'Operación martillo'

Juan Jesús Ayala

Los americanos, eso sí, a todas las operaciones de guerra que emprenden les buscan unos nombres que ya de por sí significan truculencia y barbarie. Pero bien es verdad que se está hablando de una guerra que la tienen muy difícil de ganar porque hay un enemigo que no está enfrente, sino escondido entre las ruinas que los misiles americanos han ocasionado.

Con la operación martillo y ante el goteo de muertes que está sufriendo el ejército de los EEUU se ha vuelto a los bombardeos indiscriminados de determinados barrios de Bagdad con lo cual lo único que consiguen es dar muerte a iraquíes que no se sabe si verdaderamente están implicados o no en esta guerra-invasión, o por el contrario son víctimas inocentes, unas más de las 22.000 que ha ocasionado este disparate que se inventó la Casa Blanca y el Pentágono con el único fin de apoderarse del negocio del petróleo para lo cual se organizó una cruzada fantasma a la búsqueda de armas de destrucción masiva y del dictador cruel, Sadam, al cual había que buscar y capturar como fuera. Sadam, sin embargo, no aparece, Bin Laden tampoco y se continua dando palos de ciego porque la cortedad de miras de asesores y de aquellos que han estimulado la misión para posicionarse en las riquezas del país no acaban de dar con la solución y con un paz cada vez menos alcanzable.

Vietnam está en la memoria de los americanos, la selva del Vietcong fue la trampa mortífera que desmoralizó a la sociedad americana que reclamó que se diera fin a aquella guerra. Y ahora, por mucha operación martillo que se monte, la religión metida hasta el fondo de las conciencias de los musulmanes está haciendo posible que no se detenga la venganza de la media luna. Porque, en realidad, lo que prevalece es la confrontación de dos culturas. Una de ellas que ha sido maltratada por occidente desde tiempo inmemorial y que ahora renace y está obligando a los defensores de la cruz a doblegarse.

Y sucede por la miopía política de los que detenten los altísimos poderes mundiales que no acaban de comprender que con bombas y aviones supermodernos no se domina a los pueblos si estos se rebelan desde dentro de sí mismos con convicciones, mandatos divinos acendrados y fanatizados. La operación martillo podrá avanzar en sus objetivos, cual es liquidar la resistencia iraquí, pero dejará tras de si un gran rastro de sangre y la resistencia, por su parte, con sus inmolaciones, hará lo propio y se continuará en una espiral de violencia por parte de unos y otros que hará muy difícil que en el Irak aparezca la paz. Es difícil, sobre todo, porque con operaciones de este tipo lo que se consigue la mayoría de las veces es reavivar y alertar aún más las conciencias de pueblos que amparados en la consigna Alá es grande, son capaces de todo por su supervivencia.