No me da la gana, Elio

Teodoro Santana

Me emocionaste cuando, sin conocerme personalmente, me ofreciste acogerme en tu casa, al enterarte de que me echaban de mi trabajo en el Cabildo. Cosas así no se olvidan nunca, y demuestran de que pasta estabas hecho. Así que no me da la gana, Elio. No me da la gana de que hayas muerto.

Aquí sigues con nosotros, debatiendo, discrepando, coincidiendo, peleando. No me da la gana, Elio. Todavía nos haces falta. No me da la gana de que hayas muerto. Cuando lleguen los futuros años radiantes, y en esta sea una patria digna de tal nombre, estarás con todos en el corazón, en el alma, en la victoria.

No me da la gana, Elio. Porque no has muerto, compañero. Vives en la lucha, en el pueblo, en los que se alzan, en las estrellas, en el viento. Sigues en pie, presente, ahora y siempre. Quiero que todos lo sepan: no me da la gana de que hayas muerto.