Microscopiando un nuevo pensamiento dominicano
Padre Luis Barrios
En este segundo domingo de Cuaresma, quiero rescatar el legado histórico de nuestro hermano y compañero Orlando Martínez, dentro del contexto de su espiritualidad liberadora. Muy particularmente, para quienes estamos aquí en la ciudad de Nueva York. Curiosamente, este joven periodista, politólogo y buen comunista, nació el 23 de septiembre de 1944, o sea, en el 76 aniversario del Grito de Lares -una de las gestas patrióticas del movimiento independentista y descolonizador de Puerto Rico-.
Nació Orlando en las Matas de Farfán, República Dominicana, y cursó estudios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En vida periodística demostró que es posible ejercer un periodismo sin máscara. Como comunicador social Orlando Martínez estableció un paradigma moral de la espiritualidad liberadora demostrando que toda palabra hablada y escrita tiene que ser validada con nuestras acciones. żEn que se basaba la espiritualidad de Orlando Martínez? En identificar, denunciar y combatir todo proceso de injusticia.
A mí me parece que en medio de la crisis que vive actualmente la República Dominicana en particular, y el resto del mundo en general, es necesario rescatar las palabras proféticas de Orlando Martínez quien en una entrevista se atrevió a decir; "...que ahora mismo hay que lanzar un combate por las ideas en las cuales uno cree, ya sea para que esas ideas germinen en el presente, ya sea para que aun cuando uno desaparezca, por muerte o por prisión o por deportación, esas ideas sirvan de simientes para la creación de un nuevo pensamiento en la República Dominicana".
Con sus ideas Orlando enfureció y a la misma vez enloqueció a Joaquín Balaguer y el resto de la oligarquía, los militares y la jerarquía de la Iglesia. Esto porque se convirtió en la conciencia moral dominicana. Sus escritos bajo la insignia liberadora de Microscopio puso al pueblo a ver lo que supuestamente no se podía ver. Por esto también creo que es posible combatir la inmoralidad de George W. Bush. Por supuesto, estas ideas deben estar acompañadas de la verdad y la valentía. Orlando no era cobarde, aunque tal vez en muchas ocasiones tuvo miedo. Pero ese miedo no lo detuvo y consecuentemente demostró que tampoco era neutral. El sabía y entendía la necesidad de tomar posición frente a las injusticias aceptando las consecuencias de la disidencia aun en tiempos difíciles. O sea, que Orlando convirtió su vida en un profetismo justiciero.
Orlando tampoco comprometió su deber porque era insubordinable. Su periodismo no tenía precio. También entendió la necesidad de la crítica y de la autocrítica. Esto por supuesto porque no era dogmático ni fanático. Por esto no escribía para hacer sentir bien a las personas sino más bien para problematizar nuestras realidades sociales y políticas, y ponernos a pensar, o sea, cuestionar. Por eso en sus homilías periodísticas le dijo a Joaquín Balaguer; "que se la pasaba preparándole la cama a los propietarios dominicanos". También le repitió con mucha autoridad "que para gobernar para la gente pobre es necesario quebrar la dependencia, realizar una reforma agraria profunda y nacionalizar las riquezas nacionales"; y "que solo con la construcción de un nuevo orden, de una nueva sociedad, puede la mayoría del pueblo salir de la vida subterránea que lleva"; y que "no se trata, y además sería imposible, de educar a una sociedad civilizada, sino de destruir las causas económicas que impiden el desarrollo integral del hombre [y de la mujer]".
Porque no pudo resistir sus fiscalizaciones a este ser humano tan maravilloso, Joaquín Balaguer lo asesinó. Lo asesinó con su odio, su repudio, incitando y protegiendo a quienes tiraron los gatillos. También lo asesinó manteniendo un silencio criminal y elaborando imágenes sarcásticas como lo fue su página en blanco. Por cuanto quienes pasaron, o están en la silla presidencial dominicana, no reconocieron y menospreciaron el asesinato de Orlando Martínez, el silencio les hace culpables. Por lo tanto tengo que denunciar que a este asesino y muñequito de papel, Antonio Guzmán lo escondió, Jacobo Majluta lo protegió, Jorge Blanco lo enalteció, Leonel Fernández lo exaltó e Hipólito Mejía lo glorificó. A todo este disparate hay que sumarle la manera tan nauseabunda que el imperialismo estadounidense ensalzó y la Iglesia canonizó a este terrorista.
Orlando -tal y como el hermano y compañero Jesús- validó su ministerio con el derramamiento de su sangre. Siempre estuvo disponible a matar la mentira con la verdad. Su fusil fue su pluma, su máquina de escribir y desde su trinchera luchó por la justicia. Por esto Orlando debe continuar siendo una cátedra moralista para toda aquella persona que se identifican como periodistas, como comunistas, como políticos, como dominicanos/as, entre otras. Debe ser un modelo de cómo poner en práctica el ateismo subversivo, ese que en la teoría niega a Dios pero en la lucha por la justicia y en el dar la vida por la construcción de un mundo mejor confirma la existencia de Dios. Los escritos de Orlando deberían ser un requisito de lectura para cada persona que trabaja en los medios de comunicación y dicen ser periodistas, o escritores/as. Estas personas que en este momento se han entregado a los caprichos del Presidente de los Estados Unidos para solo publicar lo que el les pida, tratando de ahogar de esta manera la voz de la disidencia. Cuando observamos la chabacanería y mediocridad de periodismo que existe en los medios de comunicación -particularmente los medios latinos lo que dan es nausea y vergüenza- deberíamos de comprender que el modelo de resistencia de Orlando hace falta.
Por supuesto en materia teológica, Orlando también debería ser un modelo para cada líder religioso/a que en momentos como los que estamos viviendo no se atreven a tomar una posición profética por temor a perder sus comodidades, privilegios, salarios o la vida. De aquí el que crea que Orlando era mas cristiano/a que muchos de nosotros/as que nos pasamos metidos de cabeza en las Iglesias.
Mientras seguimos microscopiando un nuevo pensamiento dominicano, en la construcción de la paz con justicia continuemos proclamando: Orlando Martínez vive y la lucha sigue.
*Padre Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas - New York, New York
15 de marzo de 2003