Llamar "godo" a un español cuesta ahora 130 euros.

Francisco P.de Luka

Quién lo iba a decir hace 25 años, cuando en nuestras islas bullía el espíritu luchador por cada esquina de las calles y ellos caminaban inseguros y temerosos, mirando a todas partes a ver si algún canario les clavaba con la vista. Y uno se acuerda en el bar, cuando pedía altaneramente un "jerez" y la "z" final retumbaba horrible provocando que decenas de miradas se posaran sobre el español de turno. Eran hechos cotidianos las broncas que se formaban cuando en Carnavales uno de aquellos insensatos recién llegados de la Metrópoli pretendía de forma grosera y entrometida levantarle la piba hermosa a un canario: ¿qué te pasa a tí godo hediondo? ¡ te pego una trompada que te viro el totizo! –rugía fiero el guanche entre los balbuceos del "audaz" europeo.

La sentencia arriba entitulada la escuchamos la semana que termina por boca de algún locutor de la conocida Radio Chum Tenerife (últimamente supervisada por un censor llegado de allende los mares llamado "director de contenidos" o algo así) en plan paternal y como sugiriendo a los oyentes lo que les puede caer si llaman "godo" a cualquier español que se encuentren por el camino. Fue la única emisora que difundió tamaño "delito" aunque, afortunadamente, el contrapunto lo puso un conocido periodista canario que argumentó, rápido en reflejos, que los 130 euros los daría muy a gusto ante un prepotente intruso. Da la impresión que la publicidad del hecho pretende erradicar de esta colonia la más elemental arma dialéctica con que nuestro pueblo se puede defender mínimamente de la descomunal arribada de españoles a las islas en la última década. Precisamente por eso. Por el cada vez mayor número de aquellos que se van aposentando en nuestro territorio y como medida ejemplarizante ante los más que probables choques filoétnicos que puedan ocurrir. Se sienta un precedente judicial y el godillo se frota las manos pensando que ya puede mangonear, avasallar o abusar del isleño con total impunidad. Está "protegido" por la ley. Sabe de la nobleza de nuestra gente y sabe que, si el español pasa de "puntillas" y no muestra su prepotencia, en el mejor de los casos es soportado en silencio y totalmente ignorado. Pero, si se pasa un pelín se arriesga a que lo llamen "godo". Ahora, ya no habrá problemas para él. Ya ni siquiera sonreirá resignadamente aceptando de buen grado tan común y conocida denominación. Ahora puede denunciar sobre la marcha. A la vista de lo anterior, proponemos dos soluciones:

a) promover una "caja de resistencia" -una baquita- a nivel nacional canario a razón de un simbólico euro cada isleño y hacerla pública a los cuatro vientos, con el fin de hacer frente a las posibles y numerosas multas.

b) simplemente no llamarlo "godo" y llamarlo "español". ¿Será un delito llamar a alguien por lo que es?

Desde luego, no estaría mal el aumento de la represión "multual" si con eso elevamos aún más el nivel de conciencia nacional canario que, por cierto, está creciendo exponencialmente por una serie de factores económicos, de superpoblación, ecológicos, etcétera y más en una juventud que está despertando de su anorgasmismo y que está presenciando la realidad pura y dura. Nucleado por la tozudez de la verdadera situación nuestro pueblo va despertando. Si un godo fue llamado como tal por un canario y este hecho trascendió a la prensa en forma de denuncia es señal, estadísticamente tratado, que es la punta del iceberg de otros muchos casos que no fueron denunciados. El colonialismo, nos da esa impresión, parece que quiere poner coto a este repunte social, aunque tengamos que sufrir las impertinencias y los atropellos de los portadores de rostros inexpresivos que hablan escupiendo y con un acento un tanto extraño.

Y para terminar lo haremos recordando una anécdota que ocurrió hace bastantes años en La Esperanza, Tenerife:

Un godo caminaba por el campo en verano y de pronto ve una tanquilla de agua y empieza a beber. Desde lo alto de un risco un mago canario le grita haciéndole gestos: "¡Apárese cristiano, no se apimpe que está merdellona, qu´eso es pa´ los cochinos del goro! ". El godo levanta la cabeza y le grita despectivo:" ¿Qué dices tío cateto ? ¡A mí me hablas en español! ". Y le contesta el mago: "¡Sí, sí , le decía que beba, beba usted despacito y poco a poco pa´que la saboree bien !...."