8 de marzo del 2004
Un año más transcurre para las mujeres y volvemos a conmemorar un día que para las trabajadoras es histórico, en donde las numerosas reivindicaciones en la lucha contra las discriminaciones se hacen presentes, ocupando las primeras páginas de los medios de comunicación y, en los últimos tiempos convirtiéndose en eslogan de políticos que utilizan para sus fines electoralistas el sufrimiento de numerosas mujeres.
Somos conscientes que el día a día de cada mujer, su lucha, su batalla para ocupar un lugar en esta sociedad, no son objeto de primera página, es un camino de silencio que se rompe cuando en él se deja la vida alguna mujer, como son los casos de violencia, que ya ni siquiera ocupan las portadas de los periódicos sino meras esquinas en la página de sucesos; a todo nos acostumbramos.
Son muchos los campos de discriminación, en todos los terrenos de nuestras vidas, familiar, profesional, público,…, y día a día somos conscientes que hay muchas personas luchando contra ellas y que todas deberían ser recogidas en un día como el 8 de marzo, símbolo de lucha y unión; pero eso es imposible y siempre destacamos el más candente en el momento, que para nosotras y nosotros es el de la violencia contra las mujeres.
No vamos a comentar cifras o estudios sobre el tema sino a hacer una referencia a él desde lo que somos, es decir, profesionales de la enseñanza que tenemos contacto diario con lo que son el futuro de nuestra sociedad, con las personas que en estos momentos sufren en sus ambientes esa violencia. Así entendemos que la educación, en su sentido más amplio, tiene mucho que ver en estos comportamientos. Desde los centros escolares debemos tratar estos temas bajo lo que entendemos por coeducación, no podemos ser ajenos a esta realidad.
No se trata de tener en un mismo grupo alumnos y alumnas y comportarnos como si fuesen iguales o no sucediese nada entre ellos, no podemos ocultar sus realidades. Se trata de partir de lo que son, de cómo son tratados en sus familias y en todo lo que les rodea y, desde ahí, comenzar conjuntamente a reflexionar sobre sus vidas, sus relaciones, hacerles sujetos de sus procesos fomentando en todo momento las actitudes de respeto, de no discriminación, la búsqueda de tratos igualitarios entre todos ellos, aceptando como natural las diferencias entre las personas.
No nos encontramos en los mejores momentos para este tipo de educación. De todas y todos es sabido que la última reforma educativa (LOCE) no hace referencia al ámbito coeducativo. En su redacción no tiene desperdicio para ser utilizado como ejemplo de texto con un lenguaje masculinizado y si nos centramos en los objetivos que marca para la educación son tan claros que no nos pueden llevar a engaño, se trata de fomentar en nuestros niños y niñas los conocimientos frente a los valores y, de estos se resaltan la competitividad, los resultados,…, buscando cubrir "las necesidades económicas" del sistema.
La referencia de la LOCE a los valores se centra en la "cultura del esfuerzo" de forma exclusiva, sin hacer referencia al papel fundamental de la escuela como centro donde se forma a las persona para que no admitan discriminaciones, para que luchen contra ellas. Como vemos, una vez más se hacen leyes ajenas a los problemas sociales más importantes, entre ellos el de las mujeres. Si a todo le unimos el papel que va a tener la religión, como área, en el nuevo sistema educativo, y el papel que juega la mujer dentro de la misma, nos viene muy bien esa frase tan cristiana de ¡Que Dios nos coja confesados!, porque no es de extrañar que se nos siga imponiendo valores como la resignación o todo lo que rodea a los deberes maritales.
Una vez más, tendremos que ser las y los profesionales de la enseñanza quienes demos los pasos para hacer frente a la realidad, tendremos que afrontar en nuestro ámbito profesional y personal tareas educativas que vayan encaminadas a tratar las necesidades sociales de nuestros alumnos y alumnas, superando a la propia ley. Somos un sector que hemos cumplido con el compromiso de ser críticos y no conformarnos ante lo que no nos parecía justo. Hoy no podemos ni debemos callar y tampoco dejar de actuar contra lo que no debe ser propio de una sociedad avanzada y justa. Educar es mucho más que transmitir conocimientos, pues eso ya se puede suplir con los medios tecnológicos actuales. Educar es formar a la personas de forma integral, haciendo realzar los valores de la solidaridad, que ninguna de ellas justifique las desigualdades ni que puedan ser sujeto de las mismas.
En ese compromiso está y estará siempre este sindicato, tanto en el terreno docente como en el sindical, trabajando para evitar las discriminaciones laborales y sociales de las mujeres.
¡Por un 8 de marzo reivindicativo!
EA-CANARIAS