Los límites del crecimiento demográfico en Canarias

Wladimiro Rodríguez Brito

Vivimos en tiempos de sostenibilidad o de desarrollo sostenible, al menos en nuestras declaraciones públicas y como ideal social. Es por lo que resulta oportuno reflexionar sobre el futuro de nuestro modelo territorial y social, en su más amplio sentido. Debe ser ésta una reflexión serena, desapasionada y rigurosa, basada en el análisis del modelo económico y ambiental imperante en nuestro territorio que ha hipotecado gravemente nuestro medio ambiente, nuestra sociedad y nuestra cultura.

Son numerosos los datos que nos alertan, desde hace décadas, de la colmatación de un espacio limitado como es el nuestro, vinculado a un modo de vida muy poco respetuoso con la naturaleza y el sentido común. Desde la producción de residuos, situada en una cifra de 600 kilos de residuos sólidos por habitante y año, hasta la demanda de agua potable, que supera los 90 m3/hab./año (de la que depuramos una cantidad muy baja), suponen datos más que preocupantes y claramente insostenibles para cualquier sociedad. Por otro lado, apenas estamos cultivando 500 m2 de tierra por habitante, lo que significa que tenemos una dependencia extraordinaria de las importaciones de alimentos, con las servidumbres y riesgos evidentes que ello conlleva.

Podríamos continuar enumerando sin descanso otras variables que dejan bien a las claras la espiral descontrolada en que esta sociedad archipielágica está inmersa, sin que nadie se atreva a introducir un mínimo debate político y social sobre la urgente necesidad de poner algún orden o concierto en nuestro crecimiento poblacional. Hay que tener en cuenta que, en un territorio de apenas 2.000 km2 nos movemos más de un millón de habitantes (incluyendo turistas), con más de 600.000 coches circulando, a lo que hay que añadir que cada año se incrementa este número con una población superior al municipio de Icod de los Vinos (21.000 habitantes) con todo lo que esto significa de nuevas demandas que hay que cubrir, agua, electricidad, hospitales, etc.

Desde luego, este planteamiento no debe ser utilizado como arma política ni entendido como argumento xenófobo. Es simplemente utilizar el sentido común para intentar ofrecer soluciones a un problema que cuanto más tardemos en solucionar más complicado y peligroso se tornará. En definitiva, los ciudadanos y ciudadanas canarios deben ser conscientes que los límites ambientales de este territorio han sido ampliamente rebasados desde hace tiempo. Es necesario que nosotros, los que tenemos responsabilidades políticas, de todas las tendencias ideológicas, nos sentemos en torno a una mesa y hablemos con claridad y rigor de cuáles son los límites de este territorio. Asimismo, la Unión Europea debe entender la singularidad de este espacio tan lejano [de Europa] y reducido que soporta una presión demográfica y económica que compromete seriamente su desarrollo y la calidad de vida de sus pobladores. En ese sentido, es trabajo nuestro hacerles entender que se trata de establecer medidas tendentes a proteger un territorio frágil y no a convertirnos en una torre de marfil. Es fácil hacer demagogia en este tema por lo que pido que se trate con escrupuloso rigor y basándose en datos objetivos.

Insisto en que, sin alarmismos ni radicalismos, estas islas necesitan un debate sobre cómo poner freno a su crecimiento demográfico incontrolado, por su afección al Medio Ambiente pero también a la cultura y a toda la sociedad. No podemos continuar hipotecando Canarias en continuos alardes de crecimiento, en el que no podemos estar simplemente satisfechos porque los bosques estén en su mejor momento en los últimos 500 años. Por supuesto que hay que valorar positivamente esta labor pero no debemos descuidar lo que ocurre por debajo de la Corona Forestal o en los límites de nuestros espacios naturales protegidos. Toda la isla es importante. En definitiva, el Medio Ambiente no sólo abarca los espacios naturales protegidos sino, sobre todo, son las personas y el marco en el que viven (sea urbano, rural o natural), así como su futuro ambiental y social. Es por lo que tenemos la responsabilidad ineludible de proteger y conservar todo este importante patrimonio para las generaciones venideras. Hay que recordar una vez más la frase de que la tierra no la heredamos de nuestros padres sino que la tenemos prestada de nuestros hijos.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife