EL MOTÍN DE LANZAROTE EN 1475

Eduardo Pedro García Rodríguez*

Año 1475: Después de dos días de movimiento popular contra la tiranía de los asesinos Diego García de Herrera e Inés Peraza, liderado por el joven Juan Mayor, el lunes 20 de agosto se reúnen gran número de vecinos ante escribano, y dan extenso poderes a Juan Mayor y Juan de Armas (canarios) para que, pasando a la Corte, expusieran las quejas de los vecinos contra el señorío de Diego de Herrera, un tirano sin fe ni ley, despótico, vengativo, concusionario y expoliador, ávido de rapiña y posible hijo putativo. Con el poder redactaron un amplio dossier en el que exponían los agravios y ofensas sin cuento que los vecinos de Lanzarote venían recibiendo por parte del despótico Diego de Herrera, al tiempo que se declaraban fieles y respetuosos súbditos de la monarquía. Los mensajeros, fueron despachados, y con facultad para negociar hasta la suma de 15.000 maravedises, para los gastos de litigio garantizados por los principales sublevados.

Los emisarios llegaron a España, pero, enterado previamente de su llegada, Pedro García de Herrera, primogénito de Diego de Herrera, que se encontraba en aquel país, los hizo seguir por cuatro forajidos de su confianza los cuales una jornada antes de llegar a Córdoba, los asaltaron, robándoles los documentos, secuestrándolos y manteniéndolos encerrados hasta que la reina, enterada del asunto, ordenó ponerles en libertad. Mientras tanto, en Lanzarote Diego de Herrera y su mujer continuaban atrincherados en su casa fuerte auxiliados por unos cuantos vasallos que les permanecían fieles.

Casualmente, en diciembre de 1476, aportó una carabela portuguesa y los vecinos que continuaban formados en consejo, decidieron embargarla fundándose en la guerra que mantenía la corona de Portugal con la de Castilla. Herrera creyó oportuno aprovechar la ocasión para vengarse de sus enemigos y tratar de recuperar parte de su poder y envió secretamente a su hijo Fernán Peraza a negociar con el capitán de carabela la ayuda de éste y la de los marineros, a cambio de una buena recompensa si conseguían con la tripulación y los pocos soldados que le habían permanecido fieles, detener a los principales vecinos sublevados.

Después de liberar a la tripulación portuguesa, esta en unión de las tropas de Herrera consiguen tomar por asalto La Villa de Teguise. Herrera elige a doce vecinos de los más significados, y sin ningún tipo de juicio, inmediatamente hace ahorcar a seis de ellos, confiscando los bienes de todos los detenidos con los cuales pagó a los lusitanos. Los restantes seis vecinos que esperaban su turno en los calabozos para correr la misma suerte, pudieron escapar de la prisión embarcándose en una nao española que afortunadamente se encontraba en la rada, éstos vecino eran Pedro y Juan de Aday, Juan Ramos, Francisco García y Bartolomé Heneto. La reina de Castilla, enterada de los excesos del sanguinario Herrera, expidió una carta de seguro a favor de los perseguidos isleños. A Herrera y su mujer les convocó a la Corte, y mientras se dilucidaba el derecho de Inés Peraza al señorío de las islas ya conquistadas, le concedió Real facultad para crear mayorazgo en las personas de sus hijos sobre los bienes y vasallos que poseía en las islas Canarias. Pero como entre truhanes anda el juego, la reina aprovecha la ocasión para hacerse con los derechos de conquista que la casa de Herrera poseía sobre las islas de Tenerife, La Palma y Gran Canaria, a cambio de pasar por alto los desmanes de Herrera y su mujer, más cinco cuentos de maravedises y el título de Conde de La Gomera.

Las capitulaciones fueron firmadas en Sevilla, ante el escribano Bartolomé Sánchez de Porras, el 15 de octubre de 1477. Unas ves más, la corona española hace prevalecer sus intereses a costa de la supervivencia de los pueblos que, en teoría, dice defender, vulnerando los más elementales principios de justicia.

*De la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo