Del paquebot a la chalana

RAMON MORENO

Mientras Santa Cruz y Las Palmas celebraban a bombo y platillo, y otras demostraciones (¿de júbilo?) indígenas, la arribada a nuestros puertos capitalinos del colosal trasatlántico Queen Mary 2; al Este del Archipiélago, en aguas de Fuerteventura, se consumaba otra tragedia: una chalana más, repleta de inmigrantes del continente, volcaba y se producían nuevas muertes por ahogamiento, elevando la fatídica cifra a 19 víctimas en lo que va de año, sumiendo en la zozobra al hermano pueblo majorero, tan sufrido.

¡Que terrible ironía del destino! ¡Que gran contradicción! Los habitantes del Primer Mundo, de vacaciones, haciendo ostentación de su riqueza y gran poder adquisitivo viajando en un crucero de lujo; y los pobres desgraciados del Tercer Mundo, jugándose la vida en precarias chalupas para llegar a la "Europa prometida", emigrando, para escapar de la miseria y desolación de sus Países de origen.

Países de África que, al igual que Canarias, fueron colonizados por las potencias europeas de la época en una política genocida y de rapiña, cuyo proceso descolonizador -salvo el Archipiélago canario, que quedó postergado- dio lugar a las situaciones que hoy vive el continente africano.

La recepción oficial y popular, en ambas capitales, a este buque insignia -nunca mejor dicho- de la Cunard Lines, naviera tan fiel con las Islas, fue realmente apoteósica. Como de "apoteosis" del mal gusto, del "chauvinismo" y de la falta de dignidad y autoestima de un pueblo, podríamos calificar la avalancha de canarios que se dieron cita en los recintos portuarios de dichas capitales, para vitorear y "rendir pleitesía" a los "chonis", en una manifestación folklórica propia de "aborígenes", que me hizo sentir vergüenza ajena, ante un espectáculo tan bochornoso y deprimente.

¡Ni siquiera el capitán del navío, comodoro Warwich, viejo conocido de los puertos canarios, salía de su asombro, ante tanta "demostración de cariño"! Como muy bien nos ha explicado Pino Velerón, que sufrió en carne propia los monumentales atascos de Santa Cruz, que también padecí personalmente en Las Palmas. De su magnífico artículo como todos los suyos, y que suscribo íntegramente-, titulado "Bienvenido Mister Queen Marshal 2" y publicado en La Gaceta de Canarias el pasado domingo, resumiría, en palabras de la propia autora, que "lo sucedido fue realmente patético". ¡Y así fue, en efecto!

Claro que, el asunto podría tener otras lecturas, si hiciéramos un análisis sociológico del comportamiento de los asistentes a la magna recepción. A mi, como lego en la materia, se me ocurre, no obstante, una que podría encajar. En la memoria colectiva del pueblo canario (al que se sumó parte de la población foránea residente, tanto en Tenerife como entran Canaria), puede que aún queden rescoldos de los buenos recuerdos de la etapa de prosperidad que vivieron las Islas con los ingleses. Es posible, que las "muestras de alegría" en el multitudinario recibimiento al buque ingles, obedeciera, entre otras razones, y ahí están los sociólogos para ratificarlo, a una "expresión de agradecimiento" a lo que significaba la "presencia inglesa", unida a un sentimiento de "nostalgia" de Toque "pudo haber sido, y no fue".

Pues no en vano, aún hay voces en el Archipiélago que se lamentan, amargamente, de que el Almirante Nelson de la Armada inglesa fuera derrotado (la pérdida del brazo es lo de menos) en el puerto de Santa Cruz, a manos de los milicianos isleños comandados por el tal Gutiérrez.

Ello nos ha privado, según algunos, y entre otras ventajas -como hablar y escribir ingles correctamente-, de que actualmente fuéramos un Estado soberano dentro de la Commonwealth, en lugar de una colonia africana de España.

Y la verdad, que pensándolo bien, no hubiera estado nada mal, no señor. Pero el devenir histórico fue como fue y no podemos cambiarlo; ahora bien, ¡la verdadera historia del pueblo canario, aún no ha sido escrita!

Con respecto a los otros "turistas", los magrebíes y subsaharianos que, un día si y otro también llegan a nuestras costas en precarias embarcaciones, siempre patroneadas por marroquíes -y esto es así-, constituye parte del fenómeno migratorio que también tiene otras lecturas; pese al ínfimo porcentaje que suponen estos desgraciados, con respecto a la auténtica avalancha de "legales" que entran -como turistas, o con un puesto de trabajo ya designado, habiendo canarias/os en paro- por puertos y aeropuertos, cuyo grueso está formado por "peninsulares", europeos de la UE y del Este y suramericanos; y en menor medida, por hindúes, chinos, coreanos, japoneses y algunos otros como gitanos y mendigos como nos enviaron cuando las Olimpiadas de Barcelona y la Expo 92 de Sevilla.

Pero interesa desviar la atención de los canarios hacia los negros -resaltan más- para que así no reparemos en la verdadera invasión que se nos está viniendo encima con toda esta población foránea que nos está desarraigando. Además, el hecho de que Canarias sea un Archipiélago del Estado español, imposibilita que tengamos aguas de soberanía canaria que impida este inhumano tráfico de personas. Porque en el fondo, el famoso SIVE en lugar de ser un instrumento coercitivo, es una especie de comité de recepción.

En fin, como canario, me congratulo de que nuestros puertos sean escala de cruceros turísticos, que es una forma de rentabilizar nuestra "renta de situación"; pero referente al grave problema que estamos padeciendo con la inmigración, tanto legal como ilegal, es urgente una Ley de Residencia ¡ya!, pese a lo que se diga de la "libre circulación" en la Europa Comunitaria.

¡¡El Derecho, no se puede aplicar jamás en contra de los legítimos intereses de los pueblos, máxime, si está en juego su propia supervivencia!!