NACIONALICIDIO
TEODORO SANTANA
L
o ha confesado Paulino Rivero: Coalición Canaria ha servido para liquidar el independentismo en Canarias. Tiene toda la razón. Aún más: CC es, fundamentalmente, una fuerza españolista. No sólo defiende la sagrada españolidad de las Islas, sino que teme como al diablo cualquier brote de nacionalismo canario. Quiero decir Nacionalismo, no regionalismo presupuestario, entendámonos. Porque lo que es el manejo de los dineros autonómicos sí que les interesa. La vieja burguesía colonial y los nuevos tiburones de la especulación (y de la subvención) han sabido dotarse de una maquinaria política que les sirva. Y como sus intereses están vinculados a la intermediación (y, por lo tanto, a la dependencia), era preciso acabar con el nacionalismo. Vistiéndose para ello, oh paradoja, con los ropajes del nacionalerismo folklórico: botella de ron, timple y postal turística. Eliminando el nacionalismo consecuente, de paso, se elimina a la izquierda. Quiero decir Izquierda, a ver si me explico. Porque el ascenso de la izquierda en Canarias siempre se ha producido cuando ha vinculado la lucha por la emancipación social a la lucha por la liberación nacional de Canarias (PCU, UPC). Jugada completa, por lo tanto.Desde luego, a esa derecha regional que es Coalición Canaria, hay que sumar la derecha ultramontana y tardo franquista que representa el PP. El coloniato los cría y ellos se juntan. Lo que los diferencia es, fundamentalmente, el reparto de las zonas de influencia. Y de clientelismo político. Esto es: las Canarias orientales para el PP y las occidentales para ATI. Sólo aquellos que quieren engañarse a sí mismos (por razones de comodidad o de salario) pueden seguir pretendiendo que CC es nacionalista. Salvo que se refieran al nacionalismo español, desde luego. Y ya pretender que es de izquierdas o que tiene un sector de izquierdas es, sencillamente, fantasía. Gracias a don Paulino, la cosa ha quedado clarita, clarita, clarita: mientras Coalición Canaria siga dominando la vida política de las Islas, no hay futuro para la izquierda ni para el nacionalismo. Blanco y en botella, o sea.