NACIONALISMO Y ELECCIONES (II)
LA ABSTENCIÓN POLÍTICA ANTISISTEMA
Francisco Javier González.
Definida, como hemos hecho, la "abstención activa" como la de aquellos ciudadanos que, aún sin tener ningún impedimento legal, físico o psicosociológico, no ejercen su derecho al sufragio activo, hay que reconocer que ese acto voluntario de abstenerse puede estar determinado por multitud de factores que van desde los psicológicos, como las actitudes individuales frente al sistema, a los estructurales, los socioeconómicos y los político-institucionales. Ahora bien, a poco que profundicemos en todos estos factores y analicemos su incidencia relativa en el acto volitivo de la abstención, llegamos a la conclusión de que la "abstención activa" es fundamentalmente una abstención política.
Dentro de esta, una primera clasificación sería la que agrupe a un cierto abstencionismo que es, en realidad, una manifestación antisistema, producto de una reflexión política más o menos consciente. En efecto, acudiendo de nuevo al Diccionario, encontramos que el DRAE recoge los términos "abstencionismo" y "abstencionista" como "la doctrina y práctica de los abstencionistas" y como "partidario de la abstención, especialmente en política", que si combinamos con la acepción de "doctrina" como "conjunto de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por una persona o grupo" supone que, al menos a juicio de la docta Academia, la existencia de un corpus teórico que sustenta la praxis de la abstención al nivel de ideología.
Este sustento ideológico a que me refiero parte de la realidad de que, con carácter general, los sistemas democráticos formales se autodefinen como "representativos" en base y función de un sistema electoral que permite, al menos teóricamente, el voto libre, universal, personal y secreto, mediante al cual el ciudadano elige a aquellos que ostentarán, durante un período determinado, la potestad legislativa y el poder ejecutivo o las parcelas del mismo que correspondan a la elección en cuestión. No estamos cuestionando la bondad o perversidad del sistema sino intentando resaltar el hecho de que el sufragio activo conlleva esa delegación del "poder que reside en el pueblo" en manos de unos "representantes" del mismo que lo administran en nombre de quienes los han votado, de quienes han votado a otros que no han logrado esa representatividad, y en nombre también de quienes se han quedado en casa sea por la razón que sea. Una vez realizada la elección no hay revocabilidad para esos cargos electos y, teóricamente, solo se les podrá exigir responsabilidades políticas mediante un nuevo sufragio que los reafirme o los aparte del cargo representativo ya que, en la práctica, incluso para delitos flagrantes cometidos en el ejercicio del cargo, la lentitud del aparato judicial y las trabas burocráticas inherentes hacen inviable su deposición por cualquier procedimiento legal, mucho menos cuando se trata, simple y llanamente, de incumplimientos de los programas o de las promesas políticas que plantearon para ser elegidos. Son contadas las Constituciones que, como la de la República Bolivariana de Venezuela, recojan la posibilidad de la revocación popular de los cargos electos. Este sentimiento de "inutilidad" del voto ante el aparato de poder es la base de la justificación de la abstención antisistema, que es, sin duda, la expresión más radical de la abstención política.
Si en la reflexión anterior, válida para cualquier territorio, introducimos el carácter nacional canario, esta tendencia a la "abstención antisistema" se debe ver reforzada por la consideración de que los representantes a elegir lo son para funciones o puestos que, al emanar directamente de la legalidad colonial, están sometidos a la misma, por lo que las dudas sobre la eficacia de esos representantes frente al problema central del nacionalismo -que es la ruptura de la relación de dependencia-, aumentan geométricamente para este tipo de abstencionismo, estimulada además por la permanente llamada a la abstención realizada por algunos sectores del nacionalismo anticolonialista aún en los casos en que otros sectores, incluso claramente independentistas, se presentan a las elecciones aunque sean autonómicas y/o locales. La abstención antisistema pasa así a convertirse en abstención anticolonial.
Este enfrentamiento entre sectores del nacionalismo patriótico de liberación por la dicotomía irresuelta de participación/abstención siempre ha sido muy fuerte. Hablo como testigo de excepción ya que, en la etapa en que fui Secretario General del FREPIC-AWAÑAK, se acordó en dos ocasiones (1987 y 1991), en debates desarrollados en Congreso o en Conferencia General, acudir a las Elecciones Locales y Autonómicas (nunca se planteó para las Legislativas españolas) y en ambos casos el acuerdo causó fracturas considerables de partes importantes y valiosas de la organización, propiciando el nacimiento de plataformas marcadas por el signo del abstencionismo anticolonial como fue el caso, por ejemplo, de la PUA, aparte de la sangría de militancia que siempre sucedía tras un proceso electoral ante la escasez de resultados que, aunque perfectamente previsibles, no era asumida por la parte de la militancia -sobre todo juvenil- que íntimamente mantenía expectativas de resultados más acordes con el esfuerzo personal y colectivo realizado.
Aunque los aspectos cuantitativos serán objeto de otras partes de este peculiar "análisis por entregas" de la relación del nacionalismo con las elecciones y, más específicamente, con la abstención frente a las mismas, es conveniente introducir ahora algunas cuantificaciones que sirvan de apoyatura a esta tesis que mantenemos de la permanente existencia de una abstención de carácter fundamentalmente anticolonial. Evidentemente, si consideramos que, salvo el carácter colonial, son más o menos similares las causas y condicionantes de esta abstención antisistema en la metrópoli y en la colonia, el "plus abstencionista" que deriva del carácter anticolonial tiene que incidir en los procesos electorales de forma permanente.
Aunque podría hacerse, me parece excesivamente simplista el atribuir la diferencia entre niveles de abstención en España y en Canarias a esta abstención anticolonialista ya que existen más factores diferenciales a considerar en la comparación de la abstención entre Canarias y España, como haremos oportunamente, por lo que me limitaré ahora a la exposición de aquellos datos cuya explicación más coherente pasan por admitir su carácter anticolonial. Así, en las sucesivas nueve convocatorias a Elecciones Legislativas celebradas en el Estado Español entre 1977 y 2004 (ambas inclusive), la media de la abstención en España ha sido del 26,07% mientras que la habida en Canarias asciende al 32,73%, lo que arroja una diferencia de +6,7 puntos respecto a la española. Estas diferencias permanentes -que supera los 8 puntos en las tres últimas convocadas (1996, 2000 y 2004)- son debida exclusivamente a causas políticas ya que, incluso las que dependen de factores coyunturales o estructurales son de índole política y, en un gran porcentaje, son una expresión antisistema.
Dado que las decisiones políticas que más influyen sobre el modus vivendi cotidiano y que condicionan el desarrollo de cualquier país tienen origen estatal, es lógico que el interés del ciudadano por las elecciones legislativas del estado al que pertenece sea siempre superior a las de carácter local, ya que la participación electoral crece proporcionalmente al posible beneficio que el ciudadano espera alcanzar con los resultados. Esta es una constante que, con mayor o menor relevancia, se repite en todos los estados gobernados mediante democracias formales, y el Estado Español no es una excepción en este sentido. De aquí deducimos que, si la tesis de abstencionismo anticolonial que sostenemos es correcta, sería lógico esperar que la diferencia existente entre la abstención en las diferentes elecciones que se celebran en el estado Español (Generales o Legislativas; Locales y Europeas) sea distinta en España y en Canarias y, en efecto y a mi juicio, los datos corroboran estas consideraciones.
A nivel del Estado Español, por las razones explicadas, la participación es siempre mayor en las Elecciones Generales que en las Locales, incluso cuando se realizan conjuntamente como en 1979, disminuyendo aún más esta participación cuando se trata de Elecciones Europeas aún en el caso en que, como en 1987, se celebren conjuntamente Europeas y Locales. Examinemos ahora esas diferencias entre el comportamiento electoral entre España y Canarias ya que las cifras son reveladoras como apoyo a nuestra tesis del abstencionismo anticolonial. En efecto, las medias de abstención en España para Generales y Locales en los períodos señalados de 1977 a 2004 son, respectivamente, del 26,7% y 33,7%, esto es, una diferencia de +9,6 puntos en las Locales, mientras que en Canarias para los mismos períodos, las cifras respectivas son del 32,7% y del 37,4%, lo que arroja una diferencia de tan solo +4,7 puntos para las locales, esto es, más de cinco puntos de diferencia respecto a España de "desinterés relativo" por las Elecciones generales españolas respecto a las locales, porcentaje diferencial perfectamente atribuible al rechazo anticolonial superior que generan aquellas sobre las de ámbito particular canario.
El análisis de las Elecciones Europeas nos llevaría a consideraciones similares. La media de abstención a esos procesos europeos en el Estado Español es del 38,7%, porcentaje que en Canarias se eleva al 44,7%, apareciendo de nuevo los 6 puntos de diferencia que ya habíamos observado en las Legislativas entre España y Canarias (+6,7%). Inclusive en aquellos casos, como en 1987, en que las Elecciones Europeas se celebran conjuntamente con las Legislativas españolas se mantiene el diferencial entre España y Canarias que, en el caso concreto citado de 1987 es de +6,6%. Idéntica explicación puede tener la diferencia de casi un punto por encima que, generalmente, presenta el voto nulo entre Canarias y España en los procesos electorales, probable expresión de un anticolonialismo militante que no rechaza al sistema democrático formal, ya que es una experiencia común a los que participan en los recuentos electorales en nuestra patria la papeleta sobrescrita con mensajes independentistas.
Podría utilizarse unas elecciones de especial significado como fue la de 1982 -por la circunstancia del entonces reciente golpe de estado del 23F- que son las elecciones en que se da la más alta participación en toda la historia electoral del Estado Español tanto en España como en Canarias. En aquellas especiales circunstancias la mayoría de las objeciones "antisistema" de apoyatura para la abstención perdieron significado ante la defensa del sistema democrático frente al fascismo puro y duro. La única objeción al proceso electoral, aunque también minimizada, era justamente la anticolonial, por lo que los porcentajes diferenciales en esas circunstancias tienen especial validez para evaluar el núcleo más duro del anticolonialismo. Las cifras en este caso fueron de un 20,1% de abstención en España y del 23,9% en Canarias, con +3,8 puntos respecto a España a los que habría que sumarle una diferencia de +0,9 en el voto nulo, dando pues un total diferencial del 4,5%, probable abstención anticolonial en aquellas complicadas circunstancias políticas que afectaban tanto a la metrópoli como a la colonia
Especial relevancia para este análisis tienen también las Elecciones Generales de 1979, por la participación en las mismas de una parte importante del nacionalismo y los resultados que obtienen, ya que la UPC logra 58.953 votos y un 11,04% de los votos válidos en Canarias, convirtiéndose en la tercera fuerza política de la nación canaria a relativamente escasa distancia (6 puntos porcentuales) del PSOE -que fue en ese momento la segunda-, y llevando a J. Sagaseta al Congreso español, aunque hay que recordar que en las anteriores generales (junio 1977) ya PCU se había presentado, aunque solo en Gran Canaria, y logrado 17.717 votos (3,24% de los votos en Canarias). En ese marzo del 79 se presentaba una situación muy diferente en las Canarias Orientales y las Occidentales ya que, mientras en Gran Canaria los independentistas en su mayoría se agrupaban en torno a PCU y participaban en el proyecto UPC, en Tenerife, en cambio, la mayoría del independentismo se integraba o bien en el "Tagoror" que para solicitar la abstención formaron la CCT y el ilegalizado PRAIC-PTC, o bien en el MPAIAC que también preconizaba la abstención. Puedo hablar con la experiencia personal que me da el ocupar en aquellos momentos la Secretaria General del PRAIC donde la campaña, sañudamente perseguida por las autoridades coloniales, nos costó más de un centenar de detenciones, una docena de procesos por "delitos electorales" y abundante multas que, dicho sea de paso, nunca se pagaron, configurando todo ello la campaña activa por la abstención anticolonial más fuerte de las realizadas en nuestra patria. Los resultados de esa campaña hablan a las claras si observamos no solo las diferencias en la abstención entre España y Canarias sino, además, los que presentan las circunscripciones electorales correspondientes a las "provincias" administrativas en que el Estado Español ha subdivido al Archipiélago.
En esos comicios del 79 de los 58.953 votos que obtiene la UPC, 38.304 (el 65%) lo son en Las Palmas, por donde sale elegido Sagaseta. La abstención en Las Palmas es del 29,51%, dos puntos menos que en España (31,7%), mientras que en la "provincia" de Santa Cruz de Tenerife se eleva al 47,155, esto es, 17,64% más que en Las Palmas y 15,5% más que en España, lo que corrobora hasta la saciedad la importancia fundamental del abstencionismo anticolonial en Canarias.
Dado que el colonialismo fue primero, cabe destacar que esta renuencia al voto como resultado de una situación mantenida en el tiempo, es tan vieja como las votaciones. Así, de las tres Elecciones Generales que se celebraron en el Estado Español con la 2ª República (1931, donde solo votaban los hombres mayores de 23 años, las de 1933, boicoteadas por la FAI-CNT y en la que votan por primera vez las mujeres, y las de 1936 que traen la victoria del Frente Popular) son las de 1936 las de mayor participación, con solo un 28% de abstención de promedio estatal pero con una abstención que en las dos circunscripciones canarias ronda al 50%.
Al menos a mi juicio, y a la vista de los datos aportados, tenemos que considerar como mucho más importante la abstención política en Canarias que en la metrópoli. Adelantando un cálculo empírico para una conclusión parcial nos daría que del promedio de casi 34 puntos en que se sitúa la abstención en Canarias ante las Elecciones Generales españolas. Si restamos los alrededor de 10 puntos que significa la abstención técnica o forzosa, nos queda aproximadamente un 24% de abstención política activa, de la que un mínimo de entre un 7 y un 10% hay que considerarla como específicamente anticolonial.
Fuentes: Elaboración propia a partir de datos oficiales de la Dirección General de Política Interior del Ministerio del Interior de España, del Archivo Histórico Electoral y del ISTAC.
Canarias a 18 de marzo de 2004
Francisco Javier González.