Obiang
Carmen Ferreras
Ya sé que Guinea Ecuatorial, como la práctica totalidad de los países africanos, apenas interesa a la opinión pública de España y del mundo. África es el gran continente olvidado. Epidemias y pandemias como la del sida, hambruna, catástrofes naturales, violaciones sistemáticas y constantes guerras tribales dan fe de lo que digo. Y si eso ocurre con los grandes países africanos, qué no ocurrirá con los pequeños en extensión y en importancia política y económica. Guinea Ecuatorial nos sigue importando a cuantos españoles nacimos y vivimos allí en otra época, sin duda espléndida, sobre la que se asentó un país que fue a menos, primero con Macías y posteriormente con su sobrino Teodoro Obiang, que lleva los mismos genes corruptos y asesinos que su tío.
Los que amamos a Guinea seguimos esperando, casi sin desfallecer, mejor suerte para un país que forma parte de nuestra pequeña historia individual y colectiva. Tiene que cambiar la suerte, la mala suerte política de Guinea para que todo lo demás corra parejo. No sé si la buena suerte está en Plácido Mjicó o en Severo Moto, ahora opositores al régimen de Obiang. Tras la caída de Francisco Macías, también se esperó mucho de aquel militar ecuatoguineano, educado en la Academia Militar de Zaragoza, que, sin embargo, llegó, vio y desestabilizó más si cabe un país próspero al que sumió en el miedo, en el oscurantismo y en el animismo.
Obiang se ha enriquecido sobremanera en estos años, mientras el país se ha empobrecido, a pesar del petróleo, con la misma vertiginosa celeridad. Obiang es uno de los hombres más ricos de África. Con cuentas en bancos de todo el mundo como se ha demostrado recientemente en Estados Unidos, especialmente en los que se levantan en los distintos paraísos fiscales. Si lo derrocan no se moriría de hambre. Si acaso se empacharía más si cabe de un lujo del que se muestra incapaz de prescindir.
Descubierto el ladrón, la maquinaria propagandística del país se ha puesto en marcha para lavar la inmunda imagen del dictador. Como de costumbre, han levantado el índice acusador y, también como de costumbre, han señalado a España, concretamente a la prensa española a la que acusan de filtrar las cuentas del presidente para desestabilizar su democracia. ¿Qué entenderá esta gente por democracia? ¿Por qué seguimos ayudando a este impresentable?