La Provincia, 6-1-4

NO EN NOMBRE DE LA IZQUIERDA

Dos máximas aristotélicas me vienen a la memoria cuando pienso en Política, en parámetros de nuestra diaria actividad y ante la contemplación del injusto desequilibrio y del arbitrario desajuste en que se encuentra nuestra sociedad canaria, al menos en la provincia oriental. La primera idea del filósofo griego (siglo IV a. C.) afirma que la naturaleza humana es básicamente social, es decir, la sociabilidad se considera un rasgo inherente a la condición humana: "El Estado es algo producido por la Naturaleza y el hombre es, por naturaleza, un animal político". La otra máxima de Aristóteles a la que me refiero dice que la igualdad es el fundamento de la democracia, es decir, que sin igualdad no hay democracia.

Allá por el año noventa y dos del siglo pasado, Coalición Canaria (nacionalista) pactó con el Partido Popular (nacional) para echar del poder al Partido Socialista (Cabildo grancanario...). Si aquél se lo merecía o no es algo en lo que no voy a entrar ahora pero que, sin duda, exige su detenido análisis. Lo que importa en este momento es insistir en que un partido de corte nacionalista de izquierdas reparte el poder con los descendientes directos de la derecha más conservadora, ultraliberal, en cuyas filas militan personajes de nefasto recuerdo como el señor Fraga, aquel de "La calle es mía".

Asentados en el mando, el idilio fue aristotélico. Se cumplió, en efecto, aquella primera máxima de la sociabilidad humana: el hombre (el de CC) era un ser social que buscaba organizarse socialmente aunque en este caso fue, incluso, milagrosa la unión: la supuesta izquierda encontró acomodo entre la derecha, aunque bien es cierto que tuvo que renunciar a simples cuestiones teóricas y sin mayor trascendencia (ideología, respeto a sus votantes, convicciones políticas), maximizando los supuestos beneficios del pacto para colocar a los cabecillas en las cúspides más elevadas de la dirección política. Lo importante era, simplemente, el poder. Y lo disfrutaron, y se embriagaron con él en éxtasis y sublimaciones; y la soberbia dominó sus mentes, sus razones, sus inteligencias, y dejaron de ser en puridad, sin rodeos, la izquierda que como tal se había presentado años antes. Y no hubo, ¡oh sorpresa!, ni el más mínimo roce o ficción entre dos radicalmente opuestas concepciones de la acción política, ante un teórico antagonismo izquierda / derecha que debía manifestarse en cualquier momento, tales eran las supuestas e irreconciliables ideas que sobre el bienestar social tenían. Pero no: el poder obró el milagro y no sólo funcionó sino que llevó a los dos bandos a renovar juramentos de fidelidad y de continuidad eternas. Los rectores de Coalición Canaria habían descubierto que, en el fondo y en la forma, todos eran lo mismo, a todos los identificaba la misma ambición (la nominilla, el coche oficial). Tanto, que rompieron amarras con la realidad de los ciudadanos que habían creído en ellos. Y descubrieron sus auténticas intenciones, sus únicas ilusiones: con quien sea, donde sea, y cueste lo que cueste, pero lo importante es seguir en el poder. ¿Y ahora se queja el señor Ramírez del comportamiento del señor Soria, a quien denuncia públicamente y cuyos plenos abandona? Duele, en efecto, ser oposición cuando se fue el omnímodo jefe. Pero más duele ser la oposición a quien fue el aliado político hasta ayer y que hoy, en su legítimo derecho, no le tiende la mano ni para repartir migajas; que, al menos, el PP a nada renunció cuando pactó con Coalición Canaria. Muy al contrario: los nuevos burguesitos, perplejos ante la magnificencia del poder, abrazaban y aplaudían en el Cabildo, en el Gobierno de Canarias, en Madrid... mientras con letras muy minúsculas, con susurros y vocecillas frailunas y frailescas seguían entonando cantos ya ininteligibles para un pueblo que no salía de su asombro ante el degradante espectáculo que sus legales representantes estaban dando.

Y si la democracia no se consigue sin la igualdad segunda máxima aristotélica?, ¿cómo se les ocurre seguir apoyando a un Gobierno que a ustedes, a los perdedores, no los trata como a iguales más que cuando los necesita para albeos ante la atónita e imperturbable sociedad que los sigue votando? Aunque a lo mejor, las aproximaciones a las igualdades se consiguen repartiendo cargos, haciendo presidentes de Consejos Sociales a quienes fueron rechazados, democráticamente, por su pueblo. A quienes, en fin, a lo mejor hasta se igualan democráticamente a los rectores universitarios... en los sueldos. Hábil y maquiavélica interpretación de la doctrina aristotélica, pues, la de Coalición Canaria, que sabe pescar en las procelosas aguas de la indiferencia política, cuando no en las de viceconsejerías pesqueras.

No hablen más en nombre de la izquierda. Entre ustedes y ella ya no queda ni el consuelo de lo que fue, de lo que pudo haber sido aquel maravilloso proyecto que ustedes dirigieron y con el que encandilaron a la sencilla y sincera población canaria. Hagan como mi pariente y paisano: silencio, mutis por el foro, caída del telón ante etapas de la vida que definieron comportamientos y sembraron ilusiones. Si algo queda, si algo permanece de lo que un día honradamente hubo, en su nombre les pido que no hablen más en nombre de la izquierda. Sigan en el poder, pero en silencio. Lo único que ya espero es que no lleguen al "Cara al Sol".

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