Programas electorales
JUAN JESUS AYALA
Se les puede hacer la pregunta a todos los que, de una manera u otra, han detentado poder y han tenido la capacidad para gestionar, mal o bien, los asuntos públicos cuando nos llegan con la matraquilla de las elecciones: żahora me viene usted con esas? żNo ha tenido tiempo ni oportunidad para llevar a cabo todo lo que ahora nos propone? Porque, además, se sabe que lo que se pregona como promesas electorales pocas veces se cumple o cuando no, se marcan unos plazos tan amplios que se difuminan en las tinieblas de una historia mal contada.
En el escenario político aparecen empavonados los grandes partidos nacionales PSOE y PP, donde las diferencias programáticas, a pesar de tanta parafernalia, son mínimas. Unos preconizan un determinado modelo de estado pero sin entrar en las entrañas del mismo, dejando prácticamente las cosas como están.
Dicen unos y otros que habrá que reformar el Senado para que funcione como una verdadera cámara territorial, pero nadie explica hasta dónde deben llegar estas reformas y cómo se van a desarrollar. Es como un pronunciamiento que les pide la farándula electorera y que, en definitiva, se cruzan en el mismo camino.
Tanto el PSOE como el PP hacen y han hecho idéntica política, que ha venido definida por el ribete del neoliberalismo. Se nos intenta meter por todos lados las bajadas que van a hacer del IRPF, en donde unos mantienen que los tramos se bajarán no se cuántos puntos y los otros, otros tantos, pero en definitiva es poco más o menos lo mismo. Han estado gobernando unos y otros unos cuantos años y si no lo han hecho ża qué nos vienen ahora con ese cuento? Es que encima llegan a creerse que el personal se chupa el dedo o que están instalados en el estado de Babia.
Y luego están organizaciones políticas que han confabulado con ellos, sobre todo con el PP, que han servido de soporte y de colchón para que otros no luzcan dándole juego, y cancha a los pseudonacionalismos por parte de un gobierno con tintes de cierto totalitarismo que vela por la unidad de España más aún que el mismo Francisco Franco en sus mejores tiempos.
Nos llegan con la cantinela de que son pregoneros de no se sabe qué en Madrid, que han conseguido un sinfín de cosas para no se sabe quien y que hay, por lo tanto, que apoyarlos una vez más, porque nunca se ha vivido en las Islas tan bien como ahora, como en esa década de nacionalismo que dicen profesar.
Y claro que sí, y en parte se le debe a Europa, a los Fondos de Cohesión, a no sequé regiones Objetivo 1 y a no se sabe qué conceptualización confusa de regiones ultraperiféricas. Todo eso y más se debe a que le especulación haya hecho su agosto, se haya depredado el territorio y desde una desplanificación insostenible, la riqueza se haya polarizado hacia unos pocos.
Todos, en definitiva, volverán a salir con las ínfulas que da el impulso de sentirse ganadores y bajo el influjo de la fuerza que da de sí el sentirse apoyado por los soportadores económicos y capitalistas de las campañas electorales. Todos intentarán de nuevo confundir al que va a votar con promesas que ya deberían haberse convertido en realidades, porque tiempo han tenido y de sobra para ello.
Sin embargo, debería suceder que la marcha de lo establecido derivara hacia una mejor conciencia para saber quien es quien en política y que es lo que se ha hecho desde el convencimiento de una ideología que dicen desarrollan. O, por el contrario, si se seguirá con la perplejidad instalada en el ánimo de cada uno que pueda seguir pensando que la propaganda electoral es el calco de la realidad, que es el espejo donde se mirará la sociedad el día después.
Y se sabe que detrás de la propaganda está el ansia de poder, el seguir haciendo malabarismos entre la incoherencia y la deslealtad. Pero, de suceder, no habrá que buscar culpables muy lejos sino en aquellos, muy cerquita de nosotros que continúan sometidos a la indiferencia y a las modorras de años.