Canarias, y el coste de la españolidad

RAMON MORENO

Quiero dejar bien sentado, como premisa importante, que no soy, en absoluto, ni racista ni xenófobo -y si hace falta, lo firmo ante notario-; pero si defiendo a ultranza, y sin el menor rubor, que "la caridad empieza por uno mismo". Por eso quiero abordar hoy la grave situación que padece Canarias en este sentido (que muchos se callan aunque les toca directamente), y que es el origen de todos los males que aquejan a nuestra tierra, o de la mayoría de ellos, y que tanto y tan gravemente condicionan nuestro futuro.

Siempre se nos ha inculcado, en una especie de lavado de cerebro, y ¡hasta nos lo hemos creído! -forma parte de la estrategia colonialista de España, con la complicidad de los traidores de turno-, que los canarios tenemos un enorme coste con esto de la insularidad: un territorio fragmentado, a 2.000 km. de la Península y que si no hubiera sido por España que nos culturizó y evangelizó (en un proceso de cruenta conquista, por la fuerza de las armas, ¡no lo olvidemos!), aún estaríamos en la edad de piedra; y si no fuera por los españoles, poco menos que nos moriríamos de hambre...

¡Nada más lejos de la realidad! Si algún coste real tiene Canarias, ese es, precisamente, el coste de la españolidad, o el coste de la peninsularidad, por emplear el mismo eufemismo utilizado desde siglos, para evitar que desde las colonias se dijera y se diga España.

¡Ese, el coste de la españolidad, es el verdadero peaje que todos los canarios estamos pagando tan caro! ¡Todo lo demás, se diga lo que se diga, son cuentos chinos! ¡Auténticas falacias, cuyo objetivo es mantener sine die el actual statu quo, al precio que sea!

Los problemas de la insularidad, lógicos, por otra parte, son inherentes a nuestra condición de Archipiélago, conjunto de Islas y, por tanto, territorio discontinuo que España ha ido separando cada vez más, impidiendo nuestra cohesión territorial, y fomentando el canallesco pleito insular en una clara y deleznable política de "divide y vencerás".

En el plano político, y en la construcción artificiosa del Estado español de las Autonomías, -en la etapa de UCD-senos metió de cabeza por el Art. 143 de la Constitución española, ante el temor al resultado del referéndum que implicaba la vía del Art. 151 por el que accedieron los llamados territorios históricos.

Con la plena integración de España en la CEE, el Gobierno del PSOE -con el beneplácito de sus correligionarios en las Islas y el lobby agrícola-, se nos obligó a abandonar el Protocolo II para forzar nuestra entrada, como el resto del Estado en Europa, con los resultados ya conocidos por todos.

Previamente se había diseñado una política europea para los territorios insulares extra comunitarios con innegable vocación europeísta, plasmada en la Resolución 110 y 1979, donde es patente el principio de soberanía política en detrimento del criterio de localización geográfica consagrado en el Derecho contemporáneo.

De esta forma, somos considerados territorio RUP de la Unión Europea, cuyo caramelo envenenado, los Fondos comunitarios, nos han convertido en una pedigüeña y dependiente economía subvencionada: en un mercado cautivo, consumidor de excedentes de los Países de la UE y en el balneario geriátrico de los jubilados europeos, entre otras rémoras.

Ello ha implicado, entre otros problemas, que Canarias tenga menos ventajas que los Países ACP a la hora de exportar al mercado comunitario nuestra producción horto-frutícola (plátanos y tomates) y que Países Terceros, como el Reino de Marruecos -que tiene un Tratado Preferencial con la UE-, envíe, sin problemas, sus productos agrícolas; a cambio, y eso no se dice, de que Francia le coloque sus excedentes de cereales. ¿Es Marruecos, como se insiste para desviar la atención, el culpable de que Canarias, supuesto territorio europeo, tenga problemas con la PAC? ¿0 el verdadero culpable no es el Gobierno español de turno, que nos engañó diciendo que una vez dentro de la Europa Comunitaria, no tendríamos más problemas de cupos, contingentes y precios de referencia? ¡Pero lo fácil es culpar a Marruecos de nuestros males, mientras las empresas españolas hacen sus grandes negocios allí!

En el orden económico, la realidad es más sangrante aún. Aparte del continuo drenaje de recursos de Bancos, Cajas, Aseguradoras, multinacionales de la Alimentación y Distribución, Grandes Almacenes y tourt operator, que actúan en Canarias, desviando hacia la metrópoli y otros destinos los enormes beneficios obtenidos aquí -lo que supone un auténtico expolio-; el aparato productivo está en manos foráneas, y nuestra industria (no interesa su desarrollo), está constreñida al mercado interior, encorsetada y sin posibilidad de acceder a los mercados exteriores, dada su nula competitividad.

¿Se puede entender, por ejemplo, que nuestras magníficas cervezas -Dorada, Tropical y Reina- no puedan exportarse a la Península, y ¡no digamos al resto de Europa!, y sin embargo entren en nuestro Archipiélago por un tubo, cervezas españolas y europeas -todas-, e inclusive, de Países extra Comunitarios como la Foster australiana? ¡Todo esto que es, el coste de la insularidad, o el nefasto, pernicioso y colonialista coste de la españolidad?

Pero el más grave problema que estamos padeciendo los canarios es el constante aluvión de peninsulares, europeos de la UE y del Este, sudamericanos, magrebíes, subsaharianos, chinos, coreanos, hindúes, gitanos y un largo etcétera (y ahí están los últimos datos del Istac) que hace que los canarios estemos soportando los estragos de toda esta población foránea, y que nos ha colocado en el ranking de los territorios con mayor densidad demográfica del Planeta.

¿No es esta, la crónica de la muerte anunciada del pueblo canario como tal?

¡Es evidente, que los canarios estamos asistiendo, ante la más inicua pasividad, a un verdadero holocausto de nuestra cultura y señas de identidad!