comunidad Europea donde han ganado miles de millones sin importarles la salud de nuestro pueblo y donde se han hecho grandes fortunas en Canarias, fortunas y personajes que muchos conocemos.

*Antonio Cubillo Ferreira.

*Abogado y Presidente del Congreso Nacional de Canarias.

Añaza 7 de febrero del 2.001.