Ni legítimo ni legal
Elio Rodríguez-Figueroa
Ni legítimo ni legal, los colonialistas españoles nunca podrán legitimar la ocupación de nuestro territorio. ¿Cómo es posible que quienes se dicen defensores de nuestra soberanía se hagan cómplices con actos administrativos que tienden a legalizar al pasado, nuestro presente y, aún más deleznable, el futuro de nuestros hijos. Hablo de las elecciones refiérome a nuestra clase antipolítica (política debería ser el gobierno de las cosas del pueblo) que se vuelca en una mascarada donde, además de colaborar con la tiranía colonial, dan pruebas constantes de su pobreza mental y su poca seriedad.
Díganme, practicantes de la "democracia participativa", ¿qué organismo refrenda la legalidad de la violación constante de nuestros derechos por España? Quién sino su propio aparato y leyes pretenden legitimar los atropellos e intromisiones en todo lo nuestro. Quieren descuajar nuestras raíces, se apoderan de nuestros sectores económicos; nuestros transportes están bajo sus "patas, nuestras finanzas y seguros son sus suculentos beneficios, nos los expolian, no dejan crecer nuestros capitales, sus bancos arrasan con todo, y nuestra clase trabajadora sufre sin esperanza la "doble explotación", de propios y extraños; más la de estos últimos, pues, quieran o no, los colaboracionistas también sufren al colonialismo, paliado pero implacable.
En este desolador panorama de la desesperanza, donde violan insistentemente los más recónditos entresijos de lo nuestro, pregunto una vez más, ¿qué les autoriza a legitimar sus crímenes e injusticias, el tiempo. ¿? el legalizar una jurisprudencia acorde con sus intereses coloniales, y para ello enarbolan su inmoral ética de la "democracia participativa", conceptos a los que se dejan enganchar los denominados nacionalistas que tienen la cómplice debilidad de respaldar todo esto con lo de Soberanía. ¿Cuál, la de someterse soberanamente? Cada canario, con conciencia de su tierra, cómo es posible que no asuma objetivamente el índice de nuestra historia. Que tal desarraigo se produzca, es una clara señal de que lo colonial hace presa en nuestra idiosincrasia y apuñala sus características más nobles; aquellas cuyas raíces se hunden en lo más profundo de nuestra volcánica tierra.
Hay mentecatos que adulteran nuestro "dialecto" y lo suplantan por lo que llaman los fantoches de las "S", las "Z" y las "C". Los macacos, con mis respetos para los simios, lo hacen mucho mejor. Ellos al menos no pretenden falsificar con malas imitaciones su lacayismo para legitimar lo ilegalizable. Sólo hay un camino legítimo: la Independencia; y una estructura en lucha: la resistencia pasiva, o lo que nos impongan o impongamos, las Unidades de Tagoror.