Oramas contempla cómo el sol de la tarde, con el faro de
espectador, se duerme sobre los espejos verdes de las Playas del Cotillo. Está
disfrutando, en un camping, de la tranquilidad y belleza de nuestra
Fuerteventura, con su compañera y su nieto Guize. El veterano profesor vio cuando llegó el
primer día, cómo el cemento y el asfalto se habían adueñado de los parajes naturales de los arenales del Cotillo. Lo
que pasa allí quizás sea el símbolo de lo que está pasando en el resto de la
isla y de nuestro Archipiélago. Todo el cinturón costero majorero está siendo
ahogado en el hormigón y el piche: las zonas de Corralejo, Puerto Rosario, Caleta de Fuste, Gran
Tarajal, Jandía, en fin, todo el litoral.
Siguen los rojos
soñolientos sobre el agua, mientras, Oramas medita sobre las beldades de esta
isla tendida al sol de los siglos. Bellezas que Miguel Unamuno
describió: Tiene la fortuna y la
hermosura, a la vez que la nobleza y robusta pobreza…. Conserva nuestra
isla majorera todavía una cierta tranquilidad, los paisajes pelados de sus
montañas invitan a la meditación y la trascendencia. Los matices azules y
verdes de sus aguas, seducen con su baño refrescante. Los restos de las casas
campesinas, de las paredes de piedra destartaladas y los techos de tierra; los
desvencijados molinos y los elevadores de agua nos recuerdan un pasado no tan
lejano: son símbolos de la capacidad de supervivencia de los canarios de
Fuerteventura. La aulaga, la palmera, la hubara canaria, el guirre, el la
cabra, el camello y ahora la ardilla dibujan sus siluetas sobre su paisaje más
genuino. Depende de los canarios y de
los aman esta tierra que se conserven y no triunfe la codicia de los piratas del
cemento. Quizás también dependa del frenazo del crecimiento de la industria
turística, que ha sido la mina de oro a la que han acudido gentes de todo el
planeta. Mano de obra en abundancia y riqueza que han de beneficiarnos a todos,
sin marginaciones.
La isla majorera
en el pasado ha soportado la esclavitud de los señores feudales bajo la bota de
los coroneles, las sequías, las hambrunas y el destierro de la emigración.
Siempre los piratas han estado ahí asomando con sus carabelas en el horizonte,
amenazando con llevárselos como esclavos o robarles sus tierras. En el presente
hay algunos nubarrones; pero de todas maneras confiemos, que con nuestro esfuerzo
y de los que quieren nuestras Islas, tengamos un presente y un futuro
más próspero y libre. A Oramas el
paisaje de la isla le ha inspirado: “Fuerteventura te digo / eres mar de
soledades / de silencios infinitos / de arenas dormidas / bajo cortinas de
calimas…”. Las sombras van adueñándose progresivamente de las aguas
soñolientas.
felix194@hotmail.com