MÉXICO LINDO Y QUERIDO

Camilo Estrada Luviano

Como los medios de comunicación machacan con tanta perseverancia, digna de mejores causas, que democracia es sinónimo de capitalismo, la así llamada "clase política" mexicana considera que vivimos en un régimen democrático y el partido en el gobierno, el PAN, (Partido Acción Nacional), afirma que en el país se está realizando el cambio. Vicente Fox y Quesada es el presidente "del cambio", porque después de más de siete décadas, el presidente de la República no es del PRI, (Partido Revolucionario Institucional), partido que surgió de la Revolución Mexicana. En cambio el PAN fue fundado como un partido de oposición a los gobiernos de la entonces llamada "familia revolucionaria".

Fox y Quesada, el presidente de la alternancia, como también le llaman, ciertamente es solamente eso: un presidente que llegó a la residencia oficial de Los Pinos, montado en esa burra vieja llamada PAN, pero que no ha sido capaz de realizar ningún cambio de fondo en el país. Es verdad que, como dice el mismo Fox, en el país ahora se pueden decir muchas cosas que en los gobiernos priístas no se podían decir, pero eso, aunque sea un cambio, no significa que sea precisamente positivo. Cambiar, según todos entendemos, es ya no ser lo mismo, lo que no es sinónimo de mejora. Hay cambios superficiales y, peor tantito, superficiales y negativos.

En México, aunque haya habido alternancia, esto no ha significado nada para la población en general. A algunos les ha ido muy bien en los negocios, porque el mismo presidente ha dicho que su gobierno es un gobierno de empresarios y para los empresarios, sin embargo, para que le vaya bien a los empresarios es necesario que éstos sean lo suficientemente grandes como para poder asociarse con capitales extranjeros, gringos en su mayoría; de no ser así, también a los capitalistas medianos y pequeños les ha ido mal; a algunos tanto o peor que a los trabajadores, porque no es lo mismo tener empleo y perderlo que tener capital y perderlo. En el caso del trabajador, pasa a aumentar el número de pobres, pero en el caso de los burgueses arruinados, éstos ven frente a sí la amenaza de convertirse en asalariados, -si bien les va-, porque si llegan al desempleo es la tragedia de su vida. Y, como en toda sociedad la ideología dominante es la de la clase dominante, es natural, en ausencia de un partido vanguardia de la clase obrera, que todos los caídos en desgracia, tanto obreros como capitalistas, tiendan hacia la derecha, porque la izquierda es la desgracia por antonomasia, es la "pérdida de la libertad y de la democracia".

En México el PRI llegó a grados de desvergüenza que provocó que en la derecha, los así llamados "bárbaros del norte", empresarios que aspiraron a gobernar, encontraran en el PAN el partido afín a sus aspiraciones, y a él se afiliaron y prestos empezaron a trabajar con ahínco para "modernizar" el vetusto partido político. No lo lograron del todo, hubo escisiones y deserciones, pero también hubo panistas de cepa que no renunciaron a seguir luchando por sus principios y que perseveraron en el mencionado partido, tratando de convivir con los "neopanistas". En el partido oficial, el PRI, quienes consideraron que el neoliberalismo y el arribo de los tecnócratas a la dirección del partido era una traición a los principios de la Revolución Mexicana se organizaron en la llamada Corriente Democrática para luchar dentro del mismo PRI, partido oficial desde hacía muchas décadas, con el fin de detener el avance incontenible y entreguista al imperialismo de los tecnócratas que habían tomado mayor fuerza con la llegada a la presidencia de la República de Miguel de la Madrid Hurtado. Los de la Corriente Crítica, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, fueron expulsados del partido gobernante.

La expulsión no acabó con ellos, sino que continuaron su lucha y lograron aglutinar otras fuerzas políticas en torno a la candidatura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas. El Partido Comunista Mexicano decretó su propia muerte para transformarse en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) que posteriormente se fusionó con el PMT, (Partido Mexicano de los Trabajadores), para conformar el Partido Mexicano Socialista, (PMS), que lanzó al Ing. Heberto Castillo como candidato a la presidencia de la República. Ante el avance de la campaña del hijo del General Lázaro Cárdenas, el Ingeniero Cárdenas, el candidato del PMS declinó y se sumó a la candidatura de Cuauhtémoc. En las elecciones de 1988 el Secretario de Gobernación, el priísta Manuel Bartlett, hoy Senador de la República, al ver que el triunfo era para el Frente Democrático Nacional, (FDN), cuyo candidato era Cuauhtémoc Cárdenas, simple y sencillamente declaró que se cayó el sistema de cómputo y ante esto se suspendió el conteo de la votación y luego declararon que el triunfador había sido, como siempre, el PRI cuyo candidato era Carlos Salinas de Gortari. La candidata del Partido Revolucionario de los Trabajadores, (PRT), la heroica luchadora social, Doña Rosario Ibarra de Piedra de inmediato reconoció el triunfo no de Salinas de Gortari, sino la del "Ingeniero", como el pueblo le decía a Cuauhtémoc Cárdenas. También el candidato del PAN, Manuel J. Clouthier se sumó al reconocimiento de Cárdenas y así quedó Salinas de Gortari solo. Pero entonces, aparece el Chapulín Colorado, el Partido Acción Nacional, el PAN, sí, el PAN, con el argumento de que se le diera a Salinas de Gortari la oportunidad de que se "legitimara" ejerciendo el poder. Así fue el más grande "triunfo" de los tecnócratas. Al término del sexenio de Salinas, el PRI designa como su candidato a Luis Donaldo Colosio que fue asesinado en plena campaña y pasa a ocupar su lugar Ernesto Zedillo, el siguiente fue el de la alternancia, Vicente Fox y Quesada. Y colorín colorado el cuento se ha acabado.

¿Puede haber cambio cuando las cosas han sucedido así? Es verdad que Cárdenas ha seguido en la lucha contra los de entreguistas, tanto priísta como panistas, pero no se le puede pedir peras al olmo, Cárdenas, ciertamente es un revolucionario, pero un revolucionario burgués que lucha por "los principios de la Revolución Mexicana" y, por lo mismo el partido que él fundó y gobierna el Distrito Federal, el Partido de la Revolución Democrática, (PRD), desde su nacimiento está atado al sistema. Ni aunque el PRD llegara a la presidencia de República, con su muy popular y querido Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, habría cambio, verdadero cambio, de fondo, a favor de los trabajadores, obreros, campesinos e indígenas, porque el capitalismo tiene como objetivo primordial la obtención de cada vez mayores ganancias y no el mejoramiento socioeconómico de los muertos de hambre.

Imposible hablar de que el PMS, como tampoco el PSUM fueran de la izquierda proeletaria, el PCM, -del cual venían-, nunca fue vanguardia del proletariado mexicano, como tampoco lo era el PMT, por eso se "unificaron", cediendo los autodenominados "comunistas" del viejo PCM a las pretensiones de Heberto Castillo de ser candidato a la Presidencia de la República, un viejo luchador social, aunque muy polémico, y aunque, aceptando sin conceder, ellos hubieran sido la vanguardia verdadera de los trabajadores y oprimidos, al pegarse, como vulgares arribistas, a la campaña política del FDN, aceptaron ir a la cola del sector nacionalista y más democrático de la burguesía mexicana, y esto no significa que ellos, los "revolucionarios comunistas", siguieran siendo tales, sino un abandono de sus principios de ellos en aras de la "modernización de la izquierda" convirtiéndose en "revolucionarios democráticos", si algo significa esa tontería.

16 de Septiembre de 2003