REFORZAR NUESTRO SER NACIONAL

Un grupo humano es mucho más que un conglomerado de individuos que comparten un espacio y tiempo determinado. La seña de identidad inequívoca de su existencia y a la vez su principal razón de ser como verdadero grupo, es su afán por la consecución de un objetivo o meta común y en ese proceso de maduración, se dotan, entre otros elementos, de símbolos que representan esa apuesta por el reforzamiento de sus lazos, por su yo colectivo, por su afán de sentirse parte de algo que trasciende de la simple suma de identidades individuales.

Por ello, sin duda, desde que el mundo es mundo, toda comunidad humana se ha dotado de sus propios símbolos, hasta el punto de consolidar en ellos, no ya sólo unas metas mínimas compartidas por todos sus miembros, sino un universo simbólico y una cultura que definitivamente los identifica, caracteriza y diferencia en el conjunto de los pueblos y naciones del planeta. Esto ha sido así siempre y seguirá siendo así, con independencia de los tiempos históricos, la raza, el sexo o las creencias filosóficas, políticas o religiosas de quienes integren esas comunidades, pero, sobre todo, continuará siendo así, por encima de cualquier proceso de integración, homogenización, mundialización o globalización que pueda darse de forma imperativa o por intereses no compartidos y que, por tanto, no cuente previamente con la libre decisión y voluntad de esas comunidades de dar un paso en esa dirección.

Las comunidades humanas van quedando unidas por uno o varios vínculos, por un universo simbólico, por un territorio y ámbito geográfico definido, por una historia compartida de sufrimientos y anhelos, por una forma de ser que le da sello de identidad propio, pero sobre todo, en determinado momento todos sus miembros quedan unidos por una meta que les permita ir en la dirección de su reafirmación en el concierto y contexto del resto de las comunidades. A ese momento se le puede reconocer como la toma de conciencia de su ser nacional, instante en el que resulta ineludible e inaplazable, tomar como referentes colectivos, dos símbolos de vital importancia, de vital reafirmación, de vital identificación colectiva. Esos dos símbolos son: su bandera y su himno.

Esta generación de canarios, está obligada por responsabilidad histórica y por los tiempos que corren, a acometer, con más premura aún si cabe, nuestro proceso de reconstrucción nacional tras siglos de encubrimiento, tras prácticas de ocultamiento y distorsión que han sometido a centenares de nuestras generaciones pasadas y presentes a la más oscura de las indefiniciones. Debemos amortiguar el proceso de erosión cultural e identitaria que sufre nuestro país y, en esa línea, colocar en sus justos términos y en su justo sitio todos aquellos elementos que permitan fortalecer pilares simbólicos que, por su carga sentimental y política, contribuyan a cimentar las actitudes colectivas que desemboquen en la conquista de nuestro verdadero autogobierno y soberanía.

Para todos los nacionalistas canarios resulta de especial trascendencia que el debate que, en estos días pasados ha quedado nuevamente abierto en el llamado Parlamento de Canarias sobre la creación de un himno canario, no quede en el escenario de unas instituciones, que no tienen ni interés ni sentimiento porque ese pilar de identidad aparezca. Como la bandera nacional, la legitimación de tal seña de identidad que añadir al universo simbólico canario deberá surgir del pueblo y no de un decreto publicado como colofón a un debate parlamentario entre falsos representantes de nuestra identidad nacional.

Los nacionalistas en ese sentido, tampoco podemos permitirnos el lujo de ceder el protagonismo de este debate a quienes poco interés tienen en que nos dotemos de ese himno, razón por la cual no parece prudente ni coherente mantenernos en una silente y pasiva actitud de expectativa, salpicada de cuando en cuando de un irresponsable sentido de la crítica sin aportar la dosis de protagonismo a la que moralmente estamos obligados en un tema como este, de importante calado y de gran trascendencia.

Por encima de la composición musical en que quede construido o de la idoneidad o no de la letra que le acompañe, evidentemente y desde una óptica nacionalista, no presentar propuesta alguna nos sitúa lejos de la disyuntiva que ya se dio con la bandera. ¿Vamos a permitirles también ahora que fracturen otro pilar de nuestro universo simbólico?.

Proponer un himno nacional y adelantarnos al debate estéril de unas opciones sucursalistas y españolistas que se empeñan por todos los medios en empantanar una decisión final o lo que es peor, por poner su impronta entreguista en lo que salga, se hace por tanto una prioridad política en este momento.

La bandera nacional fue aceptada por amplios segmentos de la sociedad canaria en su momento, pero ellos impusieron la institucional. Hoy somos un pueblo con dos banderas o con más, porque la ignorancia se encarga de hacer del resto toda una amalgama que en nada contribuye precisamente a reforzar este importante pilar del universo simbólico de una comunidad nacional como la nuestra. ¿Permitiremos también eso con el himno?

El Grupo de Opinión CANARIAS NACIÓN hace un llamamiento a todas las organizaciones nacionalistas e independentistas, sin excepción alguna, para que en un plazo no superior a cinco meses y tras las aportaciones debidamente argumentadas (para las que LIBERACIÓN podría servir de trascendental vehículo), en una reunión a la altura del fin que perseguimos, elevemos de mutuo acuerdo y a perpetuidad a la categoría de himno nacional aquella composición que mejor represente para la posteridad nuestra identidad nacional.

En la misma línea argumental, esto es, la cimentación de elementos que configuren ese universo simbólico de lo nacional canario, junto a la bandera e himno nacionales, la necesidad de una fecha donde se exalte nuestra inequívoca condición de comunidad nacional se hace asignatura de inminente trascendencia. La designación de una fecha para conmemorar el día de la PATRIA CANARIA no puede, ni debe, postergarse a procesos políticos, que por más que deseados, nuestro sentido común aún los vislumbra lejanos. Es más, probablemente le hacemos un flaco favor a ese deseado desenlace, si no enraizamos en el seno de nuestro pueblo tradiciones festivas de carácter nacional y reivindicativo que vayan precisamente en la dirección de afirmarnos cada día más en nuestro ser nacional.

El 26 de Mayo, en conmemoración de la victoria canaria en Acentejo, como símbolo de afirmación de la defensa de la libertad canaria, como referente psicológico de que la resistencia a ser invadidos y conquistados existió y aún existe, podría bien jugar ese papel. Incorporar un DIA DE LA PATRIA CANARIA a nuestro universo simbólico nacional es otra responsabilidad que los nacionalistas en su conjunto debemos tomar con prontitud, de forma consensuada y sin fisuras.

Se es verdad aquello de, caminante no hay camino, se hace camino al andar, hagamos camino juntos por una vez en algo que a todos nos una.

José Carlos Martín