LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVÓ
Camilo Estrada Luviano
El Estado surgió para defender y salvaguardar la propiedad privada sobre los medios de producción; defenderla de todos aquellos que no fueran beneficiarios de ella, de los desposeídos en última instancia, porque al poseer unos, otros forzosamente no tenían esos medios de producción lo que introdujo en las primeras comunidades humanas la desigualdad económica, y dentro de esas comunidades esa desigualdad se produjo, primeramente, los grupos más pequeños, eso que ahora, con cierta licencia, llamaríamos familias.
El Estado no es invento de nadie en particular, más bien es resultado del aumento de lo que la comunidad era capaz de producir que al tiempo pareció un excedente ya que se podía producir más de lo que, por lo pronto, se necesitaba para satisfacer las necesidades de ese grupo humano. Esto llevó a que el "excedente" pudiera ser intercambiado con otras comunidades que también tuvieran un "excedente" de algo que lo fuera para ellos, pero que a la vez necesitara la otra comunidad. Este intercambio elevó la posibilidad de tener algo de lo que se carecía y, más adelante, al aumentar el intercambio entre las comunidades, la capacidad de producir más y más diversos satisfactores aumentó, lo que posteriormente, al surgir la propiedad privada sobre los medios de producción, lo producido, obviamente, pertenecía al susodicho propietario y éste era el que podía intercambiar con otros, también propietarios de lo producido.
Siguiendo este razonamiento, se puede pensar que solamente los propietarios de los medios de producción tenían y, por medio del intercambio, podían tener más. El resto de los miembros de la comunidad al no tener nada morirían forzosamente. Llegar a esta conclusión sería, además de una tontería, estar en contra de lo que ha sido la historia.
En primer lugar hay que señalar que los satisfactores, cuya producción aumenta constantemente y que se intercambian, no se encuentran en un cuerno de la abundancia, -como enseñaban antaño en las escuelas mexicanas denominando así al país-, sino que son producto del trabajo de los hombres. Son éstos los que transforman conscientemente la naturaleza para la elaboración de satisfactores y obvio es que la producción toda no la puede elaborar el propietario de los medios de producción solo, por lo tanto tiene, obligadamente, que contratar mano de obra, y ésta que no es otra cosa que la capacidad de trabajar que posee el hombre. Entonces, el propietario de los medios de producción siempre ha tenido que "compartir" con los trabajadores el resultado del trabajo de éstos. Lo que "comparte" es lo que recibe el trabajador por haber elaborado la producción que nunca sería todo el trabajo que realiza. Si así fuera, tendríamos que el propietario de los medios de producción al desgastarse estos hasta terminarse recibiría sólo el equivalente a ese desgaste y así cuando esos medios de producción se terminaran podrían ser repuestos y el trabajador recibiría el restante de la producción. Esto significaría que el propietario de los medios de producción no ganaría nada, solamente, diríamos en conceptos actuales, repondría lo invertido.
Esto no sucedió así en ninguna parte del mundo, en ninguna sociedad ni nunca en el tiempo. Desde el surgimiento de la propiedad privada sobre los medios de producción los propietarios crearon el Estado para que, por medio del gobierno y sus aparatos represivos, el trabajador recibiera por su trabajo menos de lo que hiciese. La apropiación de esta cantidad de trabajo no pagado al trabajador ha ido cambiando con el devenir de la sociedad, pero siempre, de una u otra forma ha existido en toda sociedad en que predomine la propiedad privada sobre los medios de producción, en donde sea y por enmascarada o desnuda que esté ésa ha sido siempre la ganancia.
Como la sociedad siempre ha estado cambiando y, por lo mismo la forma de apropiarse de ese excedente disponible para la apropiación, al capitalismo se llegó con una forma de apropiación del trabajo ajeno, el de los trabajadores, de una manera totalmente encubierta, porque en el capitalismo el trabajador es libre de vender o no su capacidad de trabajar y, además, es igual que el capitalista y, por lo mismo, puede negarse a ser mano de obra de él. Claro que si el obrero decidiese no vender su capacidad de trabajar no comería y si todos se negaran a hacerlo ellos morirían, pero si eso sucediera, los capitalistas no podrían producir nada y tampoco tendrían ganancias y también morirían. Así que el obrero se ve obligado, quiera que no, a vender su fuerza de trabajo y el patrón le paga un salario por esa capacidad de trabajar. Como esto es lo que sucede, en el costo de lo que se produzca, en el capitalismo, entran los salarios, es decir el costo de la mano de obra, como uno de sus componentes.
En Bolivia, el 14 de julio de 2003, el gobierno de Gonzalo Sánchez de Loza firmó el decreto 27109 que fue "refrendado al día siguiente en el Parlamento durante un acto de interpelación, (y que) consolida la privatización de la mano de obra disponible en los cuarteles, en caso de ‘emergencia nacional’"(Wilson García Mérida,
http://www.rebelion.org) Con este decreto, que recibió el Visto Bueno de dos de los tres poderes de la República de Bolivia, muestra al mundo que "Son dos los pilares sobre los que se sustenta la administración de los cuarteles en el régimen vigente: mano de obra gratuita para enriquecer a empresarios inescrupulosos vinculados alas esferas castrenses; y ‘carne de cañón’ de una política genocida impuesta por la Embajada de Estados Unidos, en la que el joven conscripto se ve obligado a arriesgar su vida en enfrentamientos fraticidas con el movimiento popular y ciudadano" (Ibíd.) En Bolivia cada vez se incrementa más el uso de conscriptos "en tareas de erradicación forzosa de cocales" (Ibíd.) lo que es un excelente pretexto del gobierno usense en sus planes de tener el control total de nuestra Patria Grande, Latinoamérica.No nos sorprendamos que el gobierno declare como terroristas a los campesinos que se oponen a la política entreguista y desvergonzada del gobierno boliviano, porque, entre otros hechos vergonzantes, este infame y cínico decreto convierte, en los hechos, a los jóvenes conscriptos, que deben cumplir un deber para con la patria, en mano de obra esclava en una formación económicosocial donde predominan las relaciones capitalistas de producción.
24 de agosto de 2003