Loa al ser humano
Jovanka Vaccari Barba Barba
-ismo: sufijo restrictivo que incrementa la voluntad en detrimento de la sustancia. Así, comunismo, capitalismo, pasotismo, islamismo, cientifismo... El irrepetible Jünger. Bien.
El error más grave del ecologismo, a mi entender, ha sido no combatir de raíz la idea de que nuestra especie es la favorita de Dios, dotada de su misma inteligencia y, como tal, heredera de la Tierra con todas las criaturas y tesoros que en ella habitan.
Hasta esa interpretación, el ser humano, en todas y cada una de las culturas de la historia, entendía que era una manifestación más de la vida y que estaba tan sujeto a las leyes termodinámicas como lo está un mirlo o un helecho. Pero el 'punto de partida' de la cultura judeocristiana lo cambió todo: durante veinte siglos, el Hijo de Dios ha entendido que el privilegio otorgado le eximía de ser 'animal' y, por contra, le convertía en propietario de un latifundio que podía usar y disfrutar hasta la extenuación ('explotar', en hebreo industrial) porque ya se encargaría Dios, más tarde o más temprano, de prepararnos otro paraíso para jugar. El resultado está al alcance de la sensibilidad de cualquiera: agotamiento de los recursos naturales, aniquilación de innumerables especies animales y vegetales, contaminaciones irreversibles, destrucción sistemática, premeditada y alevosa de elementos esenciales para la vida orgánica pero, sobre todo, la autoimagen -sugerida por la ecología, disciplina que investiga qué mecanismos interactúan en la gestión y administración 'natural' de un sistema ambiental- de que somos los predadores más despiadados de la historia natural.
Desde el punto de vista de la ecología no tengo nada que objetar: como ciencia, describe una especie en relación al medio en el que vive y las repercusiones que tienen sus comportamientos sobre éste. Pero sí objeto el punto de vista ecologista porque su 'ismo' refleja una moral que no nos ve como predadores supervivientes de la larga carrera evolutiva, sino, otra vez, como los hijos de Dios, dotados de inteligencia y propietarios 'responsables' de la Tierra, que se portan mal, muy mal, y son peor gente que los mosquitos de la malaria o las pirañas. Me niego.
Yo no soy hija de Dios. Ni propietaria de nada por designio divino. Ni me espera otra vida en ningún lado. Soy una individua de la especie Homo sapies sapiens, con una inteligencia para la supervivencia similar a la del resto de las especies, que ha estudiado-trabajado en ecología, medio ambiente y etología y que puede afirmar, desde esos puntos de vista, que el ser humano es el animal más cariñoso, generoso y solidario de todos cuantos conozco (y me he hinchado a ver documentales naturalistas, żeh?).
żLes parece excesivo? Pues yo creo que me quedo corta. No hay más que fijarse: ayer mismo, en un documental de la 2, un equipo de 6 personas, 6, dedicaba varias semanas a sanar la pata de un guepardito mediante masajes, dieta especial, cariño y auxilios médicos; cada día, noticias de desastres naturales nos hacen llegar imágenes de gente que arriesga su vida por salvar osos, caballos o gacelas; en caso de riesgo, el único animal que corre a proteger a otro de especie distinta es el ser humano; y en caso de pena, tristeza o desvalimiento de un ser, el que más cariño físico y psicológico suministra. Ni la madre de Bambi era tan entregada.
Habrá quien me diga que estos comportamientos son el resultado de la concienciación, pero también tengo respuesta: los niños menores de 2 años, aún libres de ciertas influencias culturales. Su compasión por los animales heridos, su deseo irreductible de curarlos, su irrefrenable tentación de acariciarlos o su determinada vocación de compartir con ellos experiencias, territorio y comida, nos descubren al animal más desinteresado de todos los existentes, digno de ser loado. Y si pudiéramos verlo ecológicamente (en relación al medio) en lugar de verlo ecologistamente (en relación a la propia moral como autorreferencia), estaríamos anímicamente mejor preparados para emprender la reconstrucción ecológica del planeta.
Y ya sé, ya sé que también somos capaces de torturar o de inventar corporaciones manipuladoras, pero eso lo dejo para otro día que esté más clorhídrica. Hoy quiero felicitarme y felicitarle a usted por ser humano. Besitos.