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La confluencia de izquierdas en Canarias a partir del 25-M
Octavio Hernández
Mirando la experiencia histórica de los últimos 25 años, la izquierda en Canarias nunca ha conseguido implantación social ni buenos resultados sin
1) basarse en los municipios,
y 2) confluir en coalición con otras organizaciones afines.
La izquierda en Canarias nunca ha logrado crecer, hacerse representativa ni participar en la gobernabilidad sin confluir hasta alcanzar acuerdos de coalición sobre una base municipal.
Ahora bien, normalmente sólo han sido posibles acuerdos locales si previamente se había establecido un marco global entre organizaciones más allá de los municipios.
Eso es inviable si cada fuerza política no abandona el carácter endogámico y cerrado, la actividad grupuscular y la hipersensibilidad a cambios de significado o de discurso, que son un cáncer para la izquierda en una democracia representativa como la que existe en Canarias, lastrada por:
1) las concomitancias cómplices y opacas entre las elites partidistas, empresariales y de los medios de comunicación, así como la ausencia de división de poderes,
2) la triple barrera electoral,
3) la dependencia de las clases medias de la función pública y del empleo en la Administración Autonómica y los subsistemas de Educación y Sanidad, los Cabildos y Ayuntamientos, las Universidades, las empresas públicas o las entidades subcontratadas o subvencionadas;
y 4) la condición colonial o estatus dependiente del Archipiélago en el estado español.
Estas condiciones ahogan tanto el pluralismo y la libertad de expresión como la acción colectiva de la izquierda en su conjunto, a la vez que determinan el conservadurismo y la resistencia a las alternativas de cambio social en la sociedad canaria. El resultado es una democracia anémica, en expresión del politólogo Robert Dahl.
Esta situación política del archipiélago invita a la unidad de la izquierda canaria, ya que en estas condiciones el inmovilismo en torno a las propias siglas y proyectos político-electorales conduce, más si cabe, a la marginalidad en el sistema político isleño.
Debido también a estas condiciones de precariedad democrática, fracasarán aquellos dirigentes que crean que es posible tener algún éxito desarrollando sus partidos en solitario y sin confluir en torno a un programa, un discurso y un lenguaje acordado en común con otras fuerzas políticas de base local.
Al contrario, en la práctica los mejores resultados se obtienen allí donde existe confluencia entre partidos, allí donde se alcanzan consensos para mejorar la implantación de un proyecto de mutuo acuerdo, y no allí donde los partidos de izquierda compiten entre sí.
Es posible que inicialmente una coalición no alcance un resultado electoral superior al que sumaría el conjunto de los partidos presentándose cada uno por separado, debido al retroceso que suele acompañar la concurrencia unitaria. Aún así, siempre resulta más eficaz concentrar el electorado para obtener mayor implantación institucional, que presentarse por separado creciendo cada fuerza electoralmente, pero sin posibilidades de condicionar la gobernabilidad.
Los buenos resultados son fruto de buenas alianzas, pero éstas en Canarias vienen determinadas por una dinámica propia.
Cuando el partido aglutinador ha tenido unas siglas de ámbito estatal o federal (Izquierda Unida, Los Verdes), esta condición ha impedido el acercamiento de fuerzas locales, porque
1) rechazan la absorción de su identidad en la imagen de una fuerza que les es ajena,
2) las fuerzas estatales o federales son identificadas como no-locales, no-insulares o no-canarias.
y 3) los partidos de una isla tienen además identidad insular y reclaman la no injerencia en el ámbito insular, considerándolo un marco autónomo y propio.
El resultado es que en el archipiélago estos partidos de izquierda de ámbito estatal o federal nunca han tenido unas siglas lo suficientemente fuertes como para garantizarles un proyecto en solitario a la izquierda del PSOE, pero sí para disuadir a otros partidos de coaligarse, so pena de quedar diluidos o absorbidos por la imagen del socio mayoritario.
Por lo tanto, la coalición de izquierdas en las islas siempre ha dado lugar a unas siglas y una identidad de nueva creación, no preexistente, en la que se omite la dimensión estatal o federal y se adopta una disciplina canaria. Así ha ocurrido invariablemente con PCU, UPC, ICU, AC-INC, ICAN y APC.
Aunque el discurso de la unidad es una constante en la trayectoria histórica de las izquierdas, la confluencia sólo se ha realizado partiendo de una necesidad electoral y fruto de un contexto histórico determinado, ya sea el final del franquismo, el proceso constituyente y autonómico, el referéndum OTAN, la participación en el parlamento y gobierno de la Autonomía o la insostenibilidad social y ambiental del modelo económico dependiente tras la adhesión plena a la Unión Europea.
Después del 25-M se ha abierto un nuevo ciclo político para la izquierda canaria, cuyos principales indicadores son:
1) Como ha señalado el politólogo Pedro Lasso, se consolida la tendencia a una creciente disgregación del espacio electoral de los tres grandes partidos convencionales (CC, PP, PSOE) y el surgimiento de numerosas fuerzas políticas de ámbito exclusivamente municipal.
2) Como demostró la manifestación por Vilaflor del 23 de noviembre de 2002, existe un creciente movimiento ciudadano de autodefensa social (contra la precarización de los sistemas sanitario y educativo, contra el aumento demográfico) y ambiental (por la conservación de la salud y los espacios naturales). Este movimiento excede con mucho al movimiento ecologista y no se comporta como un promotor de cambio social, sino como un indicador de un cambio de valores fruto de los límites del crecimiento del modelo económico dependiente.
3) Los resultados electorales han supuesto un duro correctivo para ICAN e IUC, los partidos que protagonizaron el drama autodestructivo de la izquierda canaria entre 1987 y 1995, a la vez que despuntan proyectos alternativos como AC-25M, APC o Los Verdes, junto a una pléyade de fuerzas políticas municipales que no disponen de representación insular ni nacional.
Por todas estas razones la confluencia de la izquierda alternativa al PSOE, ICAN e IUC, sin talante excluyente hacia las personas procedentes de estas organizaciones, no sólo es posible, sino además necesaria.
Esta confluencia tendría que partir de varios principios y de un programa base que sirvan para organizar la pluralidad. Los principios más cercanos a las preocupaciones actuales de la izquierda canaria pueden parecer muy evidentes, pero es que lo evidente en Canarias es precisamente aquello con lo que todo el mundo polemiza. Son los siguientes:
1) Que lo que dios ha unido, no lo separe el hombre. Allí donde ya existen alianzas municipales de izquierdas, que se mantengan por principio estratégicamente por encima de las diferencias políticas temporales y la pugna entre partidos por la influencia. Que nunca se discutan las alianzas para romperlas, sino siempre para ampliarlas sobre las que ya existen.
2) Cada uno en su casa y dios en la de todos. Puede formarse un partido con simpatizantes que no lo tienen, pero no con los afiliados de otros partidos. La fusión en una gran organización única no es descartable, pero hoy es sólo una hipótesis que no está en la agenda del día a día. Se puede trabajar con ese horizonte al que no se llega nunca andando porque la tierra es redonda. La confluencia, en principio, produce una coalición de partidos que gozan de autonomía y buscan el respeto de sus fronteras locales de actuación, pero también desean coordinarse en la concurrencia conjunta insular, nacional, estatal y europea.
3) Mirar la espiga en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Es necesario admitir que existe un lenguaje común que la izquierda canaria puede compartir para la confluencia. Existe, pero es preciso buscarlo separando las estridencias que cada uno juzga en los demás. Aquello sobre lo que no haya acuerdo, no se rechace: que se disimule con el lenguaje hasta un momento de maduración posterior. Aquello que se apruebe por una mayoría bien informada, legítima y aceptada, no puede continuar objetándose eternamente.
¿Con qué programa base de confluencia?
Alternativa Social: Un programa de oposición al neoliberalismo que critique frontalmente los resultados de las privatizaciones y las exenciones fiscales a la patronal y elabore propuestas propias de cambio socio-económico adaptadas a Canarias, preservando y ampliando el control público en las administraciones y empresas de servicios de interés social y garantizando la financiación pública sobre la base de la progresividad fiscal.
Alternativa Ciudadana: Un programa que pretende la aplicación a la gestión pública y la participación ciudadana de nuevas medidas para una transformación de la democracia representativa: cogestión, presupuesto participativo, referéndum, iniciativas, etc.
Alternativa Verde: Un programa que pretende la aplicación de los principios del desarrollo sostenible contando con el movimiento ciudadano en la gestión pública.
Alternativa Nacional Canaria: Un programa que pretende impedir y revertir la dependencia estructural y sus efectos políticos, económicos, sociales y medioambientales en Canarias, sin descartar la descolonización del Archipiélago.
Propuesta de acción conjunta
Además del inicio de conversaciones entre fuerzas políticas, para desarrollar una labor conjunta que ponga a prueba la voluntad real de unidad se propone poner en práctica la confluencia en torno a tres acontecimientos:
1) Las elecciones generales de marzo de 2004.
2) La renovación de la Reserva de Inversiones de Canarias antes de 2006.
3) El referéndum constitucional europeo de julio de 2003.
22 de septiembre de 2003