PENSAR UN TIEMPO DE REVOLUCIÓN

(Del libro "Che, el socialismo y el comunismo", 1989, Ediciones Casa de las Américas, Cuba)

Por Fernando Martínez Heredia

No ha comenzado el Che, nadie comienza, desde la nada. Ni como pensador hace propuestas de profeta en medio de la noche. Sus puntos de partida son una mezcla de sensibilidad y de entrega tempranas a la causa de los oprimidos y excluídos de América Latina, que le permite trascender a su clase y al destino individual que ella podía ofrecerle, para cuando se calmaran las fiebres radicales del jovencito idealista y revolucionario. Es también el marxismo tan sólidamente adquirido, por vocación teórica temprana y sin maestros, en plena guerra fría. El crisol de su formación individual y de su integración militante, y la base real que la permite producir un pensamiento nuevo y perdurable, es unirse a Fidel y la vanguardia del «Granma», es la guerra revolucionaria de Cuba y el establecimiento aquí del poder revolucionario. El condicionamiento, por último, del cuerpo de pensamiento propio que el Che logra - nada en sociedad vive incondicionado - es el entramado de fuerzas y debilidades del capitalismo y del socialismo de los años cincuenta y sesenta, de las revoluciones de liberación, las descolonizaciones, el neocolonialismo y la transnacionalización que cambiaron el mundo de la segunda postguerra, es la crisis que enfrentó el pensamiento revolucionario mundial ante tantos nuevos retos.

No es posible establecer aquí la génesis y la evolución de las ideas de Ernesto Guevara sobre la transición socialista, ni analizar y exponer en su complejidad la interacción establecida entre el curso y los problemas de la Revolución cubana y las concepciones del Che, o las formas y proporciones en que los factores condicionantes esbozados arriba influyeron y afectaron sus concepciones. Trataré sin embargo de tener en cuenta a la Revolución cubana y a los factores internacionales en juego, en la mínima proporción imprescindible para que este trabajo no sea un ejercicio estéril de exhibición de un pensamiento «en el aire», esto es, cortado de determinaciones cuya ausencia, en un revolucionario que vivió la coyuntura del Che, impedirían entender v valorar sus ideas, y sacar de ellas provecho.

Ante todo, el teatro principal de sus "esperanzas de constructor", la Revolución cubana. El Che llega a La Habana a los treinta años, comandante rebelde aureolado de victorias, y su leyenda crece al volverse de dominio público su trayectoria. Ahora vendrá la asunción del poder sobre la sociedad y sobre el destino del país. «De ahora en adelante todo será más difícil" había dicho Fidel el 8 de enero. Para el Che, esa sentencia se cumplió con creces: sin dejar de tener importantes obligaciones en el plano militar, le fueron dadas cada vez más responsabilidades en la construcción de Ia nueva sociedad, primero desde el propio Ejército Rebelde, vivero del poder revolucionario, y desde el INRA, su hijo mayor; por último, en las instituciones estatales que la Revolución fue adaptando o creando durante su primera institucionalización.

Con el mismo tesón y celeridad con que durante la guerra estudió y asimiló el carácter del país y su pueblo, su historia y sus ideales, el Che adquirió un conocimiento profundo de las determinaciones fundamentales de la sociedad cubana, de las realidades de: su economía y las creencias principales acerca de sus caminos y opciones de desarrollo. (1) Y todo lo analizó con lucidez extrema, formando parte desde el inicio de un equipo de dirección revolucionaria que llegraba, más que a alternar con quienes habían pensado a Cuba, sus problemas y su futuro en las décadas inmediatas anteriores, a producir cambios nunca vistos de naturaleza y magnitud no imaginadas, en plazos que resultaron perentorios.

¿A dónde va Cuba?, se habían preguntado aquellos. La pregunta de 1959 era ¿adónde vamos? No hay que olvidar que la respuesta estaba condicionada por el carácter mismo de la guerra recién terminada. El proyecto revolucionario de Fidel estaba fundamentado en una posición socialista -él lo ha explicitado numerosas veces en los últimos quince años- y el primer programa revolucionario, «La historia me absolverá», estratégica y tácticamente ajustado al problema de tomar el poder y desatar la revolución, era sin embargo irreductible en su cumplimiento total a la permanencia del capitalismo neocolonial vigente hasta enton­ces en Cuba. El proceso insurreccional mismo consumó el encuentro pleno y profundo de la vanguardia con el pueblo oprimido y explotado, y le proporcionó concreción a los ideales más radicales, motivaciones para ir hasta el final de modo intransigente e identificación física de los enemigos y las necesidades populares. (2)

El maravilloso proceso de los primeros meses y los primeros años del poder revolucionario, que no puedo tratar aquí, es la base sin la cual es preciso tenerlo en cuenta al menos se vuelve incomprensible el pensamiento del Che y de Fidel sobre la transición socialista y el proyecto comunista. (3) No se trata de dispensarlos en gracia a la exaltación reinante; Se trata de comprender que se liberaran enormes fuerzas en la realidad cubana, fuerzas suficientes para que esas ideas y ese proyecto resultaran realistas y acertados.

Las fuerzas productivas fundamentales, las estructuras organizativas, las relaciones sociales decisivas, el Estado, el consenso, la iniciativa, quedaron del lado revolucionario. La nacionalización de los bienes de las burguesías imperialista y nativa, la banca, el comercio exterior, la red co mercial, la enseñanza, la mayoría de los servicios, fueron acciones populares a la vez que estatales; trabajadores, militares y desempleados tomaron físicamente desde los templos de la economía hasta las playas y perdieron todo respeto a la propiedad excluyente y privada. El Estado terminó por ser tomado totalmente y reorganizado a fondo para que fuera capaz de servir a la Revolución dirigiendo la economía y un número enorme de actividades sociales; (4) la vanguardia revolucionaria se amplió, fortaleció, consiguió su unidad interna y nuclear un colectivo de dirección, y se comenzó a formar un partido unido de la Revolución.

Como el águila del Maine, todas las relaciones neocoloniales de Cuba con Estados Unidos se vinieron a tierra, y las sustituyó un feroz bloqueo económico y un sistema de agresiones armadas, apoyo a la contrarrevolución, hostilización en todos los campos, cerco y aislamiento político de Cuba. El armamento generalizado y la participación masiva de la población en la defensa, el carácter revolucionarío de los cuerpos armados, la alfabetización, la revolución agraria, la atención médica y de salud para todos, una profundísima redistribución de la riqueza que comprendía al ingreso (salarios, seguridad social, precios de acopio, consumos normados a bajos precios, etcétera) y derechos fundamentales como el de empleo, acceso gratuito a servicios básicos (salud, educación) y recreación, formaron parte de un cambio tan profundo de la sociedad en Cuba que sólo escomparable en cuanto tal al producido por la conquista española en el siglo XVI.

En las tremendas luchas de clase y de liberación nacional que se libraron en esos años los actores se multiplicaron una y otra vez, y se cambiaron a sí mismos. Como parte de la acción revolucionaria, la exigencia moral de solidaridad entre todos los cubanos se impuso, y se completó con la del internacionalismo. Se produjo un inmenso proceso de concientización, que alteró irremediablemente la re­producción ideal de las relaciones sociales fundamentales que hasta entonces habían estado vigentes. La revolución y sus fines fueron la clave de una totalidad que articuló y valoró los más diversos esfuerzos, acciones y relaciones, desde el heroísmo de dar la vida hasta las relaciones internacionales.

La Revolución Cubana se declaró socialista cuando ya lo era, marxista leninista, y decidida a contribuir al avance de la liberación de los pueblos de América Latina, África y Asia, de todos los yugos, y avanzar junto al campo socialista en sus luchas y en la ruta hacia el comunismo. Los actos habían precedido a las declaraciones en todos esos terrenos. La Unión Soviética apoyó decidida y firmemente a Cuba en la defensa da su revolución y en el vuelco radical que debió dar a su economía, tan dependiente de sus relaciones internacionales; también lo hicieron, en medidas diversas, los demás países socialistas. Cuba ocupó un lugar central en la vida política latinoamericana ‑que pronto fue lugar de antítesis: el diablo para gobiernos y clases dominantes, en general, la esperanza y el futuro para los revolucionarios y amplios sectores populares ‑ y América Latina pasó a ocupar un lugar central en el mundo espiritual y en el proyecto revolucionario cubano. Una activísima política de solidaridad con África y Asia caracterizó desde temprano a la Revolución, y una participación destacada en las coordinaciones de países del recién bautizado Tercer Mundo. Cuba fue identificada por su política de principios, irreductible, contra el colonialismo. el neocolonialismo y el racismo, y de solidaridad efectiva con los revolucionarios y progresistas de la región. Y en los países capitalistas desarrollados Cuba despertó gran interés -convertido muchas veces en solidaridad- por su liberación y su nueva propuesta revolucionaria y socialista en medio de Occidente, sobre todo en la izquierda, en los jóvenes y los intelectuales.

Este es el tiempo de la Revolución Argelina, del auge revolucionario, la invasión norteamericana y la conversión de la guerra de Vietnam en la avanzada mundial de la confrontación entre la revolución y la reacción. Del inicio de la guerra de liberación en las colonias portuguesas de África, de la descolonización masiva, la ampliación brusca de la membresía de las Naciones Unidas y sus organismos especializados, de la creencia en que la cooperación internacional ayudaría decisivamente a resolver los problemas del desarrollo del Tercer Mundo. Es el tiempo de la OSPAAAL, del despliegue del Movimiento de Países No Alineados, de los regímenes llamados de «democracia nacional» y los intentos de teorizar una llamada vía no capitalista de desarrollo. Es también -y es básico tenerlo muy en cuenta- el de la generalización del neocolonialismo, que no es sólo resultado de una adaptación al nivel de exigencia y de lucha por la independencia de los pueblos y países del Tercer Mundo. El neocolonialismo es la relación fundamental de integración mundial capitalista en la fase imperialista, el modo de dominación universalizante correspondiente al dominio del capitalismo monopolista. (5)

El campo del socialismo estaba sujeto en estos años a desarrollos muy notables, a la vez que aquejado de fuertes tensiones y situaciones de crisis. Mientras la URSS aumenta su desarrollo económico, sale al cosmos y a los mares del mundo, el XX Congreso del PCUS inicia una renovación de la sociedad en muchos campos; sus influencias se extendieron a los demás países socialistas y al movimiento comunista internacional. Avances, proyectos y deficiencias soviéticos dieron lugar a ardientes debates; el «deshielo» fue insuficiente, sin embargo, para superar el retraso y dogmatismo imperantes en la teoría, y su consiguiente inadecuación ante la vida. La coexistencia pacífica y la emulación con el capitalismo, el paso a la construcción del comunismo en la URSS, la necesidad de una reforma económica, la in. tensificación en la agricultura, etcétera, estaban entre los temas más importantes. Poco después de producirse la corrección de la línea y la salida de Nikita S. Jruschov (octubre de 1964) se implanta la reforma económica. (6)

Las reuniones de los partidos comunistas y obreros en Moscú (1957 y 1960) produjeron una interpretación de las realidades del socialismo, el movimiento revolucionario internacional y el mundo contemporáneo que pretendió ser guía o inspiradora de las acciones de todos. (7) Pero lo que estaba sobreviniendo en la práctica -junto a renovaciones más o menos efectivas era una diversificación inevitable ante la emergencia de necesidades, aspiraciones y situaciones nuevas en todo el mundo, y también una escisión del campo socialista que hizo de las divergencias chino-soviéticas el teatro de una confrontación agudísima que perjudicó duramente al movimiento revolucionario en el mundo.

Cuba de los años sesenta está en el centro de un mundo en que la conciencia del subdesarrollo, las desigualdades, la opresión, el saqueo y despojo imperialistas marchan junto a la convicción de que es imprescindible e inaplazable el desarrollo cooperación o revolución, o combinaciones de ambas, las soluciones dependen de si los actores involucrados son o no revolucionarios, y de las circunstancias concretas. (8) Argelia, Mao, Viet Nam, Tito, Nasser, Congo, Lumumba, guerrillas en América Latina, desarrollismo, Vaticano II, Alianza para el Progreso, guerras de liberación nacional. maoísmo, Indonesia, revisionismo, aventurerismo, tercermundismo, No Alineamiento, «socialismo africano», son términos cargados de sentido en el lenguaje de esa época. El socialismo, el marxismo leninismo y las organizaciones políticas correspondientes, entienden poco o lentamente ese lenguaje, encuentran grandes dificultades para actuar, o para actuar atinadamente, en este Tercer Mundo heterogéneo, semidesconocido y urgente. Y el socialismo mismo como régimen y como sistema de países, los métodos de su construcción en cada nación, las relaciones entre todo lo anterior, la solidaridad internacional y el enfrentamiento al imperialismo, se yerguen en los sesenta como un complejo de problemas retadores ante todos los revolucionarios

La Revolución cubana en transición socialista sólo puede comprenderse en relación con las luchas del mundo, condicionada por él y actuando en él, con la vocación y la comprensión comunistas de su papel y su lugar. (9)

Esta es una constante en la obra del Che y una clave indispensable para entender su pensamiento, y también la relación entre este y su conducta. (10) Y resulta más comprensible la creatividad y originalidad del pensamiento del Che. La Revolución cubana comenzó, ella misma, por tener que serlo para osar luchar y vencer: «el significado del 26 de Julio; rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios», escribirá el Che en su Diario de Bolivia. El complejo de problemas que le presentaban el país y el mundo al. emprender el camino de la construcción socialista exigía un pensamiento capaz de ponerse a la altura de las necesidades y del proyecto, osadía de pensar con cabeza propia que produjo en el Che -y en Fidel- aportes a la teoría que tienen valor permanente.

Notas:

(1) Véase Ernesto Che Guevara: «Industrialización», Manual de capacitación cívica, Departamento de Instrucción, MINFAR, La Habana, enero de 1960, pp. 97-101; «Soberanía política e independencia económica» (20-3--960), Obras (1957-1967), Casa de las Américas, La Habana, 1970, pp. 49-69; «La industrialización de Cuba» (30-4-1961); Universidad Popular, 2 t., La Habana, INC, 1961, n. 7, primera parte, pp- 15-65; "Cuba su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual.» Obras (1957-1967), ed. cit., t. II, pp. 351.366; y otros.

(2) Véase Ernesto Che Guevara: «Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana» (8-10-1960), Obras (1957-1967), ed. cit., t. 11, pp. 92­101; «Proyecciones sociales del Ejército Rebelde» (29-1-1959), ob. cit., t. II, pp. 11.22, «Pasajes de la guerra revolucionaria», ob. cit., t. l., pp. 189-434 (por ejemplo: (Jornadas de marcha», pp. 253-257.) Ejemplo entre muchas de las ideas de Fidel es su nota a Celia Sánchez, en plena guerra en la Sierra, durante la gran ofensiva de la dictadura: «Celia: al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero. Fidel.»)

(3) Sólo aludo a Fidel Castro en este texto cuando es indispensable porque se trata de un estudio, y con objetivos limitados, del pensamiento del Che. Quiero destacar, sin embargo, que no hay diferencias en el pensamiento de ambos en ninguna cuestión esencial. Che reconoció siempre a Fidel como su guía y su maestro (ver, por ejemplo, su famosa carta de despedida a Fidel Castro); fue tan grande la relación de compañeros y amigos que tuvieron, que puede presumírseles un intenso intercambio de criterios e ideas. Por otra parte, estimo que nadie como Fidel ha desarrollado en América los temas de la transición socialista, y que su importancia como pensador marxista leninista será cada vez más reconocida y aprovechada. Es obvio, por último, lo específico del papel de Fidel, y los vehículos que ha debido utilizar para desempeñarse como líder máximo de la Revolución cubana y dirigente revolucionario internacional.

(4) «Y calculen ustedes lo que es una Revolución en los primeros tiempos: una colmena luchando, trabajando, pero de hombres que, llenos de buenas intenciones, carecen de experiencia, carecen de conocimientos, carecen de preparación. Y, de repente, sobre los hombros de esos hombres cae la tarea de impulsarlo todo, de administrarlo todo.» (Fidel Castro: «Clausura del XII Congreso de la CTC, (29-8-1966)», Cuba Socialista, (62): oct. 1966, p. M.)

(5) «...neocolonialismo es el concepto que expresa la supeditación más o menos completa de un país que posee entidad estatal formalmente independiente, a otro Estado capitalista (o más de uno) que expresa y representa a fuerzas económicas muy superiores a las del Estado neocolonizado, fuerzas económicas que constituyen el vehículo fundamental de la generalización y permanencia de aquella supeditación, aunque estén asistidas por fuerzas políticas, ideológicas e incluso militar». (Fernando Martínez: «Neocolonialismo e imperialismo. Las relaciones neocolonialistas de Europa en África.» Economía y desarrollo (58): La Habana, jul./ago. 1980, p. 151; reproducido en Tricontinental (74) y (75): La Habana, 1981.) En este trabajo expongo las dos condicionantes fundamentales del neocolonialismo, y otros criterios acerca de este tema.

(6) La interpretación soviética actual de esa etapa puede encontrarse en: Mijail S. Gorbachov: "Informe al Pleno Solemne del CC del PCUS por el Aniversario 70 de la Revolución Socialista de Octubre" también en su libro La perestroika, Editora Política, La Habana, 1988, pp. 46‑47.

(7) La lucha por la paz y el desarme como tarea primordial, la emulación entre los dos sistemas sociales opuestos, la evitación de la guerra nuclear, la apreciación del contenido de la época actual como de transición del capitalisrno al socialismo; la contradicción entre las fuerzas del capitalismo y las del socialismo como la principal de nuestro tiempo; la necesidad de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias para la lucha antimperialista; el principio de la coexistencia pacífica de los Estados con diferente régimen social como una línea general de la política exterior de los países socialistas; el uso tanto del camino pacífico como del no pacífico en la lucha por la liquidación del capitalismo, el rechazo al fraccionalismo y el sectarismo, el apoyo decidido al movimiento de liberación nacional. el comienzo de una nueva etapa en la crisis general del capitalismo, están entre los más importantes planteamientos de esas Declaraciones (el texto completo puede leerse en Declaraciones. Conferencias de los partidos comunistas y obreros, Editora Política, La Habana, 1984, pp. 7-74.)

(8) «Los revolucionarios no pueden prever de antemano todas las variantes tácticas que pueden presentarse en el curso de la lucha por su programa liberador. La real capacidad de un revolucionario se mide por el saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación, en tener presente todas las tácticas y en explotarlas al máximo.» (Ernesto Che Guevara: «Cuba: ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?» Obras (1957‑1967), ed. cit., t. II, pp. 413-414.)

(9) Cuando el Che está ya luchando en el Congo, Fidel lo repetirá en el acto en que leyó su famosa carta de despedida: «Vivimos en un mundo complejo y un mundo peligroso. Los riesgos de ese mundo los correremos dignamente y serenamente. ¡Nuestra suerte será la suerte de los demás pueblos, y nuestra suerte será la suerte del mundo!» (En el acto de presentación del CC del PCC (3.10-1965). Cuba Socialista, (51): noviembre de 1965, p. 82.)

(10) Emocionado al recibir un diploma de trabajador de vanguardia que le entregan sorpresivamente en una asamblea del Ministerio de Industrias (14-3-1964) el Che dice: « ... en nuestra corta vida de revolucionario... nuestra tarea única ha sido destinada ul beneficio de nuestra clase obrera y, también siguiendo al compañero Fidel, siempre hemos mirado más lejos y hemos tratado de que nuestro ejemplo se convierta en algo avasallador que permitiera la liberación de todos los pueblos oprimidos de América y también del mundo ... »(Ernesto Che Guevara. El Che en la Revolución cubana, ed. cit., t. V, p. 65.)