Memento
Teodoro Santana
Cuando se celebraba un
triunfo en Roma, sobre el carro del general al que el pueblo aclamaba, iba un
esclavo que le decía en voz alta: "Respice post te! Hominem esse te
memento!" (¡Mira detrás de ti! ¡Recuerda que eres sólo un hombre!). Y
añadía: "Cave ne cadas!" (¡Cuida de no caer!). En la hora del
peloteo, de las carreras para reubicarse y de las prisas por pisar moqueta, convendría
que alguien le dijera a Rodríguez Zapatero: recuerda que eres sólo un hombre.
Que esta gente que te ha votado ya viene resabiada por el "OTAN, de
entrada no". Que va a ser muy difícil colarle una resolución chapucera de
la ONU que, dejando todo igual, sirva de excusa para mantener las tropas
españolas en Irak. Malos consejos los que le empujan al enjuague. Mucho más
cuando ni siquiera un mando militar de la ONU va a resolver el problema. Sólo
hay una salida: salir de la guerra. Mejor que no confíe en que los que le han
aupado no cambien de voto, o vuelvan a la abstención. Hay precedentes en la
misma historia de España. La proclamación de la I República supuso el fin del
reinado de Isabel II. Cuando se restauró la monarquía, su hijo Alfonso XII fue
recibido en Madrid de manera apoteósica. Emocionado, se dirigió a uno de los
manifestantes: "Gracias, gracias". Éste le respondió: "Esto no
es nada: ¡tendría usted que haber visto la que armamos cuando echamos a su
madre!". Recuerda que eres sólo un hombre. Cosa que hay que repetirle
también a Aznar. Y a sus epígonos, que lo habían divinizado. Justo en la cresta
de la ola, el ídolo demostró tener los pies de barro. Sus adoradores todavía no
se lo terminan de creer. Qué felices se las prometían. Y qué mal perder.
"Sic transit gloria mundi" (así pasa la gloria mundana), enseñaban
los estoicos. Irak es la clave. "¡No nos falles!", gritaba a Zapatero
su propia gente la noche del recuento. ¡Cuida de no caer!