Paz sobre guerra
Abelardo Gómez Marquez
Cuanto menos, resulta absurdo montar una tremenda guerra en nombre de la paz. Son dos conceptos que no casan de ninguna manera. El discurso que presenta a la guerra como único camino para la Paz Duradera se me antoja impotente, por no haber conseguido por ningún otro medio eliminar a los malos de la película, suponiendo que este asunto pueda simplificarse tanto como para plantearlo en términos de buenos y malos, ya que los buenos escasean.
El ser humano tiene una temible capacidad de adaptación al horror, lo que se convierte en otro de los daños colaterales. Los iraquíes llevan en guerra ni se sabe cuánto tiempo, primero contra Irán, luego contra Estados Unidos, posteriormente contra ellos mismos y nuevamente contra Estados Unidos. Esto les ha llevado a entender la guerra, la fuerza armada, como parte de su quehacer diario, prácticamente. No entiendo a qué vienen los disparos al aire cuando celebran una boda, a menos que vea las últimas dos décadas de Iraq en su conjunto.
Suponiendo que Occidente sea el Primer Mundo, debería haber llevado a aquellas tierras otra manera de entender la realidad, la sociedad, nuestro entorno. En Iraq nos hemos retrasado hasta hace más de quinientos años, cuando el hombre se encaraba de limar las asperezas con su vecino a base de cañonazos.
Muchos avances en unos aspectos, pero en otros Occidente se ha estancado, ha fracasado. Y, de paso, la ONU, uno de los instrumentos creados para que el Mundo se sienta Mundo, se ha derruido a escombros. Mientras algunos países se reserven el derecho a veto, la ONU no servirá para nada.
Cuando realmente debe comportarse de manera progresista, marcando una clara divergencia respecto de opciones belicistas moviéndose hacia planteamientos realmente avanzados propios de una sociedad del siglo XXI, aparecen los Estados Unidos y veta impunemente cualquier resolución, argumentando las más variopintas explicaciones. De vergüenza.
Supongamos un imposible caso como el siguiente. Sadam Husein se entrega a la ONU para permitir una transición pacífica en Irak hacia la democracia, a cambio de que no se le juzgue por los crímenes o abusos que haya podido cometer. Puede ser una locura, pero ni Franco ni ninguno de sus secuaces fueron juzgados en España por los crímenes cometidos bajo su mandato, y eso permitió una transición hacia una democracia, aún por desarrollar plenamente, pero democracia al fin y al cabo.
De acuerdo en que Irak está perdido, pero si quitamos Sadam Husein, encajan unos cuantos nombres más. Quizá sea ya hora de aprender de las lecciones.