No va a ser fácil

JUSTO FERNÁNDEZ

Han pasado ocho días desde que el PP fue derrotado en las urnas y se percibe un clima de esperanza, de cambio de talante y de reformas sociales, en las que el centro de la acción política se sitúe en la mejora de los niveles de vida de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. En la Unión Europea también comparten la esperanza. Ha desaparecido la "cabeza de puente" de Bush para conseguir una "nueva Europa" sometida a sus intereses bélicos y económicos. La mayoría de los mandatarios europeos apoyan las tesis de Zapatero sobre el papel que debe jugar la ONU en Irak.

El "Financial Times", que nunca ha ahorrado elogios a Aznar, le acusa ahora de "haber puesto en riesgo la seguridad europea", por utilizar el atentado en "una agresiva campaña para persuadir a los votantes" de que el autor del atentado era ETA, cuando la investigación se dirigía por otro camino. Sin la menor autocrítica, el PP ha buscado las responsabilidades de su fracaso y de sus mentiras en otras fuerzas políticas o mediáticas. Y Rajoy ha propuesto para los máximos cargos del PP precisamente a los responsables públicos de la estrategia. El traspaso de poderes, parece alejado de los propósitos iniciales de Rajoy, acercándose al "estilo Aznar".

Las andanzas del fiscal general del Estado, intentando nombrar catorce fiscales; los propósitos de sustituir a miembros del Tribunal Constitucional o de comprometer grandes obligaciones económicas, para forzar la construcción del Plan Hidrológico Nacional, me recuerdan aquella célebre frase franquista: "Todo ha quedado atado y bien atado".

El PSOE ha celebrado su Comité Federal y Zapatero ha repetido sus objetivos de diálogo y cercanía a los problemas de los ciudadanos. "Ha llegado la hora del fin de la televisión de partido, de la igualdad radical entre sexos". La "humildad y la austeridad" deben ser los ejes de la acción de Gobierno. No es poco... Sin embargo, los problemas reales están por llegar.

En las semanas anteriores a las elecciones, los presidentes de los principales bancos y empresas, la patronal CEDE, el Círculo de Empresarios de Madrid y otras organizaciones empresariales se posicionaron a favor del Partido Popular, criticando las medidas económicas anticipadas por Zapatero. En algún caso, ridiculizaron su programa electoral. No ha tenido que pasar demasiado tiempo, desde el triunfo socialista, para que se haya producido un cambio en esos personajes y organizaciones. ¿Oportunismo o reconocimiento de errores?

Al llamamiento del gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, se han sumado Francisco González y Emilio Botín, presidentes del BBVA y del SCH. El Círculo de Empresarios no ve "preocupante" el programa del PSOE; el presidente de Carrefour, Arias Salgado, confía en que el nuevo Gobierno mantenga "un marco flexible" y el presidente de La Caixa, Ricardo Fornesa, encuentra el proyecto de Zapatero, "coherente, serio, equilibrado y respetuoso con los demás". También José Luis Leal, presidente de la patronal bancaria (AEB), no solo ha elogiado el programa económico del PSOE, sino que ha ofrecido su "pleno apoyo" al nuevo Gobierno.

En los últimos días nos han bombardeado con las "excelencias" de la herencia que deja el aznarismo al nuevo Gobierno, surgido del proceso electoral, que culminó el 14 de marzo. Sin embargo, la realidad se aleja bastante de esas valoraciones propagandísticas. La mayoría de los analistas económicos y los organismos internacionales especializados, en todos sus informes, pese a los intentos de optimizar los datos positivos, no ocultan el aumento de la incertidumbre de la situación económica. La mayoría comienza a revisar, a la baja, las previsiones de crecimiento.

Dejando a un lado el indeseado liderazgo español, estamos significativamente presentes en la zona alta de la mayoría de los índices socio-económicos negativos de los países de la Unión Europea e, incluso, de los que conforman la OCDE en desempleo, siniestrabilidad y precariedad laboral, bajos salarios, discriminación de la mujer, pensiones, salario mínimo, niveles de pobreza, el geométrico aumento de la delincuencia y la violencia criminal, la implantación impune de las mafias internacionales, la incapacidad para encauzar la inmigración ilegal, el aumento de la violencia de género, la manipulación estadística, las fantasmagóricas reducciones fiscales salvo para los más ricos, el desorbitado precio de la vivienda, la expoliación del sector público no para aumentar la competencia sino en favor de sus amigos, la contrarreforma educativa y el retroceso democrático...

Voy a referirme precisamente a algunos aspectos económicos heredados, que condicionarán negativamente la acción del futuro Gobierno. Durante los últimos años, pese a los "milagros" económicos atribuidos a los gobiernos de Aznar, la pérdida continuada de la productividad se ha convertido en un problema grave para el futuro. La construcción y el consumo, unido a los bajos salarios, la precariedad laboral, los niveles de desprotección social, no pueden constituir la base permanente del crecimiento económico y de la competitividad, en relación con los demás países de la Unión Europea.

Si a eso añadimos la despreocupación por la inversión en sectores de alto valor añadido y especialización tecnológica, no puede extrañarnos el deterioro de las exportaciones y el déficit comercial, que aumentó un 32% en 2003, y que, indudablemente, constituyen una señal de alarma contra la creación de empleo. El año pasado se han perdido más de 70.000 empleos industriales. La inversión en bienes de equipo se ha desplomado. Mientras, hemos perdido atractivo para la inversión extranjera que, desde 2002, se ha reducido notablemente. El superávit fiscal del Estado ha descendido más de un 20%.

La burbuja inmobiliaria, provocada por la especulación y favorecida desde el Gobierno, sitúa a millones de familias españolas, endeudadas hasta límites alarmantes, en una situación gravísima, ante un posible aumento de los tipos de interés. El pasado año, la capacidad de ahorro de las familias se redujo en 11 comunidades autónomas. El 65% de las familias no puede dedicar nada al ahorro y más del 56% tiene dificultades para llegar a fin de mes.

El modelo de crecimiento desequilibrado del tándem Aznar-Rato, basado en el consumo interno y la inversión en ladrillos, resulta insostenible. En algún medio de comunicación he visto una foto que, como a millones de trabajadores, me ha producido un ligero escalofrío. Nada menos que, Rodrigo Rato, Miguel Boyer y Carlos Solchaga compartían mesa y exigencias. Nada nuevo. Son todos de la misma cuerda y recurren a las mismas soluciones. Todos han pedido una "urgente" y profunda reforma laboral. ¿Y van...?

Para ellos, su incompetencia ante los desafíos económicos solo tiene una solución: abaratar y facilitar el despido, modificar la negociación colectiva, reducir la protección social y aumentar los impuestos indirectos, mientras se reducen los directos, los que benefician a los más poderosos económicamente. ¿Qué dirá Zapatero? ¿Qué opinarán los sindicatos?

Una advertencia: el gran porcentaje de votantes que han llevado a Zapatero a La Moncloa han sido trabajadores, pensionistas, estudiantes, mujeres y pequeños empresarios. Si van a aplicarles la misma política antisocial que durante los ocho años de gobiernos del Partido Popular, ellos mismos se encargarán de echarlo. Para hacer una política de derechas es más eficaz la derecha.