En el camino de la izquierda
Juan Jesús Ayala
Aunque es el título de un libro de Gustavo Bueno voy a pasarlo por
arriba, no voy a usar ninguna reseña ni hacer un solo aparte. Pero como se
habla de izquierdas, hablemos de ellas. Como también se habla de las derechas y
de los centros. Pero eso; dejémoslo para otro día.
¿Estamos en tiempos
de que aflore y se signifique la izquierda? ¿Es ésta necesaria en un mundo que
llaman globalizado y de, la opulencia? Y más aún, ¿en el gran espacio
occidental bajo el patronazgo del Fondo Monetario Internacional y del Banco
Mundial sirve de algo que mencionemos a las izquierdas? Se podrá decir que sí o
que no.
En la época que Marx escribió el Capital lo
hizo dentro del mismo cogollo del capitalismo, que era Londres, y las
circunstancias históricas, salvando los espacios y los tiempos, se puede decir
que son las mismas. Y la izquierda surgió. A la izquierda se le vituperó y
hasta se le demonizó. Ahora no. Ahora a la izquierda, a lo que llaman
izquierda, se le ríen las gracias y se les hace todo tipo de salutaciones y
reverencias. 0 sea, que da la impresión de que derechas e izquierdas caminan tangencialmente, dándose la mano, como
ramas de un mismo árbol.
Pero si andamos
continentes, por ejemplo el americano, donde la riqueza está mal repartida, si
nos metemos en el corazón de África, donde ciertas tribus manejadas por los
poderosos de otros mundos hacen su agosto y donde millones y millones de
personas han perdido y pierden la vida sólo para tener un mendrugo de pan que
llevarse a la boca, no cabe duda de que sí, que la izquierda y hasta una
verdadera revolución continental es necesaria.
Cosa distinta es a
nuestro alrededor, con personajes repeinados, con manos de manicura, con
afeites de saIón de belleza, con los engolamientos de un lenguaje que es casi críptico
porque no hay quien lo entienda. Pero no porque digan y enfaticen conceptos que
den definición a la izquierda, sino porque estando en el simulacro permanente
usan un lenguaje para el disimulo.
Digamos
pues la izquierda es un mito, un espejismo con el que se quiere dar una visión
diferente del mundo y con unos personajes que van a la búsqueda de un autor y
que no hay manera que lo encuentren.
Renegaron
del marxismo, aparecieron con aquello de socialismo liberal o la Tercera vía de Gidden, pura copia de Lafarque, con alguna connotación de Norberto Bobbio, y quizás también con
la de Gustavo Bueno. Podría pues ser de una manera u de otra, pero como dice Braudillard, "la izquierda está en
estado de divinidad". Y puede que algún día baje de las alturas, se
deposite en la tierra, se deje de mimetismos y se siga llamando al pan, pan y
al vino, vino. Lo demás es demagogia, sofismas y descarrilamiento intelectual.
Y
tampoco vale decir que hay más de una izquierda, que hay demasiadas que pululan
por los diferentes espacios geográficos con las especificidades de los
territorios y de las opresiones. Eso es teoría falaz. Una izquierda debe
pugnar desde la ortodoxia por rescatarse a sí misma, que aparezcan sus
conceptualizaciones y dejen atrás retóricas vacías que no dicen, que están más
muertas que vivas.
Y
es necesario volver tras de sí a paradigmas marxistas, ya que algunos aún
están en plena vigencia para que con un verdadero deseo de cambio romper de
una vez el mito que la envuelve y comience a consolidarse como un referente
necesario para el desarrollo de los pueblos, o tal vez del planeta en su
conjunto. Nunca se sabe.