RAÍCES DE
BEJEKE
Las manos húmedas del alisio envuelven nuestras islas con
los grises de sus brumas. Mientras, Leoncio Oramas continúa caminando
lentamente en la manifestación del 20 de marzo. Va saludando a viejos compañeros
de protestas que datan desde hace más de treinta años. Ésta última no ha sido
bastante menos numerosa que la de la masacre de Madrid. Los medios de
comunicación no se han empleado tan a fondo. El asunto de la guerra sigue
estando aún más vigente. La muerte continúa siendo la protagonista de la vida
cotidiana en Irak, Afganistán y otros lugares del planeta. La amenaza violenta
no ha disminuido a raíz del conflicto, al contrario, se ha incrementado. El
gobierno estadounidense a través de sus voceros, y tras el triunfo de los socialistas
en España, incordia con sus
declaraciones. Con ellas trata de tapar sus errores y fracasos ante el temor
que le pase lo mismo que a los populares españoles.
Piensa Oramas, que ahora se habla mucho de la lucha policial
como único camino de acabar con la violencia. El miedo que ésta produce la
aprovechan los gobiernos para recortar las libertades, manipularlo en bien de
sus intereses y del capital que representan. Nadie habla del auténtico caldo de
cultivo en el que se alimentan los
distintos grupúsculos violentos. Los más importantes son la injusticia, el
terrorismo de estado, la codicia de los poderosos, el hambre… Sobre esta última
Jean Ziegler dice: “Hay hambre en el
mundo porque impera un sistema asesino: el capitalismo especulativo mata cada
día 100.000 personas de hambre en el mundo”. Continua diciendo: “Antes el
hambre era una fatalidad. Hoy tiene solución”. Así la FAO concluye: “La
agricultura mundial permitiría alimentar a 12.000 millones de personas, ¡el
doble de la población actual del planeta!”. El hambre es la mayor amenaza para
la paz. Así que una de las maneras de erradicar la violencia es solucionar este
grave problema. Por ahora, parece que no se quiere que tengamos un mundo más
seguro y pacífico, pues existe escasa voluntad política para acabar con el
hambre.
El desprecio de
otras culturas, razas y nacionalidades
es también otro de los rizomas de la violencia. Oriente, el Islamismo son
convertidos en enemigos, porque tienen otra forma de abordar la vida. El Conflicto
Palestino es otro de los cánceres incrustados en la raíz del terror violento. A
Israel se le permite todo en base a su poderío económico y a pasadas persecuciones.
Ello a pesar de espíritu valientemente pacifista de un importante sector de la sociedad
israelí. Nuestro poeta canario Agustín
Millares nos devuelve la esperanza: “Escuchen la palabra que ha sido
vencida / a pesar de que vive de espaldas a la suerte”. La primavera retoza
juguetona entre colores, humedades y calima.