Últimas Noticias, 7 de Marzo de 2004
Que no vuelva la vía violenta
Eleazar Díaz Rangel
Debo comenzar por algunos antecedentes. El primero de ellos es el golpe de abril, que la oposición apoyó, engolosinada por las fuerzas que lo promovían y el aliento de Washington. Derrocaron al gobierno constitucional, pero en 48 horas la Fuerza Armada y la movilización popular repusieron a Chávez.
Gradualmente, los opositores señalaron los errores del carmonazo y marcaron distancia.
Las fuerzas opositoras quedaron intactas, salvo en el área militar, que el gobierno depuró, sacó a unos 100 oficiales, movió piezas claves de comandos y quedó fortalecido. Sin embargo, a poco se inició el reagrupamiento y los preparativos para un nuevo intento.
Esta vez no cometerían los errores de abril. Aunque debilitados en la Fuerza Armada confiaron en los militares de Altamira, que les garantizaban una insurgencia apenas estallara el paro general. En diciembre de 2003 se paralizó Pdvsa, incluida la flota de transporte, y buena parte de la economía.
De acuerdo a sus planes, la escasez de gasolina, de gas doméstico, y de artículos de primera necesidad, provocaría saqueos, estallidos sociales incontenibles, que crearían las condiciones para obligar al Presidente a negociar su salida.
Fracasaron otra vez. No hubo un solo negocio saqueado, la gente en los barrios hizo pacientes colas esperando sus bombonas, y lentamente, los trabajadores petroleros con apoyo popular y militar, reactivaron la industria. A los 62 días se dieron por vencidos.
Suspendieron un paro que tenía días boqueando.
La huelga le había costado al país unos 70 mil millones de dólares.
Muchas empresas cerraron y decenas de miles de trabajadores quedaron desempleados.
La oposición perdió el control de Pdvsa, y mermaron su fuerza en la opinión pública.
En nuevas condiciones, se abre una mesa de negociaciones, y el 29 de mayo gobierno y oposición suscribieron un acuerdo que acentuaba el respeto a la Constitución y abría vías al referendo.
Los más radicales de la oposición apelaron nuevamente a la violencia, con una ferocidad que nunca antes se había visto, arremetieron contra la ciudad, afectando propiedades públicas y privadas. Quemaron casas de los partidos oficialistas, tirotearon VTV y algunos locales del CNE en el interior, y hubo francotiradores activos durante todos esos días. No podemos creer ese cuento de que se trató de acciones espontáneas.
Hubo alcaldes y gobernadores que estimulaban los hechos vandálicos. En Caracas la parte más afectada fue la del sureste.
Aquí debimos condenar los hechos violentos, y criticar a partidos y Fedecámaras que apoyaban esas protestas sin la más mínima crítica ni condenatoria al vandalismo. Solo al quinto día, cuando se extendían las quejas de vecinos por el estado de sitio que sufrían, por el cierre de sus urbanizaciones y la destrucción de vías públicas, algunos opositores se dieron cuenta de que el tiro les comenzaba a salir por la culata, y llamaron a suspenderlas.
Uno tiene que preguntarse cuál era el verdadero propósito.
¿Eran sencillamente protestas contra la decisión del CNE?
¿Pretendían que los rectores del CNE dieran un paso atrás?
¿O buscaban objetivos mayores?
El tiempo permitirá conocer las respuestas.
Entre tanto, el CNE dio cifras preliminares. Las firmas consignadas no fueron 3.448.740 como tanto publicitó la CD, sino 3.086.000, y este cifra no es producto de interpretación, sino de la elemental suma de uno más uno; las válidas son 1.832.493, de manera que les faltan 619.686 para alcanzar el 20% de los electores que contempla la Constitución para convocar al referendo revocatorio presidencial. Como se supone que serán al menos un millón de firmas en reparo para que se despejen las razonables dudas que el CNE dice tener, sabremos si alcanzaron o no las 2.452.179 firmas, y si tendremos o no referendo.
Esa posibilidad cierta de convocarlo es la que niegan algunos en la oposición, opuestos a cualquier posibilidad de negociar y menos aún, de ir a reparos.
¿Qué caminos forzarán?
Como siempre, confío en que la sensatez predomine, y que no tengan que arrepentirse de este nuevo autogol, como les advierte Petkoff.
La Guardia
Fundada en 1936, la Guardia Nacional caracterizó sus operativos por la forma agresiva como reprimía manifestaciones y disturbios cada vez que salía a "restablecer el orden público".
Armadas de carabinas y peinillas, crearon terror en la población. Así fue durante décadas, y nunca dijeron nada quienes ahora la acusan de violar derechos humanos y usan los peores calificativos contra sus efectivos y comandos. Hoy hablan quienes durante tanto tiempo guardaron silencio cómplice. La GN nunca se había enfrentado a una oleada urbana tan violenta como la de estos días, apoyada por policías municipales y estadales y por muchos medios. Si lo hizo con órdenes de no usar armas de guerra, como parece y afirman sus jefes, es la primera vez en sus 67 años.
Una pregunta
Para Milos Alcalay, con 34 años en el servicio diplomático: ¿Por qué no fue conmovido en febrero-marzo de 1989, cuando ya era funcionario de la Cancillería, pese a que hubo 535 muertos, o más, por la acción represiva de la Guardia Nacional y el Ejército? Después de un año, los dirigentes políticos reconocieron públicamente que había sido un error. La verdad, su conducción nunca estuvo en sus manos ni en las de la CTV. Otros sectores poderosos lo dirigían.