NACIONALISMO Y ABSTENCIÓN (I)
PRECISIONES TERMINOLÓGICAS PREVIAS

Francisco Javier González

Como en cada convocatoria electoral surgen voces del nacionalismo que propugnan la ABSTENCIÓN, sobre todo de personas u organizaciones que consideran que la situación colonial de Canarias no tiene ni encaje ni solución en un proceso electoral metropolitano. Entiendo que esta actitud tiene fundadas raíces históricas y poderosas razones en que sustentarse, pero discrepo en cuanto a su utilidad para afrontar el problema de la ruptura de la dependencia política de Canarias con el Estado Español mediante la lucha política, incluyendo cualquier proceso de descolonización que se quiera plantear.

Creo que el nacionalismo patriótico de liberación (aclaro, una vez más, que uso ese término para evitar la interesada confusión semántica que sobre el nacionalismo ha introducido el españolismo regionalista de la CC) ha adolecido frecuentemente de capacidad de análisis, lo que nos ha llevado a actuar con el corazón y a base de grandes dosis de voluntarismo, dando como resultado una falta de recursos tácticos realistas que ha hecho que nuestra presencia política y nuestra influencia social real se vea hoy bastante mermada respecto a la que tuvimos hace años. Por eso, una tarea ineludible que tenemos en la actualidad es la de clarificar los conceptos que nos permitan sentar los fundamentos tácticos y prever los resultados prácticos de las actuaciones políticas a emprender, en una etapa que hay que clasificar como de necesaria reconstrucción de las organizaciones imprescindibles para el objetivo estratégico de la liberación nacional y social. Con ese ánimo pretendo abordar la relación NACIONALISMO/ELECCIONES. A pesar de la inmediatez del actual proceso no me planteo la reflexión de cara al mismo, sino como una contribución a la creación de bases teóricas de análisis para afrontar el futuro, dado que mi experiencia personal me ha enseñado que la cuestión de esa relación entre el nacionalismo y las elecciones y, en consecuencia, de la dicotomía PARTICIPACIÓN/ABSTENCIÓN está muy lejos de ser resuelta, y se presenta con renovada fuerza en cada nueva convocatoria, ocasionando cada vez dolorosas fracturas, muchas veces irreparables, dentro del espacio político nacional-popular. Por esa razón creo que el 14 M no es una raya temporal que limite este debate al que invito a los compañeros a participar.

Aunque el Diccionario de la R.A.E recoge como acepción pronominal de ABSTENCIÓN la de "privarse de alguna cosa", la primordial es "No participar en algo a que se tiene derecho, p. ej. en una votación". . Cuando hablamos, pues, de abstención electoral la identificamos -y así lo hacen la mayoría de los estudios electorales, sociológicos y políticos- con el hecho de que un ciudadano, que tiene el derecho a hacerlo, no deposita su voto en la urna en un proceso electoral determinado. Abstenerse es por lo tanto, simple y llanamente, el hecho de no votar cuando se tiene ese derecho, independientemente del porqué del hecho, haciendo así del concepto de "abstención electoral" el antitético del de "participación electoral". Basándose en este concepto es fácil entender que si bien la cuantificación de la abstención electoral es sencilla (diferencia entre ciudadanos censados y votos emitidos), dada la enorme cantidad de circunstancias que pueden determinarla, su estudio cualitativo es de una extrema complejidad, con multitud de trabas metodológicas y técnicas para analizar las variables que intervienen y para sacar luego las correspondientes consecuencias políticas.

Esta complejidad explica que, incluso en la nomenclatura conceptual, no haya acuerdo entre los autores para designar las clasificaciones y las distintas partes diferenciales en que pueda dividirse la abstención electoral. Esto nos obliga a definir previamente los términos a utilizar y a precisar su alcance conceptual, pues aquí impera lo del diferente librito de cada maestrito. Como ejemplo, y por su carácter de canario y prestigioso catedrático de la ULL, cito los términos que emplea D. Juan Hernández Bravo de Laguna y que he visto -de su libro "Las elecciones políticas en canarias 1976-1986"- extractadas en varios foros nacionalistas. Para él, el hecho de no votar constituye una abstención electoral pasiva, que subdivide en "abstención pasiva técnica" y "abstención pasiva no técnica", reservando el término de abstención activa para el voto nulo y el voto en blanco, nomenclatura esta de la que difiero totalmente y que no me parece ni acertada ni aceptable, aunque pueda entender la concepción política, que no técnica, que la inspira. Por mi parte, intentaré clarificar la que creo más correcta que será, en todo caso, la que emplee en este análisis.

Debemos partir de la realidad. Si la abstención se contabiliza como ya hemos dicho -y no hay otra forma de hacerla- como diferencia entre ciudadanos censados con derecho al voto y ciudadanos que ejercen ese derecho, habrá que considerar que entre esos "abstencionistas" no todos han pretendido serlo. La abstención, para tener validez sociológica y política, tiene que tener carácter voluntario por lo que tenemos que considerar los que no han votado, no porque voluntariamente así lo hayan decidido, sino porque les ha sido impuesto por circunstancias ajenas a esa voluntad (problemas censales, incapacidad, enfermedad, desplazamientos, condiciones meteorológicas....). Estaríamos ante la abstención forzosa, que generalmente se designa como abstención técnica. Aunque la cuantificación de esta abstención no es sencilla por la variedad de los factores que la determinan la realidad es que, salvo los problemas censales que la informática ha ido reduciendo, tiene tendencia a mantenerse casi constante y puede ser cifrada, para países con un grado de desarrollo comparable al del Estado Español en, aproximadamente, un 10% del censo electoral.

Cuando un ciudadano, que no tiene traba alguna que le impida el ejercicio de su derecho al sufragio activo (voto), no acude sin embargo a depositar su voto se produce la abstención voluntaria que puede, también, ser resultado de múltiples causas que originan diferentes categoría o clases de la misma. Esas causas pueden dividirse en dos grandes grupos: A) Causas psicosociológicas, y B) Causas políticas. La abstención que he denominado "psicosociológica" englobaría a los grupos marginados por el sistema social, con nulo interés por el acontecer político que, por lo mismo, no votan en ninguna circunstancia. La movilización de estos grupos marginados por el sistema solo se produce en momentos de crisis que pongan en cuestión al propio sistema y, desde luego, en esos casos no lo hacen mediante el ejercicio del derecho al sufragio ni activo ni pasivo. Por lo tanto, y aunque voluntaria, debe ser considerada como abstención pasiva a contabilizar junto con la técnica. El resto de la abstención debe ser considerada como abstención activa de carácter fundamentalmente político.