abc, 22-3-04

LOS OBJETIVOS DE LA POLÍTICA EXTERIOR ESTADOUNIDENSE

POR CONDOLEEZZA RICE. Asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos/

La política exterior del presidente Bush es una visión nueva y valiente inspirada en estas ideas: que la difusión de la democracia lleva a la paz; que las democracias no deben carecer jamás de la voluntad ni de los medios para hacer frente y vencer a los enemigos de la libertad; que el poder y la determinación de Estados Unidos deben utilizarse para defender la libertad. Su visión se sustenta en tres pilares. Primero, defenderemos la paz evitando y oponiéndonos a la violencia de terroristas y regímenes proscritos. Segundo, protegeremos la paz promoviendo una era de buenas relaciones entre las grandes potencias del mundo. Y tercero, extenderemos la paz procurando extender los beneficios de la libertad y la prosperidad por todo el globo. Es un momento en el que nunca había sido más necesaria la defensa de la libertad, y un momento en el que el triunfo de la libertad nunca había tenido mayores posibilidades.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 supusieron la mayor conmoción estratégica que ha sufrido EE.UU. desde Pearl Harbor. Cristalizaron nuestra vulnerabilidad ante tramas maquinadas en tierras lejanas, que llegan sin avisar y traen la tragedia a nuestras costas. El presidente Bush vio inmediatamente sus repercusiones. Aquella noche anunció al mundo que Estados Unidos no haría distinciones entre los terroristas y los Estados que los acogen. Desde aquel día, han sido capturados o asesinados más de dos tercios de los líderes conocidos de Al-Qaeda. El resto está a la fuga, permanentemente. Estados Unidos y sus aliados han puesto fin a los regímenes de terror en Afganistán e Irak. Todos están advertidos: apoyar el terrorismo no es una estrategia viable a la larga. Nuestra peor pesadilla es la posibilidad de un ataque repentino y secreto con armas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares, y la conjunción de la amenaza terrorista con las armas de destrucción masiva. Sabemos por los propios alardes de los terroristas que no dudarán en usar las armas más terribles del mundo. No podemos permitirnos el dejar que sigan proliferando las armas de destrucción masiva. Durante muchísimos años, el mundo ha estado fingiendo que tratados importantes como el Tratado de No Proliferación Nuclear, mantenían este problema a raya. Durante muchos años, el mundo no hizo nada mientras la amenaza de la proliferación seguía extendiéndose. Durante muchos años, el mundo se negó a cumplir las muchas resoluciones que había aprobado.

La decisión de obligar al régimen iraquí a rendir cuentas tras 12 años de desafío ha restaurado la credibilidad de la comunidad internacional. El presidente Bush decidió atacar de raíz las amenazas de proliferación. El anterior régimen iraquí no era sólo un Estado que financiaba el terror, sino que durante muchos años fue también uno de los principales fabricantes de armas de destrucción masiva del mundo. Durante 12 años, el ex dictador iraquí estuvo desafiando a la comunidad internacional, negándose a desarmarse y a rendir cuentas de sus armas y programas ilegales. Sabemos que tenía ambas cosas porque utilizó armas químicas contra Irán y contra su propio pueblo; y porque, mucho después de aquellos ataques, admitió ante los inspectores de la ONU que tenía reservas y programas. El mundo dio a Sadam la última oportunidad de desarmarse. No lo hizo y ahora ya no está en el poder.

Las firmes medidas del presidente están haciendo que otros regímenes desistan de buscar armas para el asesinato masivo. La diplomacia ha triunfado en Libia, en parte porque ahora nadie puede dudar de la decisión y del propósito de Estados Unidos y nuestros aliados.

Esa es la razón de que Estados Unidos persiga una estrategia de avance de la libertad en Oriente Medio. La libertad debe elegirse libremente, y buscaremos, con la intención de trabajar con ellos, a aquellos individuos de Oriente Medio que creen en los valores, y en los hábitos, y en las instituciones de la libertad, y que desean ver prosperar en sus propios países el sistema de Derecho, la libertad de prensa, la libertad religiosa, el respeto por la mujer, los límites del poder del Estado y las oportunidades económicas. Rechazamos la condescendencia cultural según la cual los árabes o musulmanes no están interesados por alguna razón en la libertad, o no están dispuestos a asumir las responsabilidades de la libertad. Nos negaremos a excusar la tiranía. Insistiremos en que nuestros amigos de la región mantengan unos estándares más altos. Y obtendremos el apoyo de nuestros aliados de la región, y fuera de ella. Irak y Afganistán son las vanguardias de este esfuerzo. Cincuenta millones de personas han sido liberadas de dos de las tiranías más brutales y peligrosas de nuestro tiempo. Con la ayuda de más de 60 naciones, ahora el pueblo iraquí y el pueblo afgano se esfuerzan por construir democracias, en condiciones difíciles, en el pedregoso terreno de Oriente Medio. En enero, Afganistán aprobó una Constitución nueva y progresiva. Y más tarde, este mismo año, el pueblo afgano celebrará elecciones nacionales. Cada día los iraquíes asumen más responsabilidad por la seguridad de su nación, desde la vigilancia de las instalaciones, hasta el mantenimiento del orden en las calles, pasando por la reconstrucción de la infraestructura que Sadam Husein dejó de lado durante décadas. El pueblo iraquí avanza a diario hacia la democracia. Y estamos trabajando con los iraquíes y Naciones Unidas para disponer lo necesario para la transición a la plena soberanía iraquí. En Irak, el trabajo de construir la democracia encuentra oposición entre los remanentes de sus antiguos opresores y los terroristas extranjeros. Estos asesinos pretenden fomentar su ideología del asesinato obstaculizando cualquier avance hacia la democracia y un futuro mejor. Intentan conseguir que la voluntad de nuestro país y de nuestros amigos se tambalee. Están matando a iraquíes inocentes. Están sembrando un reino del terror. Pero ni nosotros ni el pueblo iraquí nos dejaremos intimidar jamás por criminales y asesinos, porque Estados Unidos y sus fuerzas se mantendrán en sus trece hasta que el trabajo esté hecho. El mundo está vigilando. El fracaso de la democracia en Irak y Afganistán condenaría a millones a la miseria y envalentonaría a los terroristas de todo el mundo. La derrota del terrorismo y el éxito de la libertad en esas naciones nos interesan a todos, porque las naciones libres no financian el terror y no alimentan ideologías de asesinato. Los gobiernos libres y democráticos de Irak y Afganistán inspirarán esperanza y alentarán reformas en todo Oriente Medio. No podemos titubear, y no fracasaremos.

Estos principios de libertad también deben aplicarse al conflicto entre palestinos e israelíes. El presidente Bush ha sido el primer presidente estadounidense que ha hecho un claro llamamiento a la creación de un Estado palestino. Y es el primero que ha dicho llanamente que no puede haber paz para ningún bando mientras no haya libertad para ambos bandos. La naturaleza de cualquier Estado palestino y la calidad de su liderazgo e instituciones importan al menos tanto como sus fronteras. Los líderes palestinos deben adoptar la democracia. No deben tolerar la corrupción, y deben combatir el terrorismo. Por su parte, Israel debe ayudar a crear las condiciones para que surja un Estado palestino. No debe hacer nada para prejuzgar el resultado de un acuerdo sobre la condición final. Y debe hacer más para mejorar la vida de los palestinos, eliminando las humillaciones diarias que endurecen los corazones de futuras generaciones. Un mundo más seguro, más libre y mejor es nuestra esperanza para las decisiones que Estados Unidos y sus aliados y amigos están tomando hoy. Materializar esta visión puede llevar décadas. Exigirá un compromiso de muchos años. Pero el esfuerzo y la espera merecerán la pena.